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La crisis comenzó en abril de 1978, cuando un grupo de intelectuales urbanos encabezado por Nur Mohammad Taraki tomó el poder e intentó instaurar un Estado comunista. Introdujeron reformas sociales de gran alcance que contrariaron a las poblaciones rurales, profundamente tradicionales, a las que iban destinadas sus beneficios. La oposición, tanto política como militar, se extendió con rapidez. El régimen, que recibía una importante ayuda militar de la Unión Soviética, respondió con dureza. Como escribió un autor:
En unos meses, los afganos empezaron a huir a los vecinos Pakistán e Irán. Pese a la presión que ejercieron los gobiernos de Afganistán y de la Unión Soviética sobre Pakistán para que expulsara a los refugiados, el gobierno de este país los acogió.13 En agosto de 1978, alrededor de 3.000 personas habían buscado refugio en Pakistán; a principios de 1979, la cifra había aumentado hasta superar las 20.000. Cuando los refugiados comenzaron a llegar a Pakistán, el ACNUR no tenía ninguna oficina en el país. Por tanto, los refugiados recabaron la ayuda del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que pidió a su vez fondos al ACNUR para proporcionar asistencia temporal a los casos más urgentes.14 En abril de 1979, el gobierno de Pakistán solicitó formalmente la asistencia del ACNUR.15 Tras el envío de dos misiones de evaluación a este país, el ACNUR recaudó más de 15 millones de dólares para asistir a los refugiados, y en octubre de 1979 abrió una oficina en Islamabad.16 Mientras tanto, en Afganistán, la oposición armada iba ganando terreno al gobierno comunista. A finales de diciembre de 1979, la Unión Soviética, temiendo perder un aliado importante en su frontera meridional, invadió el país, lo que provocó un éxodo masivo de refugiados. En unas semanas, 600.000 afganos huyeron a Pakistán y a Irán. Los refugiados siguieron huyendo de Afganistán durante el resto de la década. En diciembre de 1990, el ACNUR calculaba que había más de 6,3 millones de refugiados afganos en los países vecinos, de los cuales 3,3 millones estaban en Pakistán y 3 millones en Irán. Para entonces, los afganos se habían convertido en la mayor población de refugiados del mundo. Disparidades en la asistencia a los refugiados en Pakistán e Irán La situación de los refugiados afganos en Pakistán contrastaba en gran medida con la de los que estaban en Irán. En el primer país, los refugiados eran en su mayoría de etnia pashta y buscaron refugio sobre todo en las zonas de Pakistán donde predominaban los pashtos. El ACNUR estableció más de 300 «pueblos de refugiados», donde vivía la mayoría de éstos. En cambio, en Irán, la mayor parte de los refugiados afganos eran de etnia tayika, uzbeka y hazara, y había muy pocos pashtos. Sólo un número relativamente pequeño de estos refugiados fueron alojados en campamentos. La mayoría se dispersó en pueblos y ciudades de todo el país, donde se establecieron entre las comunidades locales. Muchos pudieron encontrar trabajo, entre otras causas, debido a que muchos hombres iraníes fueron llamados a filas para combatir en la guerra contra Irak que había comenzado en septiembre de 1980.
La situación en Irán cambió en 1980, sobre todo como consecuencia de la guerra con Irak que comenzó ese año, que generó una nueva oleada de refugiados, esta vez iraquíes chiíes, lo que aumentó la presión que sufría el país. Dos meses después, el gobierno de Irán pidió oficialmente asistencia al ACNUR. El viceministro de Asuntos Exteriores iraní escribió al Alto Comisionado Poul Hartling: «Hemos recibido a decenas de miles de refugiados de esos dos países y les hemos prestado asistencia [...] con nuestros propios recursos económicos», añadiendo que Irán carecía de medios para seguir proporcionando asistencia adecuada a los refugiados, y pidiendo al ACNUR que «establezca un programa de asistencia humanitaria completo para estas personas inocentes que [...] deben recibir la misma atención que el resto de los refugiados».17 Sin embargo, la asistencia internacional a Irán nunca llegó, y el ACNUR tuvo que lidiar con la disparidad que hubo entre la respuesta que dio la comunidad internacional a la crisis de refugiados en Pakistán y la que dio en Irán. Un memorándum interno del ACNUR de junio de 1981 señalaba: «Después de un año y medio sin asistencia externa y a menudo sin trabajo, [los refugiados afganos en Irán viven] en circunstancias muy difíciles [...] No podemos seguir cerrando los ojos a las evidentes necesidades de los refugiados afganos en Irán que están en la misma situación que los que están en Pakistán o en la India y que son [refugiados] prima facie en virtud de nuestro Mandato, tal como ha confirmado la División de Protección».18 Aunque el ACNUR obtuvo finalmente algunos fondos para los refugiados afganos en Irán, la disparidad de las cantidades enviadas a Pakistán y a Irán siguió siendo sustancial a lo largo de las décadas de 1980 y 1990. Entre 1979 y 1997, el ACNUR dedicó más de 1.000 millones de dólares a los refugiados afganos en Pakistán, y sólo 150 millones de dólares a los que estaban en Irán. En Pakistán, el ACNUR, así como otros organismos de la ONU, gobiernos y decenas de ONG internacionales, proporcionaron a los refugiados alimentos, agua, asistencia médica, servicios sanitarios y educación. La proliferación de ONG, que habían comenzado a trabajar en el sudeste asiático en los años setenta, continuó en Pakistán. A finales de la década de 1980, había más de cien ONG internacionales en la operación de ayuda a Pakistán. Entre ellas había numerosas ONG musulmanas, que trabajaban por primera vez en estrecha colaboración con el ACNUR. El ACNUR abonaba los salarios de más de 6.500 miembros locales de su personal, muchos de los cuales eran empleados del Comisariado Pakistaní para los Refugiados Afganos.19
Por motivos de política interna, el gobierno de Pakistán no dio a los refugiados, procedentes en su mayoría de zonas rurales, tierras para cultivar. Sin embargo, los refugiados podían desplazarse libremente por todo el país, lo que contribuyó a que muchos de ellos encontrasen trabajo. A mediados de los años ochenta, el ACNUR introdujo diversos programas, como planes de pequeños créditos, de formación profesional y proyectos de construcción, para proporcionar empleo y aprendizaje y ayudar a que los refugiados fueran más autosuficientes. No obstante, muchos de estos programas se suspendieron debido a la insistencia del gobierno de Pakistán, que alegaba que puesto que no existían programas similares para la población local, podían surgir tensiones entre ésta y los refugiados. A partir de 1984, el ACNUR y el Banco Mundial establecieron un proyecto conjunto, en cooperación con el gobierno de Pakistán, conocido como el Proyecto de Generación de Ingresos para Zonas de Refugiados. Dicho programa, en el que se invirtieron 85 millones de dólares en los 12 años siguientes, abarcaba alrededor de 300 proyectos en tres provincias donde residían refugiados e incluía planes de reforestación, gestión del agua, riego, y reparación y construcción de carreteras. En términos generales, se consideró que el programa tuvo un impacto importante y positivo.20 Estos proyectos, y la posibilidad de trabajar fuera de los «pueblos de refugiados», ayudó a que, a finales de los años ochenta, muchos de éstos fueran autosuficientes. En Irán se estableció un proyecto similar a finales de la década de 1980, en la cordillera del Khorasan Meridional. Fue un proyecto conjunto del ACNUR y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), llevado a cabo en cooperación con el gobierno de Irán. Sin embargo, y al igual que ocurrió con otros proyectos en Irán, los donantes estaban menos dispuestos a facilitar fondos para el proyecto, y de los 18 millones de dólares solicitados inicialmente por el ACNUR y el FIDA para el mismo, sólo llegó una tercera parte durante los primeros cinco años. Otra diferencia importante entre los servicios que se prestaron a los refugiados en Pakistán y en Irán estaba en el ámbito educativo. En Pakistán, muchos niños varones recibían educación en escuelas financiadas por el ACNUR en los «pueblos de refugiados», aunque pocas niñas se beneficiaron de ella debido a las prácticas culturales discriminatorias, lo que dificultó la asistencia a estas escuelas de muchas de ellas. Un número importante de niños varones recibía también educación en madrasas (escuelas religiosas) privadas, con las que no estaba asociado el ACNUR. A mediados de la década de 1990, algunos de los niños que crecieron en Pakistán como refugiados y que asistieron a estas madrasas se convirtieron en miembros destacados del movimiento islámico talibán que tomó el poder en Afganistán. En Irán, en cambio, los niños refugiados asistían a las escuelas iraníes y las niñas tenían un acceso mucho mayor a la educación. Durante los años noventa, cuando comenzó realmente la repatriación a Afganistán, los refugiados alegaron a menudo este acceso a la educación de las niñas como motivo para no desear el regreso a su país, donde los talibanes prohibían dicho acceso.
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