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Poco después de la repatriación a Camboya, comenzó otra importante operación de repatriación, esta vez en Mozambique. El regreso a gran escala de refugiados mozambiqueños se produjo tras alcanzarse un acuerdo de paz que puso fin a más de tres décadas de conflicto armado en el país. Entre 1964 y 1975, el conflicto había sido una lucha por la independencia de Portugal librada por el Frente de Liberación de Mozambique (Frente de Libertação de Moçambique, Frelimo). Tras obtener la independencia en 1975, estalló de nuevo la guerra, en esta ocasión entre el Frelimo y las fuerzas de la oposición de la Resistencia Nacional de Mozambique (Resistência Nacional Moçambicana, Renamo). Debido principalmente a la alarmante situación económica del país, el gobierno del Frelimo comenzó a abandonar sus políticas económicas socialistas a mediados de la década de 1980. Por su parte, la retirada de la ayuda sudafricana a la Renamo a principios de los años noventa había privado a este grupo de un apoyo esencial. Pero fue, sobre todo, la pobreza la que llevó a las partes a la mesa de negociaciones. Una grave sequía iniciada en 1992 empeoró unas condiciones ya malas e imposibilitó que el gobierno y la Renamo siguieran manteniendo sus ejércitos. En mayo de 1991, las dos facciones comenzaron un año de negociaciones que finalmente desembocaron en la firma del Acuerdo General de Paz para Mozambique, en octubre de 1992. Para entonces, gran parte de la infraestructura del país estaba destruida y más de una tercera parte de la población había huido de sus hogares al menos en una ocasión. De una población de 16 millones de habitantes, más de 1,7 millones habían buscado refugio en los países vecinos, cerca de 4 millones se habían convertido en desplazados internos y al menos un millón había perdido la vida.20 La repatriación desde seis países La inmensa mayoría de los refugiados mozambiqueños —alrededor de 1,3 millones— vivía en Malaui, donde residían, en su mayor parte, en campamentos desde principios de la década de 1980 (véase recuadro 5.2). No menos de 400.000 más estaban repartidos entre Sudáfrica, Suazilandia, Tanzania, Zambia y Zimbabue.
Reinserción y reconstrucción
La presencia sobre el terreno del ACNUR fue vital cuando la ONUMOZ se marchó del país en diciembre de 1994. Tras su salida, el ACNUR, el PNUD y el Banco Mundial trabajaron en estrecha colaboración en el diseño de programas complementarios. El ACNUR colaboró también con las operaciones de desactivación de minas, pero la lentitud con que avanzaron éstas le hizo cambiar pronto de orientación y se dedicó a promover la divulgación de información sobre minas.24 La operación de repatriación finalizó oficialmente en julio de 1996, y el ACNUR mantuvo 20 oficinas en el terreno en Mozambique hasta que terminó el año. Las organizaciones internacionales, incluido el ACNUR, prestaron asistencia para la rehabilitación de escuelas, clínicas, pozos, carreteras y otras infraestructuras de todo el país. Se iniciaron más de 1.500 proyectos de efecto inmediato. Se disponía de financiación de los donantes y en la labor de rehabilitación participaron numerosos organismos. El programa de reinserción contribuyó a estabilizar y reforzar las comunidades rotas durante la guerra. Al igual que en Centroamérica, los contactos que se entablaron entre antiguos adversarios como consecuencia de estos proyectos de efecto inmediato contribuyeron a reducir las tensiones y a crear estabilidad. Aldo Aiello, Representante Especial en Mozambique del Secretario General de la ONU, atribuyó gran parte del éxito de la operación de la ONUMOZ a tres factores principales: en primer lugar, las nuevas oportunidades que se habían creado como consecuencia del final de la Guerra Fría y del final del apartheid en Sudáfrica; en segundo lugar, la firme voluntad del pueblo mozambiqueño por consolidar la paz; y en tercer lugar, el hecho de que la comunidad internacional había estado dispuesta a aportar fondos y otros recursos de forma sustancial desde el momento en que se firmó el acuerdo de paz.25 Temas de interés: "Derechos humanos y refugiados" Repatriación y reinserción:
un cambio de enfoque Durante la década de 1990, fue quedando cada vez más evidente que, inmediatamente después de un conflicto, los refugiados suelen volver a situaciones en las que la paz es frágil y las tensiones siguen siendo grandes, continúa habiendo una inestabilidad política crónica y las infraestructuras están destruidas. Muchas veces estos países oscilan precariamente entre la perspectiva de que continúe la paz y el regreso a la guerra. En estas condiciones, la prevención de que vuelvan a estallar los combates y se produzcan nuevas salidas de refugiados depende en gran medida de los esfuerzos que hagan los agentes locales, regionales e internacionales para garantizar una paz duradera. En los pocos años que transcurrieron entre el regreso de los refugiados a Namibia, en 1989, y el de los refugiados de Mozambique, en 1993 y 1994, el papel del ACNUR en las operaciones de repatriación sufrió una profunda transformación. En las décadas anteriores, la participación del ACNUR en las operaciones de repatriación había sido en general breve y en pequeña escala, y la organización se dedicó sobre todo a garantizar el retorno sin riesgos de los refugiados. En cambio, las operaciones de repatriación en Centroamérica, Camboya y Mozambique se llevaron a cabo con un enfoque nuevo y más amplio. En cada uno de estos casos, el ACNUR desempeñó un importante papel en las operaciones de consolidación de la paz de la ONU, y las actividades humanitarias estuvieron integradas en un marco estratégico y político más general encaminado a lograr la reconciliación, la reinserción y la reconstrucción. Durante la década de 1990 también se hizo
cada vez más evidente que los esfuerzos por la consolidación
de la paz deben mantenerse en el tiempo para que ayuden de forma eficaz
a las sociedades a superar las animosidades, el trauma y la desesperación
engendradas por los años de guerra y exilio. Durante los años
optimistas de principios de la década, los donantes contribuyeron
con generosidad a los esfuerzos de mantenimiento y consolidación
de la paz de la ONU. Sin embargo, en los años siguientes, a menudo
se mostraron reacios a sostener estos niveles de financiación
durante períodos largos. Resultó especialmente difícil
obtener el necesario apoyo de los donantes para programas en países
de escasa importancia estratégica, especialmente cuando se retiraban
los focos de los medios de comunicación internacionales. Ya en
1993, el apoyo económico con que contaba el ACNUR era inferior
a las necesidades previstas. Este problema continuó existiendo
durante el resto de la década.
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