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Después de la Guerra Fría El capítulo 8 examina los movimientos masivos de población que se produjeron tras la disolución de la Unión Soviética en 1991 y algunas de las complejas interrelaciones entre migración y desplazamiento forzado. En la década de 1990 había en todo el mundo no menos de nueve millones de personas fuera de su hogar. Estos movimientos incluían la repatriación de personas que se encontraron fuera de sus «países de origen» tras el trazado de las nuevas fronteras nacionales, y el retorno de miles de personas que habían sido deportadas por Josef Stalin en la década de 1940. Los conflictos interétnicos y separatistas en el sur del Cáucaso y en el Asia central también generaron oleadas de desplazados y refugiados en la primera mitad de la década que hicieron que el ACNUR pusiera en marcha grandes operaciones de ayuda de emergencia. El capítulo expone el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán a causa de Nagorno-Karabaj, los conflictos en los territorios autónomos de Abjazia y Osetia del Sur, en Georgia, y la guerra civil en Tayikistán. También se ocupa del desplazamiento causado por el conflicto en Chechenia en la segunda mitad de la década, que ocasionó que el ACNUR interviniera en peligrosas y complejas operaciones de ayuda de emergencia en el Cáucaso septentrional. La agitación de los años noventa dio lugar a una rápida expansión de las funciones y operaciones del ACNUR, ya que la comunidad internacional recurrió a menudo a esta organización para tratar de resolver algunos de los dilemas más agudos. El ACNUR intervino en situaciones de conflicto armado y comenzó a trabajar hombro con hombro y en mayor medida con las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU y con otras fuerzas militares multinacionales. También participó cada vez más en la asistencia a los desplazados internos y a otras poblaciones afectadas por la guerra. El capítulo 9 está dedicado a dos importantes situaciones de emergencia de refugiados de la década de 1990 en las que el ACNUR coordinó operaciones de ayuda de emergencia a gran escala al tiempo que trabajaba en estrecha colaboración con fuerzas militares multinacionales. La primera fue la huida masiva de kurdos del norte de Iraq en 1991, tras la represión desatada por el gobierno iraquí contra la rebelión que estalló al final de la guerra del golfo Pérsico. La negativa del gobierno de Turquía a conceder asilo a los kurdos iraquíes hizo que las fuerzas de una coalición encabezada por los Estados Unidos organizaran una enorme operación de ayuda de emergencia para las personas que quedaron atrapadas en los pasos de montaña de la frontera entre Iraq y Turquía. Posteriormente, las fuerzas de la coalición crearon un «refugio provisional» para ellas en el norte de Iraq. La operación de ayuda de emergencia, que después asumió el ACNUR, fue decisiva para la organización, pues supuso el comienzo de una tendencia a intervenir cada vez más en los «países de origen», frente a los «países de asilo».
También se explica en el capítulo 9 la crisis de refugiados que estalló en el sur de los Balcanes en 1999, cuando cerca de 800.000 albanokosovares huyeron a Albania y a la República ex Yugoslava de Macedonia. Examina los intentos del ACNUR de coordinar la ayuda internacional a los refugiados, la tendencia a aumentar la asistencia bilateral, el papel de la fuerza militar dirigida por la OTAN en la construcción de campamentos de refugiados y en la provisión de otros apoyos a la operación humanitaria, y el «programa de evacuación humanitaria» que se creó para llevar a los refugiados desde Macedonia a terceros países. Después evalúa la situación en Kosovo desde junio de 1999, cuando la República Federativa de Yugoslavia aceptó formalmente un plan de paz en virtud del cual retiró de la provincia todo su ejército, su policía y sus fuerzas paramilitares, y se desplegó en ésta una fuerza dirigida por la OTAN. En tres meses, alrededor de 200.000 serbios y miembros de otras minorías huyeron de Kosovo en un proceso que se conoció con el nombre de «limpieza étnica inversa». En cuanto a las emergencias de refugiados en África durante la década de 1990, el capítulo 10 narra el éxodo de más de dos millones de ruandeses al Zaire, Tanzania, Burundi y Uganda tras el genocidio de Ruanda de 1994. Centrándose en la situación en el Zaire (que más tarde se convirtió en la República Democrática del Congo) y Tanzania, expone los numerosos dilemas que tuvieron que afrontar el ACNUR y otras organizaciones humanitarias cuando trataban de ayudar a los refugiados alojados en campamentos controlados en gran medida por miembros del antiguo gobierno ruandés y su ejército, que habían sido los responsables del genocidio. El capítulo explica cómo muchos refugiados de los campamentos permanecieron retenidos como rehenes políticos de hecho y cómo fueron utilizados como «escudos humanos» por los autores del genocidio. El ACNUR hizo varios intentos para mejorar la seguridad de los refugiados y garantizar la naturaleza civil y humanitaria de los campamentos. El capítulo ilustra cómo la politización y militarización de los campamentos y asentamientos de refugiados puede traducirse en ataques e incursiones en países vecinos que pueden desestabilizar regiones enteras. Los capítulos 9 y 10 también exponen de forma sucinta otras situaciones de emergencia importantes producidas en los años noventa, como el conflicto en Somalia que provocó un desplazamiento masivo de población y una gran diáspora, la crisis de refugiados de Timor Oriental de 1999 y las emergencias de refugiados en el África occidental. Estos capítulos examinan también las medidas políticas adoptadas en relación con los desplazados internos, la cuestión de la justicia penal internacional, el problema de la militarización de los campamentos de refugiados y la relación entre los refugiados y la pandemia del SIDA. Por último, el capítulo
11 mira hacia el futuro, a algunos de los retos del siglo XXI. Analiza
el proceso de la globalización, la naturaleza cambiante de
los conflictos, la creciente complejidad de los movimientos de población
y las nuevas formas de acción humanitaria. En concreto, estudia
la evolución del papel del ACNUR en las respuestas a las necesidades
de los refugiados, de los desplazados internos y de otras personas.
El capítulo destaca el hecho de que sigue siendo necesario
encontrar soluciones duraderas a los problemas del desplazamiento
forzado, poniendo de relieve que la paz y la estabilidad internacionales
dependen de la seguridad humana. 1 E. Hobsbawm, On History, Abacus, Londres, 1998, p. 353. 2 Véase ACNUR, La situación de los refugiados en el mundo: En busca de soluciones, Alianza Editorial, Madrid, 1995, pp. 30-55. 3 L.W. Holborn, Refugees: A Problem of our Time: The Work of the United Nations High Commissioner for Refugees, 1951-1972, 2 volúmenes, Methuen, Scarecrow Press, NJ, 1975.
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