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La repatriación a Ruanda desde Tanzania La situación en los campamentos de refugiados
ruandeses en Tanzania siempre había sido menos tensa que en los
campamentos del Zaire. El control que ejercía el régimen
anterior sobre la población de refugiados era más débil,
los antiguos soldados de las FAR no tenían la misma presencia
militar, y la actitud de las autoridades tanzanas era mucho más
resuelta y transparente que la del gobierno zaireño. Pese a que
el 12 de abril de 1995, Ruanda, Tanzania y el ACNUR habían firmado
un Acuerdo Tripartito sobre Repatriación Voluntaria, los repatriados
habían sido muy pocos: 6.427 personas en 1995 y 3.445 en 1996,
de una población de alrededor de 480.000 refugiados en los campamentos.
La presencia de este enorme número de refugiados
en la región occidental de Tanzania había provocado diversos
problemas, como deforestación, robos y actos esporádicos
de violencia. Así pues, las autoridades de Tanzania consideraron
la repatriación forzada y masiva que se produjo en el Zaire en
noviembre de 1996 una clara señal. El presidente Benjamin Mkapa
declaró: «La repatriación de los refugiados es ahora
mucho más viable».21
Al día siguiente, el coronel Magere, secretario permanente del
Ministerio del Interior, se entrevistó con el Representante del
ACNUR y le dijo: «Tras el regreso masivo desde la región
oriental del Zaire y los acontecimientos que se han producido, los refugiados
ruandeses en Tanzania ya no tienen ninguna razón legítima
para continuar negándose a regresar a Ruanda».22
Sin embargo, el 12 de diciembre, en lugar de decidir el regreso, los líderes de los refugiados resolvieron trasladar a éstos hacia el este, al interior de Tanzania. El gobierno de este país tomó medidas inmediatamente para impedir este traslado y desplegó tropas para reconducir a los refugiados al otro lado de la frontera, hacia Ruanda. La repatriación forzada desde Tanzania fue muy distinta de los hechos violentos que se habían producido en el Zaire, donde miles de personas habían muerto y donde los refugiados habían tenido que huir hacia una zona de guerra abierta. Pero suscitó una gran polémica. Aunque el ACNUR nunca había respaldado ninguna propuesta de devolver a los refugiados por la fuerza, la organización recibió fuertes críticas de Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otras organizaciones de derechos humanos por su papel en esta operación de repatriación, sobre todo por la declaración conjunta en la que se pidió a todos los refugiados que volvieran en menos de un mes.25 La
búsqueda de los refugiados perdidos en el Zaire En el Zaire, la AFDL y sus aliados ruandeses había lanzado una campaña militar que finalmente los llevó a recorrer todo el país hasta llegar Kinshasa, donde entraron el 17 de mayo de 1997, derrocaron al presidente Mobutu y tomaron el poder. Mientras, en los bosques del Zaire, se desplazaba un número desconocido de refugiados hutus ruandeses en circunstancias desesperadas. Estalló una guerra de cifras. En noviembre de 1996, un recuento aproximado realizado en el punto de repatriación situado entre Goma y Gisenyi indicaba que un total de 380.000 refugiados había cruzado la frontera durante el movimiento inicial masivo que siguió a la caída de Mugunga.26 Se calculaba que los retornos realizados a través de Cyangugu y los rezagados llegados por Gisenyi en los siguientes días sumaban al menos otros 100.000, lo que elevaba la cifra a alrededor de 500.000. Pero sólo se podía hacer un cálculo aproximado. El personal del ACNUR acordó con el gobierno ruandés utilizar la cifra de 600.000 repatriados, aunque creía que probablemente era demasiado elevada. Las autoridades de Kigali, respaldadas por algunos gobiernos occidentales, insistieron entonces en que las cifras del ACNUR de habitantes de los campamentos del Zaire (cerca de 1,1 millones de refugiados) habían sido muy exageradas. Y declararon, con el apoyo de la AFDL, que la mayoría de los refugiados había regresado y no quedaban en el Zaire más que unos pocos elementos armados con razones para ocultarse en los bosques. Por el contrario, el ACNUR y otras organizaciones humanitarias afirmaban que quedaban por regresar cientos de miles de refugiados. Las cifras de refugiados se convirtieron en una cuestión política objeto de encendidos debates internacionales. El Consejo de Seguridad había aprobado por fin, en la Resolución 1080 de 15 de noviembre de 1996, el despliegue de una fuerza multinacional, pero esto presuponía que seguía habiendo un número importante de refugiados en el Zaire. Algunos gobiernos no respaldaron el despliegue porque expondría a sus soldados a riesgos indudables. La AFDL, con el apoyo de Ruanda, rechazó de plano la idea de una fuerza multinacional, temiendo que bloqueara su avance hacia el oeste, hacia Kinshasa, y declaró que no necesitaba ayuda para repatriar a los «escasos» refugiados que quedaban. El 21 de noviembre de 1996, un portavoz de la ONU en Nueva York anunció, remiténdose a datos del ACNUR, que había «aún 746.000 refugiados en el Zaire y el problema no está resuelto». El gobierno de Ruanda emitió un comunicado ese mismo día en el que declaraba que «el número de refugiados ruandeses facilitado por organizaciones internacionales es totalmente incorrecto y engañoso» y que la gente que caminaba hacia el oeste «podrían ser zaireños o burundeses». El embajador de los EE UU en Ruanda afirmó que «sólo quedaban decenas o veintenas de miles de refugiados en el Zaire, y no la enorme cifra proporcionada», mientras que el diario francés Le Monde escribía, en su edición del 23 de noviembre, que seguían siendo 800.000.27 El teniente general Maurice Baril, que había
sido nombrado jefe de la fuerza multinacional en la región oriental
del Zaire a mediados de noviembre, declaró el 21 de noviembre
de 1996: «La situación no está clara, y los cálculos
sobre el número de refugiados varían entre 100.000 y 500.000
[...] Será necesario informarse mejor de las condiciones en el
terreno para estudiar las posibles opciones militares».28
En Goma y Bukavu, y más tarde en Uvira, el ACNUR hacía
ingentes esfuerzos para localizar a los refugiados dispersos, crear
sistemas de información y puntos de recogida de datos, y llevar
de regreso a Ruanda a los que querían retornar, que eran casi
todos. El ACNUR facilitaba información de forma regular a los
encargados de la planificación de la fuerza multinacional, pero
la atención internacional había disminuido de nuevo. A
finales de ese año, se retiró la fuerza multinacional
en estado embrionario establecida en Uganda. Una vez más, como
ya había ocurrido en los campamentos de Kivu, las organizaciones
humanitarias tuvieron que actuar sin mucho apoyo internacional. La operación de búsqueda y rescate del ACNUR Desde el principio, y pese a las declaraciones en sentido contrario de la AFDL y del gobierno de Ruanda, era evidente que muchos de los refugiados expulsados de los campamentos del Zaire estaban abandonados a su suerte en las zonas remotas que se extendían al oeste de Goma y de Bukavu, en el interior del Zaire. Que daban aún en este país cientos de miles de ruandeses. La mayoría huyó hacia el oeste, protegidos y obligados al mismo tiempo por los restos de las antiguas FAR. Algunos grupos se detuvieron en zonas remotas y permanecieron ocultos. Otros crearon plazas fuertes de resistencia en lugares como Masisi. Cuando el avance de la ADFL y de sus aliados hacia Kinshasa se convirtió en una ruta, los ruandeses en fuga se convirtieron en el blanco principal de los rebeldes, pues al estar disueltas las FAZ, la única resistencia eficaz era la que ofrecían los antiguos miembros de las FAR. dejaban atrás —sus primeros captores, los génocidaires, y sus posteriores guardianes, los rebeldes— como por lo que les esperaba en Ruanda. El ACNUR no recibió autorización para acceder a los refugiados hasta que terminaron los combates.Un momento decisivo de la guerra fue la caída del campamento hutu ruandés militarizado de Tingi-Tingi, en marzo de 1997. Para los rebeldes, esto les abrió la ruta hacia Kisangani, la ciudad zaireña más importante entre las provincias de Kivu y Kinshasa. Los hechos que acontecieron en Kisangani en 1997 son un ejemplo de la relación entre la guerra y la operación de búsqueda y rescate. En abril, el ACNUR llegó hasta una gran bolsa de alrededor de 80.000 refugiados fugitivos antes de que los alcanzaran las fuerzas de la AFDL en su avance. El ACNUR los ayudó a establecerse en dos campamentos situados al sur de Kisangani. Cuando los rebeldes tomaron el control de la zona, justo cuando iba a comenzar un puente aéreo del ACNUR para repatriar a los refugiados a Ruanda, negaron a la organización el acceso a los refugiados, atacaron los campamentos y mataron a todos los hombres sospechosos de pertenecer a la oposición armada. En el curso de los acontecimientos, deliberadamente o no, mataron a muchos refugiados. La ubicación de las fosas comunes se mantuvo fuera de los límites de actuación de las organizaciones humanitarias. A los ruandeses a los que consiguió llegar, el ACNUR sólo pudo ofrecerles un retorno a una situación incierta y peligrosa en Ruanda. Permanecer en el Zaire suponía una muerte casi segura. En estas circunstancias, no se podía ofrecer a los refugiados ninguna otra opción. Ante este dilema, el ACNUR contempló la posibilidad de retirarse, pero se impuso la obligación de salvar vidas. La operación de rescate continuó hasta septiembre de 1997. El ACNUR gestionó el transporte en camiones o en avión de estos refugiados a Ruanda. Finalmente, fueron rescatados de esta forma más de 260.000 ruandeses, y alrededor de 60.000 regresaron a Ruanda en un puente aéreo del ACNUR. Éste organizó posteriormente una gran operación de reinserción en Ruanda para asistir a los cientos de miles de retornados.
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