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| Prólogo por la Alta
Comisionada de las Naciones Unidas para los Refugiados
Un repaso de los títulos de algunos capítulos de este libro es suficiente para entender por qué el 50 aniversario del ACNUR no es motivo de celebración. Década a década, el libro presenta una descarnada crónica de las grandes convulsiones del último medio siglo, una serie aparentemente interminable de conflictos y crisis que han tenido como resultado el desplazamiento de decenas de millones de personas. Cuando entramos en el nuevo milenio, el hecho de que el ACNUR siga siendo necesario en el mundo debería servir para recordarnos el permanente fracaso de la comunidad internacional en lo relativo a prevenir los prejuicios, la persecución, la pobreza y otras causas fundamentales de conflictos y desplazamientos. Cuando más de un millón de personas se han visto obligadas a huir de sus hogares en Kosovo, Timor Oriental y Chechenia en el último año del siglo XX, es evidente que el problema del desplazamiento forzado no ha desaparecido, y es probable que siga siendo una preocupación importante de la comunidad internacional en el siglo XXI. Pero si bien es cierto que la longevidad del ACNUR como organización no es algo que celebrar, es indudable que sí lo es el valor de las decenas de millones de refugiados y desplazados que han sobrevivido en los últimos 50 años. A menudo perdiéndolo todo menos la esperanza, figuran entre los grandes supervivientes del siglo XX y se merecen nuestro respeto. Por ello, en este año de aniversario, el ACNUR les rinde homenaje por sus innumerables logros individuales y colectivos. Del mismo modo que ha aumentado el número de personas que son objeto de preocupación para el ACNUR, también se ha acentuado la complejidad del problema del desplazamiento forzado. Hoy, la política de refugiados se sitúa en el contexto de cambios geopolíticos radicales; del enorme incremento del número de desplazados internos; del predominio de las emergencias humanitarias en situaciones de conflicto en las que la población civil es el objetivo principal y en las que los trabajadores humanitarios entran a menudo en la línea de fuego; del proceso de globalización que brinda oportunidades a unos pero al mismo tiempo se las niega a otros; de la expansión del tráfico de seres humanos; de la disminución de las oportunidades de asilo; y de las críticas abiertas a la Convención de la ONU sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 que constituye el centro del trabajo del ACNUR. Los Estados han mostrado con frecuencia una gran hospitalidad y generosidad al acoger a los refugiados y otras personas desplazadas. Asimismo, el ACNUR (junto con sus asociados) ha desempeñado en muchas ocasiones un papel importante en la protección y asistencia de esas personas y a la hora de ayudarlas a rehacer su vida. Pero, como ilustran a la perfección los capítulos de este libro, la acción humanitaria tiene un valor limitado si no forma parte de un marco político y estratégico más amplio que tenga como objetivo afrontar las causas fundamentales del conflicto. La experiencia ha demostrado una y otra vez que la acción humanitaria por sí sola no puede resolver problemas que son de naturaleza esencialmente política. Pero con harta frecuencia, las organizaciones humanitarias como el ACNUR se han encontrado aisladas y solas en situaciones peligrosas y difíciles, en las que han tenido que actuar sin el adecuado respaldo económico y político. Lamentablemente, el tipo de compromiso político internacional que los Estados han mostrado en relación con el desplazamiento humano en algunas regiones ha brillado por su ausencia en otras regiones consideradas de menor importancia estratégica. Aun cuando la comunidad internacional ha respondido con celeridad a algunas de las grandes emergencias de refugiados en África, como la crisis de los refugiados ruandeses que comenzó en 1994, los donantes han tardado en facilitar apoyo en otras situaciones. En 1999, por ejemplo, los donantes aportaron rápidamente fondos y recursos para los desplazados por el conflicto de Kosovo. Pero se prestó escasa atención a la situación en África occidental, donde cientos de miles de personas fueron desarraigadas por las crisis de Sierra Leona y Guinea-Bissau. Los Estados también han demostrado en muchos casos falta de compromiso político para resolver los problemas de los refugiados durante la fase posterior al conflicto, cuando la atención de los medios de comunicación internacionales se ha trasladado a otro lugar. En muchos casos, los refugiados y otras personas desplazadas regresan a hogares donde es necesario consolidar una paz precaria mediante la reconciliación, la rehabilitación y la reconstrucción. Por desgracia, la incertidumbre política frena en muchas ocasiones la participación de organizaciones de desarrollo y la inversión de las instituciones financieras, y como consecuencia la brecha entre la asistencia humanitaria de emergencia y la ayuda al desarrollo a más largo plazo continúa sin abordarse en gran medida. Este libro presenta un análisis crítico de muchas de estas importantes cuestiones. Intenta ofrecer un relato objetivo de las difíciles situaciones en que se han encontrado las personas desplazadas y de los cambios registrados en el entorno político internacional en el que han actuado el ACNUR y otras organizaciones humanitarias. La finalidad del libro no es erigirse en juez, ni narrar la historia oficial del ACNUR y del problema de los refugiados. Por el contrario, se trata de exponer una panorámica histórica de los muchos dilemas a los que se han enfrentado los gobiernos, las organizaciones humanitarias y otros actores al ocuparse del problema del desplazamiento humano. He tenido el honor de estar al frente del ACNUR y
de sus entregados trabajadores durante la mayor parte de la década
de 1990. En estos años como Alta Comisionada, he tratado reiteradamente
de subrayar la relación entre el desplazamiento humano, la
paz y la seguridad internacionales. Es de vital importancia que la
comunidad internacional continúe buscando soluciones duraderas
a los problemas del desplazamiento humano. Quienes no presten atención
a estos problemas se exponen a un gran riesgo. La historia ha demostrado
que el desplazamiento no es sólo una consecuencia de los conflictos;
puede ser también la causa. Sin seguridad humana, no puede
haber paz y estabilidad.
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