1 . 4 El plan de indemnizaciones para los
refugiados de Alemania de la posguerra
Poco después de la fundación de la República
Federal de Alemania, en 1949, comenzó el debate sobre la
indemnización a las víctimas de la persecución
nazi. Rara vez se empleó la palabra «reparación»
o Wiedergutmachung, en alemán (literalmente, «hacer
el bien de nuevo»), puesto que había una coincidencia
general en que ninguna cantidad económica podría
compensar los horrores del Holocausto.
Las primeras leyes de la República Federal
definieron como «perseguidos», a los fines de indemnización
y compensación, a aquellas personas que hubieran sufrido
a causa de su raza, religión u opinión política.
El resto, aun cuando hubieran estado en un campo de concentración
o trabajado como mano de obra esclava, no estaba incluido en esta
definición, sino en la de personas «lesionadas por
motivos de nacionalidad» (Nationalgeschädigte,
en alemán, o national persecutees, en inglés:
«perseguidos nacionales»).
Había decenas de miles de «perseguidos
nacionales»: polacos, ucranianos, bielorrusos, serbios,
checos, eslovacos y personas de otros países que habían
sido internados o deportados para trabajar como mano de obra esclava
en fábricas alemanas. La vida de la mayoría de estos
supervivientes había quedado hecha añicos: tenían
la salud rota, sus familias habían sido desarraigadas y
dispersadas, y sus casas habían resultado dañadas
o destruidas. Tras la guerra, muchos se dirigieron a América
del Norte o del Sur, a Sudáfrica y a Australia. Sin embargo,
sus nuevos países de residencia no aceptaron sus demandas
porque no eran ciudadanos de esos países cuando se produjo
la persecución.
Las primeras negociaciones sobre indemnizaciones
se centraron en los perseguidos por motivos religiosos. La Conferencia
sobre Reclamaciones Materiales Judías contra Alemania (la
«Conferencia de Reclamaciones»), fundada en 1951,
agrupó a numerosas organizaciones judías y, en el
siguiente medio siglo, intervino con energía a favor de
las víctimas judías del nazismo. Los demás
grupos de víctimas, como los roma (gitanos) o los comunistas,
carecieron de una organización similar, que tampoco tuvieron
los «perseguidos nacionales».
La primera Ley de Indemnizaciones de la República
Federal de Alemania, promulgada en 1953, dispuso el pago de cantidades
limitadas a determinados «perseguidos nacionales»
cuya salud resultó gravemente deteriorada y que se habían
convertido en refugiados antes de determinadas fechas. Las leyes
posteriores, de 1956, no proporcionaron a este grupo ninguna ayuda
adicional.
En 1957, los gobiernos occidentales comenzaron
a negociar con el gobierno alemán de Bonn las indemnizaciones
de sus respectivos ciudadanos. Aunque se habló de un fondo
mundial que incluiría a los «perseguidos nacionales»,
finalmente se decidió que la cuestión de la compensación
debería esperar a que hubiera un tratado de paz formal.
Mientras tanto, Alemania mantendría conversaciones con
el ACNUR sobre los refugiados que habían sufrido a causa
de su nacionalidad.
El fondo de solidaridad
En 1960, Alemania y el ACNUR concluyeron un primer
acuerdo, en virtud del cual el Alto Comisionado administraría
un «fondo de solidaridad» de 45 millones de marcos
alemanes aportados por el gobierno alemán para los «perseguidos
nacionales» que se convirtieron en refugiados antes del
1 de octubre de 1953. En los cinco años siguientes, el
ACNUR pagó cantidades de entre 3.000 y 8.000 marcos a alrededor
de 10.000 personas.
Mientras tanto, otros posibles beneficiarios
huyeron a Occidente, y en 1965, el fondo se había agotado.
Al año siguiente, el ACNUR y Alemania firmaron un acuerdo
adicional en el que se ampliaba el plazo al 31 de diciembre de
1965 y se añadían al fondo otros 3,5 millones de
marcos. Sin embargo, las indemnizaciones reclamadas siguieron
siendo superiores al dinero disponible, y esta cantidad se agotó
enseguida.
Fue una difícil tarea decidir quién
debía recibir las modestas cantidades puestas a disposición
del ACNUR. El personal del Alto Comisionado seleccionó
solicitudes de supervivientes de todo el mundo. Muchos adjuntaban
fotografías tomadas antes de la deportación y de
comenzar a trabajar como mano de obra esclava en Alemania. Otros
incluían certificados médicos, presupuestos familiares
escritos a mano o facturas no pagadas. Las cantidades relativamente
pequeñas disponibles para la distribución no eran
en modo alguno proporcionales a la persecución que habían
sufrido estas personas. Sin embargo, se consideró que era
muy importante demostrar a las víctimas que no habían
sido olvidadas.
En 1980, la Conferencia de Reclamaciones comenzó
a negociar con la República Federal de Alemania la creación
de un nuevo fondo para los perseguidos judíos que no huyeron
a Occidente hasta después de 1965. El ACNUR solicitó
a su vez nuevos fondos para los «perseguidos nacionales»
que se convirtieron en refugiados con posterioridad a 1965.
Las negociaciones iniciadas por la Conferencia
de Reclamaciones desembocaron en la creación de tres nuevos
fondos por un valor total de 500 millones de marcos alemanes destinados
a las víctimas definidas en la legislación alemana,
con exclusión de los «perseguidos nacionales».
Para éstos, se estableció un nuevo fondo de 5 millones
de marcos administrado por el ACNUR. No obstante, se constató
enseguida que no sería suficiente. La emigración
procedente de Europa oriental, especialmente de Polonia, aumentaba,
y en la nueva oleada de refugiados había muchas personas
con derecho a recibir indemnización. En 1984, Alemania
entregó al fondo administrado por el ACNUR otros 3,5 millones
de marcos. En mayo de aquel año, se habían recibido
más de 1.100 nuevas solicitudes y se esperaba que llegasen
más, todas ellas de supervivientes que se habían
convertido en refugiados después de 1965.
Las cartas que llegaron al ACNUR demostraban
que los solicitantes seguían sufriendo los efectos de la
persecución. Muchos tenían la salud tan deteriorada
que no podían trabajar. Ninguna cantidad de dinero podría
reparar el daño infligido, pero las víctimas querían
que se reconociera su sufrimiento, aun cuando hubieran superado
ya la edad de jubilación.
La asistencia del ACNUR a los refugiados
por medio del fondo de solidaridad finalizó en 1993. Para
entonces, el gobierno de la República Federal había
pagado, a través del fondo administrado por el ACNUR, 59
millones de marcos a refugiados y ex refugiados que habían
sido víctimas de la persecución nazi.