De los países de asilo del sudeste de Asia, Tailandia fue el único que soportó la carga de las tres poblaciones de refugiados indochinos, la más numerosa de las cuales fue la camboyana. Tailandia no había suscrito la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados adoptada por la ONU en 1951, pero estuvo dispuesta a firmar un acuerdo con el ACNUR en julio de 1975 por el que se comprometía a cooperar en la prestación de ayuda humanitaria temporal a las personas desplazadas por la fuerza y a buscar soluciones duraderas, incluidos la repatriación voluntaria o el asentamiento en terceros países. Un mes antes, el gabinete tailandés había decidido que los recién llegados fuesen alojados en campamentos regentados por el Ministerio del Interior. Esta decisión captaba la actitud ambivalente, y aun contradictoria, que se reflejaría en gran parte de las políticas y prácticas posteriores del país para con la población desplazada que se hallaba en territorio tailandés. Se afirmaba: «Si una persona desplazada intenta entrar en el Reino, se adoptarán medidas para hacerla salir del Reino tan rápido como sea posible. Si es imposible expulsarla, esa persona será detenida en campos.»19 El 17 de abril de 1975, revolucionarios comunistas que libraban su propia lucha armada en Camboya desde hacía años entraron en la capital, Phnom Pehn, y procedieron a vaciarla sistemáticamente de sus habitantes. Aunque el nuevo régimen del Jemer Rojo de lo que se rebautizó como Kampuchea Democrática nunca se hizo plenamente visible al mundo, ni aun al pueblo de Camboya, su enigmático líder, Pol Pot, dirigió una brutal campaña para librar al país de influencias extranjeras y establecer una autarquía agraria.20 Durante los cuatro años de gobierno de los jemeres rojos en Camboya, el régimen evacuó importantes ciudades y poblaciones, abolió los mercados y el dinero, impidió a los monjes budistas practicar su religión, expulsó a los residentes extranjeros y estableció campos de trabajo colectivizados en todo el país.21 En el momento de la invasión vietnamita de comienzos de 1979, más de un millón de camboyanos habían sido ejecutados o habían muerto de inanición, enfermedades o extenuación por trabajo, mientras cientos de miles habían sido objeto de desplazamiento interno. Aunque un número considerable de camboyanos lograron huir del país, la cifra fue pequeña en comparación con el desplazamiento interno que tuvo lugar bajo el régimen brutal de los jemeres rojos. El ACNUR calcula que sólo 34.000 camboyanos lograron huir a Tailandia de 1975 a 1978, otros 20.000 llegaron a Laos y 170.000 a Vietnam.22 Cuando el éxodo de los refugiados indochinos se disparó a comienzos de 1979, Tailandia recibió un flujo relativamente escaso de refugiados vietnamitas, pero a mediados de ese año acogía, aun con reticencias, a 164.000 refugiados camboyanos y laosianos en campamentos gestionados por el ACNUR. Como consecuencia de la invasión vietnamita que acabó con el régimen de los jemeres rojos, decenas de miles de camboyanos más huyeron a la frontera oriental de Tailandia. Esta invasión instaló en el poder a otro régimen comunista en lo que entonces se rebautizó como República Popular de Kampuchea. En junio de 1979, soldados tailandeses reunieron a más de 42.000 refugiados camboyanos que se hallaban en campamentos fronterizos y los obligaron a descender por las escarpadas laderas de Preah Vihear hasta Camboya. Al menos varios cientos de personas, y posiblemente varios miles, perdieron la vida en los campos minados del valle. Un día después de comenzar las expulsiones, el representante del Comité Internacional de la Cruz Roja lanzó un llamamiento público urgente para que cesaran; se le ordenó salir de Tailandia. Temiendo una reacción adversa de los tailandeses, el ACNUR guardó efectivamente silencio, pese a ser este el caso más importante de retorno forzado con el que la organización se había encontrado desde su fundación. Un alto funcionario de protección comentaría más tarde: «La sorprendente ausencia de protestas formales o públicas del ACNUR ante las expulsiones masivas de camboyanos de Tailandia durante 1979 debe considerarse uno de los puntos bajos de su historia de protección».23 En este marco, la conferencia celebrada en Ginebra en julio de 1979 intentó alcanzar compromisos de reasentamiento de terceros países para atenuar las presiones sobre Tailandia. De los 452.000 indochinos reasentados en 1979-1980, casi 195.000 procedían de los campamentos de Tailandia. En octubre de 1979, Tailandia anunció una política de «puertas abiertas» hacia los camboyanos que habían continuado congregándose en la frontera en busca de alimentos y seguridad. El ACNUR fue invitado a establecer «centros de espera» para estos recién llegados, que no serían supervisados por el Ministerio del Interior sino por las fuerzas armadas. La razón, según el gobierno de Tailandia, era que «entre los kampucheanos que huyen a Tailandia, algunos son combatientes. Por eso, para tenerlos bajo control en zonas de seguridad, ha de intervenir el ejército tailandés».24 El ACNUR comprometió casi 60 millones de dólares para satisfacer las necesidades de hasta 300.000 refugiados camboyanos y creó una Unidad de Kampuchea, de carácter especial, en su oficina regional de Bangkok para coordinar la construcción y administración de los centros de espera. Nunca hasta entonces el ACNUR había participado de tal modo en la construcción y el mantenimiento reales de los campamentos de refugiados. Entre los muchos resultados de su papel operativo en la frontera de Camboya estuvo la creación dentro del ACNUR de una Unidad de Emergencias que ha desempeñado un papel fundamental en todas las emergencias importantes de refugiados desde aquella época. A principios de 1980, el principal centro de espera, Khao-I-Dang, albergaba a más de 100.000 camboyanos. Entre estos refugiados había muchos menores no acompañados de adultos que eran objeto de especial preocupación para el ACNUR y otros organismos (véase recuadro 4.4). Disfrutando de la a veces dudosa ventaja de una extraordinaria exposición a los medios de comunicación, Kao-I-Dang se convirtió, durante algún tiempo al menos, en lo que un observador llamó «probablemente [...] el campamento de refugiados mejor atendido del mundo».25 En aquellas fechas, tenía una población más numerosa que la de cualquier ciudad de Camboya. En marzo de 1980, cuando la población del campamento alcanzó un máximo de 140.000 personas, 37 ONG trabajaban en Khao-I-Dang. Este hecho era un reflejo de la proliferación de la actividad de las ONG en todo el mundo que tenía lugar por aquellas fechas. La puerta de Tailandia no permanecería abierta durante mucho tiempo para los camboyanos. En enero de 1980, sólo tres meses después de anunciar su política de «puertas abiertas», el gobierno de Tailandia dio marcha atrás y decretó el cierre de los centros de espera para nuevas llegadas. En lo sucesivo, según la declaración del gobierno, los camboyanos que llegasen permanecerían en campamentos fronterizos, sin acceso a reasentamiento en terceros países. Los campamentos fronterizos De 1979 a 1981, la ayuda material a los campamentos fronterizos camboyanos fue coordinada por una Misión Conjunta, encabezada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Comité Internacional de la Cruz Roja. A finales de 1981, el UNICEF se retiró oficialmente como organismo principal de la ONU para el programa de ayuda en la frontera, en parte para centrar su atención en la ayuda al desarrollo dentro de Camboya y en parte como protesta por la creciente militarización de los campamentos fronterizos, sobre todo de las renacientes fuerzas de los jemeres rojos. Desde 1979, el ACNUR había sido responsable de Khao-I-Dang y otros «centros de espera» para refugiados camboyanos, pero había evitado buscar un papel en los campamentos fronterizos. En cierto momento de finales de 1979, el ACNUR se había ofrecido para ser el organismo principal de la ONU en la frontera. Sin embargo, las condiciones que puso (incluida la retirada de todos los soldados y armas de los campamentos y el traslado de los campamentos lejos de la frontera) se consideraron poco realistas en aquel entonces. Por otra parte, al menos algunos donantes internacionales pensaron que el ACNUR no estaba preparado para manejar una situación de emergencia de tal envergadura y complejidad. En enero de 1982, la recientemente designada Operación de las Naciones Unidas de Socorro en la Frontera (UNBRO) se hizo cargo de la coordinación de la operación de ayuda de emergencia. A la UNBRO se le asignó una misión clara (prestar ayuda humanitaria a las personas que habían huido a la «tierra de nadie» situada a lo largo de la frontera entre Tailandia y Camboya), pero no tenía un mandato de protección explícito, ni el mandato de buscar soluciones duraderas para la población a su cuidado. En junio de 1982, las dos facciones de la resistencia no comunista camboyana que luchaban contra la ocupación vietnamita de su país se unieron con las fuerzas del Jemer Rojo que también estaban refugiadas en los campos fronterizos para formar el tripartito Gobierno de Coalición de Kampuchea Democrática (GCKD). Conservando un puesto en la Asamblea General de la ONU y una cadena de campamentos base a lo largo de la frontera tailandesa, el GCKD aplicó una constante presión política y militar sobre Phnom Penh durante todo la década, y la subsiguiente guerra civil llevó nuevas oleadas de violencia a los campamentos. Entre 1982 y 1985, personal de la UNBRO ayudó en más de 95 evacuaciones de campamentos de la zona fronteriza, 65 de ellas bajo fuego de artillería.26 Una ofensiva vietnamita durante la estación seca de 1984-1985 logró trasladar la mayoría de los campamentos provisionales desde la zona fronteriza hasta territorio tailandés, aunque continuaron bajo el cuidado de la UNBRO, administrados por el GCKD y cerrados al reasentamiento. Tras el cierre oficial de la frontera y de los centros de espera a nuevas llegadas en 1980, Khao-I-Dang se convirtió en una suerte de «tierra prometida» para muchos camboyanos fronterizos, un refugio libre de bombardeos y de reclutamiento forzoso, que seguía ofreciendo la posibilidad, por remota que fuera, de huir. Pero Khao-I-Dang tenía sus propios problemas especiales de protección. Los candidatos a residir en el campamento debían hacer frente a sobornos y abusos de traficantes y de guardias de seguridad sólo para entrar en el recinto y, una vez dentro, los «ilegales» se enfrentaban a menudo a años de intimidación, explotación y riesgo de ser descubiertos antes de ser registrados y de que se les diera la oportunidad de ser entrevistados con vistas a su reasentamiento. Aun cuando el ACNUR siguió administrando
Khao-I-Dang, también continuó con sus intentos, en gran
medida infructuosos, de negociar la repatriación organizada y voluntaria
a Camboya. A medida que los grupos de resistencia crecían y el
conflicto se intensificaba, el traslado desde la zona fronteriza hasta
Camboya se hizo cada vez más difícil. Un observador explicó:
En septiembre de 1980, el ACNUR había abierto una pequeña oficina con dos personas en Phnom Penh y había anunciado la puesta en marcha de un programa de asistencia humanitaria para los repatriados camboyanos, cuyo número se calculaba en 300.000 (incluidos 175.000 que regresaban de Tailandia). El programa debía proporcionar ayuda alimentaria básica, semillas, herramientas y artículos domésticos a los repatriados en cinco provincias fronterizas. Esta iniciativa resultó ser prematura en más o menos 10 años. Aun cuando las conversaciones continuaron durante muchos años, el ACNUR fue incapaz de encontrar puntos de coincidencia entre Bangkok y Phnom Penh, y los retornos organizados desde los campamentos de la frontera tailandesa no tuvieron lugar. Entre 1981 y 1988, sólo un refugiado camboyano regresó oficialmente desde un campamento del ACNUR.28 Reunidas en París en agosto de 1989, las cuatro facciones rivales de lo que por entonces había sido rebautizado como Estado de Camboya no lograron grandes avances en la búsqueda de un acuerdo global.29 Sin embargo, consiguieron ponerse de acuerdo en un punto: en que debía permitirse el retorno seguro y voluntario de los refugiados camboyanos que estaban en Tailandia y el de los camboyanos que estaban en la frontera tailandesa, unas 306.000 personas, en el caso de que se alcanzase un acuerdo de paz. Sin embargo, el fracaso de la reunión de París dejó esa perspectiva en una auténtica duda, mientras la retirada de los 26.000 soldados vietnamitas que quedaban en septiembre de 1989 sumió de nuevo a Camboya en la guerra civil. En las regiones fronterizas estalló otra oleada de desplazamiento. En octubre de 1991 se firmó finalmente
en París un acuerdo patrocinado por la ONU, en virtud del cual,
las Naciones Unidas dispondrían organizar una administración
provisional. Este acuerdo ponía Camboya bajo el control de las
Autoridad Provisional de las Naciones Unidas en Camboya (APRONUC) en espera
de que se celebraran elecciones generales (véase capítulo
6). El plan exigía también a las facciones el desarme y
la desmovilización del 70% de sus tropas, la liberación
de sus presos políticos, la apertura de sus «zonas»
a la inspección internacional y al registro electoral, y el permiso
para que todos los refugiados camboyanos desplazados en Tailandia regresaran
a tiempo para inscribirse y votar. Cuando se firmó este acuerdo,
los campamentos fronterizos de la UNBRO en Tailandia albergaban a más
de 353.000 refugiados, y otros 180.000 camboyanos estaban desplazados
en el interior de su propio país. En el contexto del acuerdo de
paz, el ACNUR asumió las responsabilidades de los campamentos fronterizos
de la UNBRO a partir de noviembre de 1991 y puso en marcha planes de repatriación.
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