Los movimientos de personas en todo el
continente europeo, que había quedado devastado por la guerra,
fueron los que más preocupación suscitaron a las potencias
aliadas, que mucho antes de que finalizase la guerra reconocieron que
la liberación de Europa conllevaría la necesidad de abordar
este trastorno masivo. Por tanto, en 1943 se creó la Administración
de las Naciones Unidas de Socorro y Reconstrucción (United Nations
Relief and Rehabilitation Administration, UNRRA), que en 1947 fue sustituida
por la Organización Internacional de Refugiados. El presente capítulo
expone la labor de estas organizaciones, que fueron las antecesoras directas
del ACNUR, así como los procesos que desembocaron en la creación,
en 1950, del ACNUR, y en la adopción por la ONU, en 1951, de la
Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, piedra angular
de la protección internacional de los refugiados desde entonces.
Por último, se analizará la respuesta del ACNUR a su primer
reto de envergadura: la huída de 200.000 personas de Hungría,
a causa de la represión desatada por las fuerzas soviéticas
tras el levantamiento de 1956. La Administración de las Naciones Unidas de Socorro y Reconstrucción
millones de personas.3
Sin embargo, como señaló un historiador, se vio constantemente
frustrada debido a su subordinación a las fuerzas aliadas:
La UNRRA vio cómo se agotaba su prestigio y se le despojaba de su capacidad para actuar de forma independiente [...]. En el vacío que abrió prematuramente la manifiesta falta de preparación de la UNRRA para realizar una ingente tarea, los militares se hicieron cargo de una parte sustancial de la actividad relativa a los refugiados. Pero los soldados parecían igual de mal preparados para tratar a los desplazados, especialmente a aquéllos que no podían o no querían ser repatriados, cuyo número aumentaba sin cesar. Ásperos e impacientes con sus cometidos, los administradores militares consideraban a menudo a los refugiados un escollo que había que salvar.4 La operación de repatriación fue haciéndose cada vez más polémica, especialmente a medida que fue aumentando la oposición a la repatriación. Entre las personas repatriadas con rapidez durante este período hubo alrededor de dos millones de ciudadanos soviéticos, muchos de los cuales, especialmente los ucranianos y los procedentes de los Estados bálticos, no querían retornar. Buena parte de estas personas terminaron en los campos de trabajo de Stalin. Los europeos del Este fueron repatriados con menos celeridad. Pese a que muchos de ellos tampoco querían regresar a países que ahora estaban bajo el régimen comunista, fueron devueltos sin prestar mucha atención a sus deseos. Aunque los países occidentales no se dieron cuenta inicialmente de lo que les estaba ocurriendo a muchos de los que fueron devueltos forzosamente, el gobierno de los Estados Unidos en concreto fue mostrando una actitud cada vez más crítica hacia estas devoluciones. En 1946 surgió un enconado debate sobre si la UNRRA debía o no proporcionar asistencia a las personas que no querían ser repatriadas. Los países del bloque oriental afirmaban que sólo se debía prestar ayuda a los desplazados que retornaban a sus hogares. Los países del bloque occidental insistían en que cada persona debía tener libertad para decidir si quería regresar o no, y que esta elección no debía afectar negativamente a su derecho a recibir asistencia. Por su parte, el gobierno de los Estados Unidos denunció las políticas de repatriación de la UNRRA y sus programas de reconstrucción en los países del bloque oriental, afirmando que sólo servían para reforzar el control político soviético sobre Europa oriental.5 La reticencia que mostraban los refugiados a retornar a sus países de origen siguió siendo un problema importante que dominaría los años de la posguerra. Dentro de las propias Naciones Unidas, el tema de la repatriación se convirtió en una cuestión política de envergadura y fue uno de los asuntos más polémicos que se debatieron en el Consejo de Seguridad de la organización durante sus primeros años de existencia. El debate afectaba al centro de los conflictos ideológicos fundamentales que dividían Este y Oeste en aquella época, que giraba en torno a la cuestión de si las personas debían o no tener derecho a elegir su país de residencia, a huir de la opresión y a expresar sus opiniones. Finalmente, el gobierno de los Estados
Unidos, que aportaba el 70 por ciento de los fondos de la UNRRA y ejercía
en gran parte el liderazgo de la organización, se negó a
ampliar el mandato de ésta a partir de 1947 y a darle más
apoyo económico y, con la firme oposición de los países
del bloque oriental, presionó con fuerza para que se crease una
nueva organización para los refugiados con una orientación
diferente. |
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