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La evolución de la dinámica del desplazamiento
Las más de las veces, estos conflictos tuvieron
lugar dentro de fronteras nacionales, no a través de ellas. En
muchos casos, se complicaron debido a la intervención de personas
de etnicidad o religión semejantes en otros países, incluidos
los refugiados y las diásporas políticamente activas.
Puesto que estos conflictos no guardaban ya relación con una
lucha geopolítica de carácter épico, muchas de
las personas que se vieron impulsadas a huir de sus hogares por la violencia
y la persecución fueron marginadas por Estados poderosos que
no consideraban ya que estuvieran en juego sus intereses nacionales
fundamentales. El papel y las responsabilidades del ACNUR a la hora
de responder a tales crisis se desarrollaron de forma considerable en
la década de 1990, y sin duda continuarán haciéndolo
mientras la organización intenta responder a los desafíos
del siglo XXI. Las trascendentales consecuencias políticas del fin de la Guerra Fría acentuaron las repercusiones de otra transformación que tomó forma en el siglo XX y que tendrá su continuidad en el siglo XXI. Este complejo conjunto de cambios tecnológicos, institucionales, organizativos, culturales y sociales se agrupan bajo el epígrafe de «globalización». Las manifestaciones económicas de la globalización son el enorme incremento de la velocidad y la disminución del coste de las transacciones —en particular las relacionadas con el dinero y la información—, y en consecuencia un gran aumento del volumen y el valor de toda clase de intercambios. Las manifestaciones culturales y sociales son la explosión de las comunicaciones baratas e instantáneas y cierta convergencia de los valores y las expectativas que abriga la gente en todo el mundo. La difusión de las aspiraciones democráticas y de las películas de animación de Disney son en igual medida productos de la globalización. El proceso de globalización pone en entredicho la inviolabilidad de las fronteras nacionales, y este hecho repercute en la protección de los refugiados. La estructura actual de la protección de los refugiados se concibió en y para un sistema «estadocéntrico». De acuerdo con la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, aprobada por las Naciones Unidas en 1951, un refugiado es una persona que no puede acogerse a la protección de su propio Estado y que ha cruzado una frontera internacional que marca los límites del territorio soberano de ese Estado. Es obligado preguntarse por la significación de conceptos como soberanía y fronteras nacionales cuando los Estados pierden gran parte de su capacidad para controlar quién cruza sus fronteras y qué sucede dentro de ellas. Las mercancías y los capitales circulan con más facilidad que nunca, y hombres y mujeres de negocios, turistas y estudiantes cruzan constantemente unas fronteras que cada día resultan más invisibles. En cambio, los gobiernos se mantienen firmes en su actitud de controlar los movimientos no deseados de personas. Las rigurosas medidas adoptadas para impedir la entrada de personas no autorizadas impiden en muchos casos que las personas que necesitan protección lleguen a un país en el que puedan encontrar seguridad. La globalización tiene muchas otras consecuencias, tanto positivas como negativas. Aunque prácticamente todas las regiones del mundo se han visto afectadas por la globalización, sus repercusiones ha sido sumamente desiguales. Los rápidos cambios relacionados con la expansión de la economía de mercado global han exacerbado la injusticia existente entre los Estados más ricos y los más pobres. Este hecho tiene repercusiones para la migración mundial. Asimismo, ha propiciado el aumento de la marginación de determinados grupos en los Estados industrializados, la intensificación de las actitudes contrarias a los inmigrantes y una creciente hostilidad hacia los solicitantes de asilo. Entre las organizaciones que mejor han sabido adaptarse a la globalización y que más provecho han sacado de las posibilidades que ofrece se encuentran las organizaciones de carácter mafioso organizadas. El anonimato de las transacciones financieras electrónicas, la atenuación de la regulación y el enorme incremento del volumen del comercio y de los viajes facilitan la actividad delictiva transnacional. Sus ingresos, tanto si proceden del tráfico de cocaína en América como del tráfico de diamantes en el África occidental, alimentan conflictos que producen millones de refugiados y de desplazados internos. Estas complejas redes también se han dado cuenta sin demora de los beneficios potenciales que ofrecen el tráfico de seres humanos y el contrabando de migrantes, y han creado una «empresa de servicios» de ámbito mundial para trasladar personas a países donde no están autorizadas a entrar. Un informe encargado por el ACNUR y hecho público en julio del año 2000 indica que los mismos éxitos cosechados por las medidas que tratan de impedir la inmigración no autorizada a Europa —como las estrictas políticas de visados, las sanciones contra los transportistas, los tratados de readmisión y otras semejantes— empujan en manos de los traficantes de seres humanos a los refugiados desesperados por escapar de la persecución.1 |
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