El asilo después de la caída del Muro de Berlín La caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989, sometió al sistema internacional de protección de los refugiados en Europa occidental a una presión aún más grave que la experimentada durante la década de 1980. De improviso, las personas residentes en el antiguo bloque comunista tuvieron libertad para abandonar sus respectivos países. Se extendió la preocupación ante la posibilidad de que riadas incontrolables de personas entraran en masa en Europa occidental. El éxodo caótico de Albania a Italia durante la década de 1990, en particular en 1991 y 1997, y la llegada masiva de refugiados de la antigua Yugoslavia a partir de 1992, hicieron que los gobiernos de Europa occidental cayeran en la cuenta de que no eran inmunes a los movimientos forzados de población que se originaban en su inmediata proximidad.
no estaban preparados para un
número tan elevado de personas. La capacidad existente quedó
desbordada en breve plazo, y los Estados demostraron no estar dispuestos
a asignar recursos en proporción a la magnitud del problema. Al
mismo tiempo, decenas de miles de solicitantes de asilo llegaron también
de países no europeos, como Afganistán, Angola, Ghana, Irán,
Iraq, Nigeria, Pakistán, Somalia, Sri Lanka, Vietnam y Zaire.
El marco dominante en la política
de refugiados, con su énfasis en la evaluación de cada petición
individual, pareció estar cada vez menos preparado para solventar
el problema. En 1992, la Alta Comisionada, Sadako Ogata, expresó
su preocupación por el futuro de la protección de los refugiados:
«A medida que avanza la década de 1990, es indudable que
Europa está en una encrucijada. ¿Volverá Europa la
espalda aquellos que se ven obligados a trasladarse, o fortalecerá
su larga tradición de salvaguardia de los derechos de los oprimidos
y los desarraigados?, ¿construirá Europa nuevos muros, sabiendo
que los muros no han detenido a quienes huían de la persecución
totalitaria en el pasado?»5 Cuando los cauces de ingreso legal comenzaron a cerrarse, los solicitantes de asilo, junto con otros migrantes, recurrieron con creciente asiduidad a contrabandistas y traficantes para llegar a Europa occidental. Muchos utilizaron documentación falsa o destruyeron sus documentos por el camino. Esto, a su vez, reafirmó el escepticismo de la opinión pública acerca de las verdaderas motivaciones de los solicitantes de asilo. En un intento de contrarrestar la creciente hostilidad hacia los solicitantes de asilo, los grupos de defensa de la causa de los refugiados se esforzaron por promover una imagen más positiva de los refugiados y recabar el apoyo público para la protección de los refugiados. En este período, estos grupos de defensa se mostraron reacios a reconocer la necesidad de repatriar a sus países de origen a los solicitantes de asilo cuyas peticiones fueran rechazadas, un factor que contribuyó a polarizar el debate sobre las cuestiones relativa al asilo. Al mismo tiempo, ciertos partidos políticos y algunos medios de comunicación parecieron estar a menudo más interesados en jugar con los sentimientos racistas y xenófobos contra los inmigrantes en un intento de conseguir votos o aumentar las ventas. En octubre de 1998, por ejemplo, un periódico local del Reino Unido, The Dover Express, llegó a calificar a los solicitantes de asilo de «aguas residuales humanas.»6 Temas de referencia: "Tendencias de la financiación"
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