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La primera prueba importante que tuvo que superar el ACNUR fue el éxodo de refugiados procedentes de Hungría producido tras la represión de la Unión Soviética del levantamiento de 1956. Muchos de estos refugiados siguieron la misma ruta a Austria que habían tomado los húngaros que huyeron del Ejército Rojo en 1944 y 1945. Aunque la inmensa mayoría de los refugiados —alrededor de 180.000— huyó a Austria, alrededor de 20.000 escaparon a la Yugoslavia socialista, que había roto sus relaciones con la Unión Soviética en 1948. Este éxodo proporcionó al ACNUR su primera experiencia de trabajo con el Comité Internacional de la Cruz Roja (en Hungría) y con la Liga de Sociedades de la Cruz Roja (en Austria). Durante 1956 y 1957, el ACNUR llevó a cabo una operación de ayuda de emergencia de gran envergadura, en la que atendió a los refugiados húngaros en Austria y Yugoslavia, y ayudó a su reasentamiento en 35 países de todo el mundo, así como a la repatriación voluntaria de algunos a Hungría. La crisis fue tratada por Auguste Lindt, que había sustituido a van Heuven Goedhart como Alto Comisionado el 10 de diciembre de 1956. Esta operación supuso el comienzo de la transformación del ACNUR, que pasó a ser un pequeño órgano de la ONU que se ocupaba de un pequeño número residual de casos de refugiados de la Segunda Guerra Mundial a ser una organización mucho más grande con responsabilidades más amplias. El ACNUR saldría de la crisis, que se convirtió en uno de los hitos importantes de la Guerra Fría, muy reforzado y con un prestigio internacional considerablemente mayor. La crisis húngara tiene sus raíces en el deshielo que se produjo en Europa oriental y en la Unión Soviética tras la muerte de Stalin en marzo de 1953. El régimen comunista que había tomado el poder en Hungría entre 1947 y 1948 había sido dirigido por uno de los seguidores más próximos de Stalin en Europa oriental.
En Hungría, en cambio, el intento de reforma
tuvo un resultado trágico. Al principio, el régimen pareció
reconocer la necesidad de la reforma. Respaldó concesiones al
campesinado y una relajación del terror, al mismo tiempo que
nombró con reticencias primer ministro a Imre Nagy, un crítico
de la colectivización y de la industrialización forzosa.
No obstante, las manifestaciones populares de octubre de 1956 revelaron
una desaprobación generalizada del propio régimen y el
odio a su policía secreta. El movimiento culminó en una
rebelión total el 23 de octubre, fecha en que alrededor de 300.000
personas salieron a las calles a protestar y se enfrentaron a las tropas
húngaras y soviéticas. En respuesta a las peticiones populares,
Nagy formó el 27 de octubre un gobierno de coalición que
excluyó a los comunistas de la línea dura, y prometió
la celebración de elecciones libres. El 1 de noviembre hizo la
fatídica propuesta de retirar a Hungría del Pacto de Varsovia
y declarar la neutralidad del país. Ya habían comenzado a llegar refugiados a Austria antes incluso de la represión del levantamiento. El 5 de noviembre, esta afluencia fue lo bastante seria como para que el gobierno austriaco pidiera ayuda al ACNUR. Pronto llegaron ofrecimientos de asilo permanente o temporal desde Canadá, Chile, Francia, Dinamarca, Noruega, Suecia y el Reino Unido. El 8 de noviembre, el presidente Dwight D. Eisenhower anunció que los Estados Unidos estaban dispuestos a acoger inmediatamente a 5.000 refugiados. La cifra se elevó posteriormente a 6.000 y, en diciembre, el gobierno estadounidense anunció que podían tramitarse en Austria las solicitudes de entrada en los Estados Unidos de otros 16.500 húngaros.16 Finalmente, cerca de 200.000 refugiados húngaros huyeron de su país. A finales de noviembre, se había registrado la entrada en Austria de 115.851. Hombres, mujeres y niños huían, asustados y desesperados, arrastrando tras de sí maletas y carretillas. Siguieron la misma carretera hacia la ciudad fronteriza de Hegyeshalom que habían recorrido 12 años antes decenas de miles de judíos húngaros deportados por los nazis. Un refugiado explicó: «Lo hemos dejado todo atrás, como habría hecho usted si se hubiera quemado su casa».17 Entre diciembre de 1956 y enero de 1957, llegaron a Austria otros 56.800. Después, la afluencia de refugiados húngaros a este país disminuyó de forma drástica, principalmente como consecuencia de la imposición por el régimen que instalaron los soviéticos en Budapest bajo la dirección de János Kádár de controles más estrictos en la frontera. Ante esta afluencia, el gobierno austriaco pidió con carácter urgente al ACNUR ayuda económica y el reasentamiento del mayor número posible de refugiados en terceros países. Austria se estaba recuperando aún de las penalidades de la Segunda Guerra Mundial, en cuyas últimas fases había sido escenario de enconados combates entre los nazis y las fuerzas soviéticas que avanzaban. La ocupación aliada de Austria, que al igual que Alemania había sido dividida en cuatro zonas, había finalizado formalmente en mayo de 1955. Las fuerzas ocupantes se habían marchado hacía cuatro meses y, a principios de 1956, las autoridades húngaras habían retirado muchas de las barreras de alambre de espino situadas entre ambos países. Por tanto, Austria acababa de recuperar su soberanía y durante la crisis puso de relieve su posición neutral entre los dos bloques de la Guerra Fría. La operación de ayuda de emergencia destinada a los refugiados fue dirigida por la Cruz Roja, que trabajó en estrecha colaboración con el ACNUR en la que fue la primera de las numerosas operaciones de emergencia en que ambas organizaciones trabajarían codo con codo sobre el terreno. La intervención del ACNUR se basó en la resolución 1006 de la Asamblea General de la ONU, de 9 de noviembre de 1956. En diciembre, pocos días después de ser elegido Alto Comisionado, Auguste Lindt se desplazó hasta la capital austriaca, Viena, para evaluar por sí mismo las necesidades urgentes de los refugiados húngaros que estaban llegando en aquellos momentos a un ritmo de 3.000 por noche desde la frontera con Austria.18 Algunos refugiados encontraron también una alternativa al asilo en Austria huyendo a Yugoslavia, que era también un Estado comunista, pero cuyo dirigente, Josip Broz Tito, había roto relaciones con Stalin en 1948. Tras la muerte de Stalin, las relaciones habían mejorado y sus sucesores, Nikita Jruschov y Nikolai Bulganin, habían visitado Belgrado en mayo de 1955, como una señal de la aceptación soviética del camino independiente emprendido por Yugoslavia. En este contexto, la admisión por Tito de los refugiados húngaros fue un acto de valentía.19 Yugoslavia había sido el único país comunista que participó en la conferencia internacional de Ginebra en la que se redactó la Convención de la ONU sobre los Refugiados de 1951. El primer Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, van Heuven Goedhart, había visitado Yugoslavia en abril de 1953 para presentar la labor del ACNUR al gobierno yugoslavo, en lo que constituyó la primera visita de un Alto Comisionado a un país comunista.20 Este esfuerzo para propiciar un acercamiento entre el ACNUR y Yugoslavia iba a ser de suma utilidad durante la crisis húngara. En diciembre de 1956, Tito pidió ayuda directamente al ACNUR para abordar la afluencia de refugiados. Al principio, el gobierno yugoslavo insistió en que todos los refugiados debían ser reasentados y en que el gobierno debía recibir una compensación por todos sus gastos. Sin embargo, finalmente retiró estas condiciones. Entre noviembre y diciembre de 1956, llegaron a Yugoslavia alrededor de 1.500 húngaros. En contraste, en enero de 1957, entraron más de 13.000.21 Decenas de miles de personas de etnia húngara que ya vivían en Yugoslavia, sobre todo en la región de la Vojvodina, facilitaron la aceptación de los refugiados. Irónicamente, en los años noventa, con la desintegración de Yugoslavia, muchas personas de origen húngaro hicieron el viaje en la otra dirección. En Yugoslavia, el 21 de febrero de 1957 se creó un comité de coordinación para abordar la emergencia, formado por representantes del gobierno yugoslavo, del ACNUR, de la Liga de Sociedades de la Cruz Roja, Acción Coooperativa para el Socorro Estadounidense en Todo el Mundo (CARE), el Servicio Mundial de Iglesias y la Sociedad Británica de Voluntarios para la Ayuda a los Húngaros. En marzo de 1957, cuando el Alto Comisionado Lindt visitó Belgrado y elogió al gobierno por el tratamiento que estaba dando a los refugiados húngaros, el ACNUR había entregado 50.000 dólares a la Cruz Roja yugoslava y asignado otros 124.000 dólares a la oficina del ACNUR en Belgrado.22 La aplicabilidad de la Convención de la ONU sobre los Refugiados de 1951 Aunque en general los gobiernos de los países
occidentales consideraron «refugiados» a los húngaros
que salieron de su país en 1956, no quedó claro en seguida
que los derechos y responsabilidades establecidos en la Convención
de la ONU sobre los Refugiados de 1951 eran aplicables a la crisis húngara,
dado que la Convención establecía expresamente que sólo
se aplicaba a los «acontecimientos ocurridos antes del 1º
de enero de 1951». Sin embargo, y con independencia de su condición
jurídica, en la práctica, el ACNUR y los gobiernos occidentales
consideraron refugiados a todas las personas que salieron de su país
después del 23 de octubre de 1956, fecha del levantamiento general
en Budapest, siempre que en la revisión individual de los casos
no se hallaran indicios que permitieran excluirlas de
esta categoría. A tal respecto, hubo un paralelismo con la práctica
seguida durante el período de la Sociedad de Naciones, cuando
el estatuto de una persona se determinaba sobre la base de su identificación
como miembro de un grupo concreto de refugiados.
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