Guerras por poderes en África, Asia y América Central
Dado que muchas de las grandes poblaciones de refugiados de los años ochenta, incluidos los afganos, los etíopes y los nicaragüenses, huían de gobiernos comunistas o socialistas, estos países occidentales también tenían un interés geopolítico en financiar los programas del ACNUR. Mientras tanto, el bloque soviético, que consideraba a las Naciones Unidas una organización esencialmente prooccidental, ni respaldaba ni financiaba al ACNUR. Con el estallido de crisis de refugiados en todo el planeta durante los años ochenta, el presupuesto del ACNUR aumentó de forma espectacular. En 1975, había 2,8 millones de refugiados en todo el mundo, y el presupuesto del ACNUR seguía siendo de alrededor de 76 millones de dólares de EE UU. Al final de la década, la población de refugiados había aumentado hasta alcanzar casi 15 millones de personas, y el presupuesto del ACNUR se había incrementado a más de 580 millones de dólares. Durante estos años, el ACNUR proporcionó asistencia en una escala mucho mayor que nunca. Uno de sus principales desafíos fue el de administrar grandes campamentos de refugiados. Tal como había ocurrido en Indochina, la presencia de personas armadas en estos campamentos constituyó un importante motivo de preocupación para la organización.
Los movimientos de refugiados que se exponen en este capítulo no fueron en modo alguno los únicos que se produjeron durante la década. También hubo desplazamientos masivos en otros varios lugares del mundo, como por ejemplo, los de los ceilandeses que huyeron a la India, los ugandeses que huyeron al sur de Sudán, angoleños que huyeron a Zambia y Zaire, y los mozambiqueños que huyeron a seis países vecinos (véase recuadro 5.2). El ACNUR proporcionó protección y asistencia a los refugiados en todos y cada uno de estos casos. Guerra y hambre en el Cuerno de
África A finales de la década de 1970 y principios de la siguiente, el Cuerno de África fue escenario de numerosos movimientos de refugiados a gran escala. La guerra, el hambre y los desplazamientos masivos captaron la atención de la opinión pública mundial cuando la implicación de las superpotencias exacerbó los conflictos y amplió sus consecuencias. Muchos etíopes, algunos de los cuales procedían de Eritrea —que entonces era parte de Etiopía— buscaron refugio en Sudán, Somalia y Yibuti, y un gran número de sudaneses y somalíes buscaron refugio en Etiopía. A finales de los años setenta se produjo un cambio espectacular en las alianzas con las superpotencias por parte de Etiopía y Somalia. En Etiopía, la consolidación del poder del teniente coronel Mengistu Haile Mariam en 1977 hizo que el país buscara el apoyo de la Unión Soviética y rompiera sus relaciones con su aliado tradicional, los Estados Unidos. Como consecuencia, éstos aumentaron su respaldo a los gobiernos de Sudán y Somalia, lo que tuvo una repercusión significativa en los conflictos de la región. Temas de interés: "Campamentos y asentamientos de refugiados" Refugiados etíopes en Somalia A finales de los años setenta comenzaron los movimientos de refugiados a gran escala desde Etiopía hacia Somalia. Aprovechando la agitación interna en Etiopía, el presidente de Somalia, Siad Barre, invadió la región etíope de Ogaden en 1977. Pese a su éxito inicial, cuando la Unión Soviética decidió apoyar al régimen marxista del presidente Mengistu, las fuerzas etíopes lograron rechazar la invasión y a principios de 1978, las tropas somalíes se vieron obligadas a cruzar la frontera y regresar a su país. Cientos de miles de personas de etnia somalí que vivían en el Ogaden etíope, temiendo sufrir represalias por su participación en el recrudecimiento de violencia que había precedido a la invasión somalí, huyeron a Somalia. Otras 45.000 se dirigieron al vecino Yibuti.
Las relaciones del ACNUR con el gobierno de Somalia sufrieron las tensiones de una «guerra de cifras». Inicialmente, el gobierno afirmó que había 500.000 refugiados en el país, mientras que el ACNUR calculaba que sólo había 80.000. Después de la llegada de una segunda oleada de refugiados en 1981 , el gobierno aumentó la cifra a dos millones, mientras que el ACNUR, otros organismos de la ONU y las ONG calculaban que había entre 450.000 y 620.000 refugiados.1 Previamente se había calculado que la región de Ogaden tenía una población total bastante inferior al millón de habitantes. Tras los infructuosos intentos del ACNUR de realizar un censo fiable, en 1982 los organismos de la ONU acordaron con el gobierno de Somalia establecer la «cifra de planificación» de 700.000 refugiados, que siguió siendo el número oficial de refugiados en aquel país hasta 1985, y la cifra en que se basó toda la asistencia que proporcionó el ACNUR. Ello a pesar de que, en 1984, el ACNUR calculaba que más de 300.000 refugiados habían sido ya repatriados a Etiopía. La presión de los Estados Unidos, que en aquella época tenía un particular interés geopolítico en apoyar a Somalia, fue uno de los factores que contribuyeron a que los demás donantes occidentales siguieran aceptando las infladas cifras del gobierno somalí. Este se benefició en muchas formas de la asistencia internacional que durante estos años recibió el país. La asistencia que proporcionaban organizaciones como el ACNUR y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) para satisfacer las necesidades de los refugiados no era más que una parte de toda la asistencia que recibió Somalia, y que tuvo un significativo impacto sobre el conjunto de su economía. Según una evaluación, a mediados de la década de 1980, esta asistencia representaba al menos una cuarta parte del producto interior bruto del país.2 Entre 1984 y 1986, se produjeron nuevas llegadas de refugiados a Somalia. Al mismo tiempo, durante ese mismo período, un gran número de refugiados regresó desde Somalia a Etiopía. Sin embargo, a finales de los años ochenta, las crecientes denuncias de abusos generalizados contra los derechos humanos a manos del gobierno de Somalia provocaron una espectacular reducción de la asistencia militar estadounidense, que en 1989 cesó por completo. En agosto de aquel año, el ACNUR y el PMA tomaron la decisión sin precedentes de suspender la asistencia en el noroeste de Somalia, tras los reiterados e infructuosos intentos de garantizar que no iba a desviarse para fines distintos de los previstos. Dos años después, el presidente Barre fue derrocado y el país se sumió en un grado de violencia, hambre y desplazamiento de población mayor que nunca (véase recuadro 10.3).
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