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La guerra en Croacia y en Bosnia y Herzegovina
En 1992, la guerra se extendió a la vecina Bosnia y Herzegovina, con consecuencias aún más devastadoras. Bosnia y Herzegovina era la república de la antigua Yugoslavia donde existía el mayor grado de mezcla étnica. Según un censo de población yugoslavo de 1991, los tres grupos principales en Bosnia y Herzegovina eran los musulmanes (44%), los serbios (31%) y los croatas (17%).11 Cuando Bosnia y Herzegovina declaró su independencia en marzo de 1992, el gobierno de Serbia, encabezado por el presidente Slobodan Milosevic, juró combatir en defensa de la minoría serbia de Bosnia. Unos días después, fuerzas paramilitares serbias irrumpieron en la región oriental de la república y comenzaron a matar o expulsar a los residentes croatas y musulmanes. Más o menos al mismo tiempo, fuerzas serbias del ejército yugoslavo tomaron las colinas que rodean la capital bosnia, Sarajevo, y comenzaron a atacarla con fuego de artillería. A finales de abril de 1992, el 95% de las poblaciones musulmana y croata de las ciudades y centros urbanos importantes del este de Bosnia se habían visto obligadas a abandonar sus hogares y Sarajevo era objeto de bombardeos diarios. A mediados de junio, las fuerzas serbias controlaban dos tercios de Bosnia y Herzegovina y aproximadamente un millón de personas habían huido de sus hogares.
La «hoja de parra» humanitaria Estos movimientos de población masivos y la amplia cobertura informativa de los horrores de la guerra dieron lugar a una de las mayores operaciones de asistencia internacionales que se han organizado. En octubre de 1991, coincidiendo con el desplazamiento de población que tenía lugar en Croacia, las autoridades yugoslavas solicitaron la ayuda del ACNUR. En noviembre, el Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, pidió formalmente a la Alta Comisionada, Sadako Ogata, que considerase la posibilidad de prestar sus «buenos oficios» para prestar ayuda a los desplazados internos necesitados que se habían visto afectados por el conflicto y para coordinar la acción humanitaria en la región.12 Después de una misión de investigación sobre el terreno, el ACNUR aceptó el papel y se puso oficialmente al frente de la coordinación de la asistencia humanitaria del sistema de la ONU en la región en noviembre de 1991.13 El ACNUR organizó operaciones de asistencia en todas las repúblicas de la antigua Yugoslavia, pero encontró los mayores desafíos en Bosnia y Herzegovina. Cuando el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) se retiró temporalmente de Sarajevo en mayo de 1992, tras la muerte por disparos de uno de sus delegados, el papel del ACNUR en Sarajevo, en particular, adquirió una importancia capital. El ACNUR comenzó a enviar miles de toneladas de suministros de ayuda de emergencia por vía aérea a Sarajevo, y por carretera a destinos de todo el país. Por primera vez en su historia, el ACNUR coordinó —en plena guerra— una operación de ayuda de emergencia de gran magnitud para ayudar no sólo a los refugiados y los desplazados internos, sino también a los cientos de miles de civiles afectados por la guerra.14 Incapaz de ponerse de acuerdo sobre el modo de poner fin al conflicto, la comunidad internacional concentró gran parte de sus energías en apoyar la operación de asistencia humanitaria dirigida por el ACNUR. Los gobiernos aportaron grandes cantidades de fondos para la operación de ayuda de emergencia, pero no fueron capaces de llegar a un consenso en muchas cosas más. La operación humanitaria se convirtió gradualmente en una «hoja de parra» y en la única respuesta visible de la comunidad internacional ante la guerra. Como declaró François Fouinat, coordinador del Grupo de Trabajo del ACNUR para la antigua Yugoslavia, en octubre de 1993, «no es sólo que las actividades humanitarias de la ONU se hayan politizado; se trata más bien de que nos hemos transformado en la única manifestación de la voluntad política internacional».15 La alta prioridad asignada a la operación humanitaria hizo que el ACNUR desempeñara también un papel importante en las negociaciones políticas internacionales relativas a la guerra. La Alta Comisionada Ogata informó con frecuencia al Consejo de Seguridad de la ONU acerca de la situación humanitaria sobre el terreno. Asimismo, en su calidad de presidenta del Grupo de Trabajo sobre Cuestiones Humanitarias de la Conferencia Internacional sobre la ex Yugoslavia, se reunió a menudo con negociadores de paz internacionales, dirigentes de las partes en conflicto y delegaciones gubernamentales. Un elemento clave de la respuesta internacional fue
el despliegue de tropas de mantenimiento de la paz de la ONU. La Fuerza
de Protección de las Naciones Unidas (UNPROFOR), que estableció
un cuartel general sectorial en Sarajevo en febrero de 1992, se desplegó
inicialmente para supervisar el alto el fuego en Croacia. Cuando la
guerra se extendió, sucesivas resoluciones del Consejo de Seguridad
de la ONU asignaron a la UNPROFOR el mandato adicional de crear las
condiciones para la entrega efectiva de la ayuda humanitaria en Bosnia
y Herzegovina.16
La UNPROFOR tuvo éxito al principio, en junio de 1992,
al hacerse con el control del aeropuerto de Sarajevo que, durante el
resto de la guerra, fue de vital importancia para facilitar la entrega
de suministros de ayuda de emergencia a la población sitiada
de Sarajevo. Aunque el mandato de la UNPROFOR se amplió más
tarde para incluir la disuasión de ataques contra las «zonas
seguras» y otras tareas, el garantizar el acceso de los suministros
humanitarios siguió siendo una parte primordial de su mandato
durante toda la guerra. En 1995 había en Bosnia más de
30.000 soldados de la UNPROFOR. |
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