LA SITUACIÓN DE LOS REFUGIADOS
EN EL MUNDO 2000
Cincuenta años de acción humanitaria

| G U E R R A S   P O R   P O D E R E S   E N  A F R I C A ,
A S I A   Y   A M E R I C A   C E N T R A L |

Refugiados nicaragüenses en Honduras

Los refugiados nicaragüenses habían comenzado a llegar a la vecina Honduras en 1981. La mayoría de ellos (aproximadamente 30.000) eran indígenas miskitos, que huían tanto de los combates entre los contras y los sandinistas en sus zonas de origen, como de los intentos sandinistas de trasladarlos a otros lugares. Se calcula que en los campamentos del ACNUR vivían alrededor de 14.000 miskitos nicaragüenses. Los 8.000 refugiados nicaragüenses restantes eran descendientes de españoles y mestizos, a los que se conocía con el nombre de «ladinos», y entraron en Honduras en los primeros años de la década de 1980. Muchos de ellos, al igual que los miskitos, huían de los combates entre las fuerzas contras y las sandinistas. Otros eran reclutas de los contras que se establecían en campamentos administrados por los contras junto a la frontera.

Refugiados por principales regiones de asilo, 1975 - 2000
Gráfico 5.4
* No se incluyen los refugiados palestinos asistidos por el Organismo de Obras Públicas y Socorro de la ONU para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (OOPS)
El ACNUR trató de mantener una separación clara entre las bases contras y las comunidades de refugiados, intentando trasladar a éstos lejos de la frontera. Sin embargo, era de conocimiento general que los contras operaban desde los campamentos administrados por el ACNUR y el Comité Internacional de la Cruz Roja, situación que un observador calificó de «un ejemplo de la utilización más extrema de los refugiados como objetos políticos».29 La presencia de grupos armados en los campamentos de refugiados nicaragüenses en Honduras, al igual que la de grupos armados afganos en los «pueblos de refugiados» de Pakistán, ponía en serio peligro a los refugiados. Pero, habida cuenta de que tanto los Estados Unidos como Honduras apoyaban   a los contras, el ACNUR no podía impedirles que actuasen desde estos   campamentos.   Mientras
tanto, varias ONG  criticaban  al ACNUR por no proteger adecuadamente a los refugiados.

En 1987, los flujos de refugiados aumentaron de forma significativa, sobre todo como reacción a una campaña de reclutamiento militar del gobierno sandinista. En diciembre de 1987, el ACNUR había registrado a casi 16.000 refugiados ladinos, aproximadamente el doble que los que tenía registrados a finales de 1986. En 1988, tras el incidente Irán-contra, el Congreso de los Estados Unidos prohibió el envío de ayuda a los contras, sin la cual éstos perdieron fuerza, con lo que el conflicto llegó a un punto muerto. A finales de ese año, los sandinistas y la oposición, incluidos los contras, iniciaron un «diálogo nacional» que desembocó en una serie de acuerdos en 1989 encaminados a poner fin a la guerra.


Refugiados salvadoreños en Honduras

Los refugiados salvadoreños comenzaron a llegar a Honduras en 1980. Inicialmente, se establecieron sin problemas en diversas comunidades de la frontera, especialmente en La Virtud. Sin embargo, tras la llegada de nuevos refugiados, las autoridades hondureñas trataron de poner fin a este asentamiento espontáneo. El gobierno de Honduras pensaba que los refugiados eran colaboradores de la guerrilla y los trataba con desconfianza y hostilidad. En mayo de 1980, por ejemplo, las tropas hondureñas devolvieron a cientos de refugiados que huían de un ataque del ejército salvadoreño. Muchos de los que fueron obligados a regresar fueron asesinados. Pero a pesar de esta acogida, la intensificación de los combates en El Salvador continuó empujando a miles de salvadoreños a huir a Honduras. A principios de 1981, la población de refugiados salvadoreños en Honduras era ya de 30.000 personas.

Los refugiados no encontraron la seguridad que esperaban cuando huyeron a Honduras. Según una enfermera europea que trabajaba en La Virtud: «El ejército salvadoreño, de acuerdo con los soldados hondureños de La Virtud, entraba libremente en territorio hondureño. Algunos refugiados desaparecieron, otros fueron encontrados muertos, y otros fueron detenidos por el ejército hondureño».30 El ACNUR protestó formalmente por los ataques, al igual que altos cargos eclesiásticos de la región, pero con escasos resultados.

Entonces, en octubre de 1981, el gobierno hondureño anunció que iba a trasladar a los refugiados de La Virtud a Mesa Grande, un lugar situado más lejos de la frontera. Según las autoridades, el objetivo era proteger a los refugiados, algo que el ACNUR apoyaba. Sin embargo, algunas ONG y otros observadores creían que los fines reales del gobierno eran impedir que los refugiados auxiliaran a los guerrilleros salvadoreños y despejar la zona de la frontera para que los ejércitos hondureño y salvadoreño pudieran actuar con más libertad en ella. Los refugiados y la mayoría de las ONG que trabajaban en La Virtud se opusieron al traslado, alegando que los primeros quedarían más a merced del hostil ejército hondureño.

La situación llegó a un punto crítico el 16 de noviembre de 1981, cuando un grupo de paramilitares y soldados salvadoreños entró en La Virtud y secuestró a varios refugiados. El gobierno de Honduras utilizó la incursión como excusa para proceder al traslado inmediato, pese a que los preparativos en Mesa Grande no habían finalizado aún. A pesar de la oposición de los refugiados y de la preocupación que sentía, el ACNUR no tenía casi más alternativa que prestar asistencia al traslado. En cinco meses, fueron reubicados 7.500 refugiados. Más de 5.000 regresaron a El Salvador para evitar ser llevados a Mesa Grande. El traslado trajo nuevos problemas. Muchos de los servicios prometidos nunca se materializaron y las condiciones en Mesa Grande eran mucho peores que las de La Virtud. Como consecuencia, aumentó la desconfianza de los refugiados tanto hacia las autoridades hondureñas como hacia el ACNUR.

La política del gobierno de Honduras de mantener a los refugiados salvadoreños en campamentos cerrados dificultó que éstos alcanzaran la autosuficiencia. No se les permitía buscar empleo fuera de los campamentos. Además, sólo podían cultivar la tierra dentro del perímetro de éstos, lo que limitaba la cantidad de alimentos que podían obtener. A pesar de ello, los refugiados eran personas de muchos recursos. Plantaron sus propios huertos dentro del campamento, que llegaron a cubrir todas las necesidades de sus habitantes. También construyeron piscifactorías que proporcionaban toneladas de pescado, criaron cerdos y gallinas y abrieron talleres en los que producían la mayoría de su ropa, su calzado y sus hamacas.

En otro polémico incidente ocurrido en 1983, el gobierno de Honduras comunicó a los refugiados salvadoreños del campamento de Colomoncagua, próximo a la frontera con El Salvador, que también tendrían que trasladarse o regresar a El Salvador. El ACNUR apoyó el plan de reubicación, pero advirtió al gobierno de Honduras de que se opondría a cualquier intento de repatriar a los refugiados por la fuerza.31 Mientras tanto, las ONG internacionales apoyaron la resistencia de los refugiados al traslado. Finalmente, las autoridades hondureñas se echaron atrás y los refugiados no tuvieron que marcharse, pero la vida en Colomoncagua siguió estando llena de tensiones y peligros. Desde el principio, ese campamento sufrió muchos problemas de seguridad, incluidos ataques violentos contra los refugiados, perpetrados a veces en colaboración con miembros de las fuerzas armadas salvadoreñas. También hubo varios incidentes causados por conflictos entre los propios refugiados, particularmente cuando querían ser repatriados en contra de los deseos de sus dirigentes.

El ACNUR quedó atrapado en medio de las presiones divergentes en los campamentos de refugiados salvadoreños. Los gobiernos de Honduras y de los Estados Unidos querían aumentar el control sobre las actividades de los refugiados, mientras que éstos, y la mayoría de las ONG que trabajaban en los campamentos, reclamaban mayor libertad. El personal del ACNUR en los campamentos sufrió en varias ocasiones malos tratos a manos de las autoridades hondureñas.

Las relaciones del ACNUR con las ONG que trabajaban con los refugiados salvadoreños en Honduras también sufrieron tensiones. Las ONG consideraban a menudo que el ACNUR estaba aliado con los gobiernos de Honduras y de los Estados Unidos, que en general eran hostiles a los refugiados salvadoreños. Un miembro del personal del ACNUR escribió en aquel período: «En ningún otro país donde había trabajado antes ha sido el personal internacional de las organizaciones de voluntarios tan hostil al ACNUR como en Mesa Grande y Colomoncagua».32

 

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