1 . 1 Nansen y McDonald: pioneros
de la protección de los refugiados
El ACNUR inició su labor después
de la Segunda Guerra Mundial, pero los esfuerzos concertados internacionales
para ayudar a los refugiados comenzaron realmente en el período
de entreguerras. Entre 1919 y 1939, los conflictos violentos y
la agitación política desarraigaron a más
de cinco millones de personas sólo en Europa, entre las
que había rusos, griegos, turcos, armenios, judíos
y republicanos españoles.
Dos de los pioneros más importantes de
la labor internacional a favor de los refugiados en el período
de entreguerras fueron los dos primeros Altos Comisionados para
los Refugiados nombrados por la Sociedad de Naciones, Fridtjof
Nansen, de Noruega (1921-1930) y James McDonald, de los Estados
Unidos (1933-1935). Aunque sostenían opiniones diferentes
sobre el enfoque que había que dar a los problemas de los
refugiados, ambos dejaron su impronta en los esfuerzos que se
hicieron posteriormente en el ámbito de su protección
internacional.
Fridtjof Nansen
Los primeros esfuerzos internacionales formales
de asistencia a los refugiados comenzaron en agosto de 1921, cuando
el Comité Internacional de la Cruz Roja pidió a
la Sociedad de Naciones que prestara asistencia al más
de un millón de refugiados rusos desplazados durante la
guerra civil rusa, muchos de los cuales eran víctimas de
la hambruna. La Sociedad de Naciones respondió nombrando
a Fridtjof Nansen, un famoso explorador polar, «Alto Comisionado
de la Sociedad [de Naciones] en relación con los problemas
de los refugiados rusos en Europa». Más tarde se
amplió su mandato a los griegos, los búlgaros, los
armenios y a otros grupos de refugiados.
Nansen asumió la ingente tarea de definir
el estatuto legal de los refugiados rusos y de organizar que se
les diera empleo en los países de acogida o su repatriación.
La Sociedad de Naciones le concedió 4.000 libras esterlinas
para acometer esta gigantesca labor y Nansen contrató personal
de inmediato, y estableció lo que más tarde sería
la estructura básica del ACNUR: una oficina del Alto Comisionado
en Ginebra, y representantes locales en los países de acogida.
Para encontrar empleos adecuados para los refugiados, Nansen trabajó
en estrecha colaboración con la Organización Internacional
del Trabajo, y ayudó a que unos 60.000 refugiados obtuvieran
trabajo.
Nansen prestó especial atención a la protección
legal de los refugiados. Organizó una conferencia internacional
que desembocó en la creación de documentos de viaje
y de identidad para los refugiados, conocidos generalmente con
el nombre de «pasaportes Nansen». Cuando fracasaron
las negociaciones con la Unión Soviética sobre la
repatriación de los refugiados rusos, Nansen fue el primero
en propugnar la adopción de medidas adicionales para que
los refugiados tuvieran un estatuto legal seguro en sus países
de acogida. Estos primeros acuerdos se convirtieron después
en la base de las Convenciones para los Refugiados de 1933 y de
1951.
En 1922, Nansen tuvo que ocuparse de otra crisis
de refugiados: la huída de casi dos millones de personas
de la guerra greco-turca. Se desplazó de inmediato a la
región para ayudar a coordinar los esfuerzos de ayuda de
emergencia internacionales. Mientras estaba en Grecia, Nansen
subrayó que el Alto Comisionado debía permanecer
neutral en las disputas políticas. Aunque a título
personal culpó a Turquía de la crisis, envió
ayuda tanto a los refugiados griegos como a los turcos y se entrevistó
con autoridades de ambos países. La Sociedad de Naciones
le asignó finalmente la responsabilidad de asentar a los
refugiados de origen griego procedentes de Turquía en Tracia
occidental. Nansen dedicó gran parte del resto de su vida
a tratar de gestionar un crédito para reasentar refugiados
armenios en la Unión Soviética. Sin embargo, la
enérgica oposición anticomunista le impidió
alcanzar este objetivo.
En 1922, Nansen fue galardonado con el Premio
Nobel de la Paz por su labor. Tras su muerte en 1930, ésta
fue asumida por la Oficina Internacional Nansen. A partir de 1954,
el ACNUR concede todos los años la medalla Nansen a personas
o grupos de personas que prestan un servicio excepcional a los
refugiados.
James McDonald
En los años treinta, la comunidad internacional
afrontó el reto que supuso la huida de refugiados de la
Alemania nazi. Aunque la Sociedad de Naciones se negó a
financiar ayuda para los refugiados de forma directa, nombró
al profesor universitario y periodista estadounidense James McDonald
«Alto Comisionado para los Refugiados (judíos y otros)
procedentes de Alemania» independiente. Desde 1933 hasta
1935, McDonald luchó contra las restricciones impuestas
a la inmigración en todo el mundo para gestionar el reasentamiento
de refugiados judíos. Su labor fue especialmente útil
en la coordinación del trabajo de las organizaciones de
voluntarios, que facilitaron la mayor parte de los fondos destinados
a la asistencia de los refugiados. En los dos años que
ocupó el cargo de Alto Comisionado, McDonald ayudó
al reasentamiento de 80.000 refugiados en Palestina y en otros
países del mundo.
En septiembre de 1935, cuando los nazis promulgaron
las leyes de Nuremberg que privaban a los judíos de la
ciudadanía y del derecho a voto, McDonald afrontó
su mayor reto. Los nazis también alentaron a los alemanes
a que despidieran a los judíos de sus puestos de trabajo
y boicoteasen sus negocios. Al aumentar la persecución,
salió de Alemania un aluvión de refugiados. Frustrado
ante la actitud de la Sociedad de Naciones, que no estaba dispuesta
a tomar medidas más enérgicas, McDonald dimitió
de su cargo el 27 de diciembre de 1935. En una carta ampliamente
difundida en aquellas fechas por la prensa internacional, advirtió:
Cuando las políticas nacionales amenazan
con la desmoralización de seres humanos, las consideraciones
sobre la corrección diplomática deben ceder ante
las de la humanidad común. Sería desleal si no llamara
la atención sobre la situación actual, y ruego a
la opinión pública que, actuando por medio de la
Sociedad y de sus Estados miembros y de otros países, actúe
para impedir las tragedias existentes y por venir.i
Pese a los esfuerzos de McDonald, su llamamiento
a favor de una intervención directa en Alemania fue desoído.
La Sociedad de Naciones siguió considerando que el trato
que daba Alemania a los judíos era una mera cuestión
interna. Aunque fracasaron los esfuerzos de McDonald, éste
destaca como uno de los primeros defensores de la necesidad de
una acción política resuelta para abordar las causas
fundamentales de los movimientos de refugiados.