LA SITUACIÓN DE LOS REFUGIADOS
EN EL MUNDO 2000
Cincuenta años de acción humanitaria

| G U E R R A S   P O R   P O D E R E S   E N  A F R I C A ,
A S I A   Y   A M E R I C A   C E N T R A L |


Refugiados etíopes en Sudán

Los primeros refugiados reconocidos oficialmente procedentes de Eritrea, que había estado federada a Etiopía, pero que en 1962 había quedado reducida a la categoría de una provincia del norte de este país, llegaron a Sudán en 1967,3 huyendo de las consecuencias de la lucha armada por el derecho a la autodeterminación que se había iniciado a principios de la década de 1960. El ACNUR proporcionó asistencia para establecer el primer campamento para estos refugiados en Sudán en 1970.

En los años setenta llegaron también a Sudán un gran número de refugiados procedentes de otras regiones de Etiopía. La prolongada y sangrienta revolución que siguió al derrocamiento del emperador autocrático Haile Selassie en 1874, fue conocida, en su punto álgido, como el «terror rojo».
Cientos de miles de etíopes huyeron de la guerra y la hambruna de su país a mediados de la década de 1980, como estos refugiados en Sudán. (ACNUR/M. VANAPPELGHEM/1985)

La facción militar izquierdista que tomó el
poder, conocida como el «Derg», mató o encarceló a miles de opositores políticos, activistas sindicales y estudiantes, y provocó un éxodo contínuo de refugiados que huían del país.

En 1977, había alrededor de 200.000 refugiados eritreos en Sudán. Este número aumentó rápidamente en 1978, cuando el gobierno de Etiopía, que ya recibía una ingente ayuda soviética y se sentía fortalecido por su reciente victoria sobre Somalia, lanzó una importante ofensiva contra las fuerzas de la oposición en Eritrea. El éxodo masivo hizo que, al final de aquel año, el número total de refugiados etíopes en Sudán fuera superior a 400.000, la mayoría de los cuales procedía de Eritrea.

Inicialmente, el gobierno de Sudán y los habitantes de la zona oriental del país acogieron a los refugiados con los brazos abiertos. Sin embargo, cuando su número aumentó, creció también el resentimiento de los habitantes de la región hacia ellos, a los que empezaron a percibir como una amenaza para la estabilidad de la zona. Se habían producido muchos combates en el interior de Eritrea, cerca de la frontera con Sudán e incluso en el propio suelo sudanés.4 La creciente crisis económica, agravada por una serie de cosechas malogradas en la región oriental, hizo que el gobierno solicitara la asistencia del ACNUR.

El ACNUR trabajó en estrecha colaboración con las autoridades de Sudán en la creación de asentamientos para los refugiados. En 1984, el número de refugiados etíopes había aumentado hasta llegar a alrededor de 500.000, de los que aproximadamente 128.000 vivían en 23 asentamientos para refugiados. El resto se había establecido espontáneamente en ciudades y pueblos y en la zona fronteriza. El ACNUR confió inicialmente en que las actividades agrícolas y las oportunidades de empleo en grandes explotaciones agrarias mecanizadas permitirían que los refugiados fueran autosuficientes. Sin embargo, pronto quedaron en evidencia las dificultades. Un informe del ACNUR de aquella época señalaba: «Sólo un puñado de asentamientos tiene acceso a tierras y agua suficientes como para que el concepto de autosuficiencia sea realista».5

Los combates entre las fuerzas del gobierno de Etiopía y los grupos armados de la oposición de Eritrea, así como entre facciones eritreas rivales, siguieron provocando la llegada a Sudán de refugiados procedentes de Eritrea. Pero se avecinaba otra crisis de envergadura, esta vez en la región etíope de Tigré, que produciría una afluencia aún mayor de etíopes a Sudán, aumentó la presión sobre este país y planteó al ACNUR uno de los mayores retos a los que había hecho frente hasta entonces.

La hambruna en Etiopía y los nuevos flujos de refugiados

En 1984 hubo una hambruna en Etiopía que se convirtió en una de las crisis humanitarias más difundidas de los últimos tiempos. Como dijo un escritor, «la hambruna del norte de Etiopía, que se convirtió en noticia mundial en 1984, fue un terremoto en el mundo humanitario».6 Se calcula que cerca de un millón de personas murió a consecuencia de esta hambruna.7 Aunque la mayoría de la gente pensaba que la situación había sido provocada por la sequía, la realidad era mucho más compleja. Un analista la describió en los siguientes términos:

La sequía y las cosechas malogradas contribuyeron a la hambruna, pero no la provocaron. Las políticas económicas y agrarias del gobierno [de Etiopía] también contribuyeron a ella, pero no fueron fundamentales. La principal causa de la hambruna fue la campaña de contrainsurgencia que llevaron a cabo el ejército y la fuerza aérea etíopes en Tigré y Wollo durante 1980-1985 [...] [que incluyó] tácticas de tierra quemada, la requisa de alimentos por los ejércitos, bloqueos de alimentos y de personas en asedios [...] y la imposición del racionamiento de alimentos.8

El gobierno de Etiopía permitió que los gobiernos donantes y las organizaciones internacionales enviaran suministros de ayuda de emergencia al país, pero les impidieron que asistieran a las víctimas de la hambruna que vivían en las zonas que estaban bajo el control de los grupos armados de oposición de Eritrea y Tigré.

Como consecuencia de ello, las organizaciones humanitarias que trabajaban en Etiopía no pudieron proporcionar asistencia directa a los habitantes de las principales zonas afectadas por la hambruna. Desde principios de la década de 1980, un consorcio de ONG que trabajaba desde Sudán había comenzado a intentar alimentar a los habitantes de las zonas controladas por los grupos armados de la oposición en Eritrea y Tigré enviando suministros de ayuda de emergencia a estas zonas en operaciones nocturnas clandestinas en las que cruzaban la frontera desde Sudán. En aquel momento, esto se consideró una forma de acción humanitaria muy radical.

Sin embargo, la operación que se llevaba a cabo desde Sudán no pudo cubrir las necesidades de los habitantes de las zonas afectadas por la hambruna y cientos de miles de personas desesperadas se encontraron con que su única opción era trasladarse a las zonas controladas por el gobierno. Otras se resistieron a hacerlo, en gran medida por miedo a ser detenidas u obligadas por el gobierno de Etiopía a establecerse forzosamente. El resultado fue un éxodo masivo de etíopes, que se dirigieron sobre todo a Sudán, pero también a Somalia y a Yibuti.

Entre octubre de 1984 y marzo de 1985, llegaron a Sudán alrededor de 300.000 refugiados etíopes. La mayoría procedía de Tigré, y salieron de Etiopía en un movimiento cuidadosamente organizado por la Sociedad de Socorro de Tigré (SST), que era básicamente el brazo civil del Frente de Liberación Popular de Tigré (FLPT). La SST había anunciado que salvo que se proporcionara más asistencia alimentaria dentro del propio Tigré, no podría retener a su población allí.

Aunque algunos observadores afirmaron que los recién llegados huían de la hambruna y no del conflicto, el ACNUR los consideró refugiados. Ya se había tenido en cuenta la posibilidad de que se produjera una afluencia significativa —y había sonado la alarma— a finales de 1983. Cuando ocurrió finalmente, un año después, la escala y la velocidad de la entrada de refugiados en Sudán fueron muy superiores a lo previsto. Muchos llegaron en un estado físico tan deteriorado que la ayuda les vino demasiado tarde. Las condiciones en los campamentos de refugiados que se crearon apresuradamente eran inicialmente deficientes, y la tasa de mortandad fue elevada. Muchos refugiados murieron de enfermedades relacionadas con la desnutrición, y numerosos niños fallecieron debido a severos brotes de sarampión.

Al mismo tiempo que entraban en Sudán etíopes procedentes de la región de Tigré, la hambruna —agravada por el conflicto— en la región eritrea de Etiopía provocó una nueva oleada de refugiados, que llegaban a los campamentos en los que ya se había instalado a los eritreos. Wad Sherife, un campamento construido para albergar a 5.000 refugiados, vio aumentar rápidamente su población hasta 128.000, convirtiéndose así en uno de los mayores campamentos de refugiados del mundo.9 El ACNUR y las ONG que trabajaban en asociación con él trabajaron arduamente para alojar a los recién llegados en el campamento y para construir almacenes, dispensarios y centros de alimentación adicionales.

El ACNUR y otras organizaciones humanitarias internacionales, así como varios gobiernos y otros donantes, organizaron puentes aéreos de alimentos y suministros y enviaron equipos médicos y voluntarios. En Occidente, varios músicos y otros artistas liderados por Bob Geldof llevaron a cabo destacadas campañas de recaudación de fondos, como Live Aid y Band Aid, en las que se recogieron millones de dólares para las víctimas de la hambruna, no sólo en Etiopía y Sudán, sino en todo el África subsahariana. En 1985, los donantes entregaron al ACNUR 76 millones de dólares sólo para su programa en Sudán, cantidad equivalente a todo el presupuesto global de la organización apenas 10 años antes.10

A principios de 1986, el ACNUR informaba: «La movilización internacional ha producido resultados, y la situación [en Sudán] ha mejorado considerablemente [...] Las insoportables fotos de niños escuálidos y hombres y mujeres de expresión desamparada [...] ya pertenecen al pasado».11 En mayo de 1985, las lluvias habían vuelto a Etiopía y el FLPT alentó a su pueblo a que regresara a sus hogares. A mediados de 1987, habían retornado más de 170.000 personas. Sin embargo, a diferencia de los habitantes de Tigré, la mayoría de los eritreos que habían llegado a Sudán en 1984 y 1985 no volvieron. Por el contrario, los combates y la hambruna, que no había acabado en Eritrea, provocaron la llegada de nuevos refugiados eritreos a Sudán.

Durante la década de 1980, Etiopía no sólo produjo refugiados, sino que también acogió a un gran número de ellos procedentes de otros países. Desde 1983, cuando volvió a estallar la guerra en el sur de Sudán entre el Ejército de Liberación Popular de Sudán (ELPS) y las fuerzas gubernamentales, numerosas personas fueron desplazadas y al final de la década, más de 350.000 habitantes de la región meridional de Sudán habían huido a la región etíope de Gambela. El ACNUR proporcionó asistencia al gobierno de Etiopía para satisfacer las necesidades de estos refugiados, pese a que con frecuencia su acceso a estos campamentos, que proporcionaban apoyo al ELPS, fue restringido. En 1987 y 1988, alrededor de otros 365.000 somalíes habían huido a Etiopía para escapar de los combates entre las fuerzas del gobierno de Somalia y los rebeldes que querían la independencia para el noroeste de ese país. Estos refugiados fueron alojados en grandes campamentos situados en la zona de Hartisheikh, la asistencia internacional para los cuales fue coordinada por el ACNUR.

La desintegración de la Unión Soviética y el final de la Guerra Fría también supusieron el fin del régimen marxista del presidente Mengistu en Etiopía. En mayo de 1991, el FLPE tomó Asmara, la principal ciudad de Eritrea, poniendo término a la guerra civil más larga de África y preparando el terreno para la independencia de Eritrea en 1993. Menos de una semana después de la captura de Asmara, las fuerzas del FLPT entraron en la capital etíope, Addis Abeba, el ejército etíope se derrumbó y el presidente Mengistu fue derrocado.

 

<<...viene de la página
anterior
Índice del Libro
Continúa en la página
siguiente...>>