1 . 5 Los refugiados chinos en Hong Kong
Hong Kong, ciudad de la costa meridional de China bajo la administración
colonial británica desde 1842, se convirtió en un
refugio durante los períodos de agitación en la
China continental. Su población aumentó con quienes
buscaron cobijo de la rebelión Taiping de la década
de 1850, de la rebelión de los boxers de 1900 y de la guerra
chino-japonesa de 1937-1945. Tras la derrota de las fuerzas británicas
ante Japón, en diciembre de 1941, la población de
Hong Kong disminuyó, y pasó de tener más
de un millón de habitantes a tener 650.000, aunque la mayoría
de quienes huyeron durante la ocupación japonesa regresó
cuando se restableció el control británico en 1945.
Entre 1949 y 1950, se sumaron a estos retornados
cientos de miles de recién llegados que huían del
triunfo de las fuerzas comunistas en China. Muchos de ellos regresaron
posteriormente a sus hogares en el continente en cuanto se restableció
la paz. La población de Hong Kong comenzó a estabilizarse
en alrededor de 2,25 millones de habitantes entre 1953 y 1954.
Este aumento cercano al 300 por cien en sólo ocho años
creó una fuerte presión sobre las infraestructuras
locales.
El representante de China ante la ONU planteó
la cuestión de estas nuevas llegadas ante la Asamblea General
de la organización en 1951 y 1952. En respuesta, en 1954,
el Alto Comisionado van Heuven Goedhart envió una «misión
de estudio» financiada por la Fundación Ford para
investigar el caso de los refugiados chinos en Hong Kong. Según
el informe de la misión, presentado en 1954, no todos los
recién llegados podían considerarse refugiados con
un «temor fundado de persecución».ii
En él se identificaba a alrededor de 285.000 personas que
habían llegado a Hong Kong por «motivos políticos»,
que equivalían al 53 por ciento de los inmigrantes que
habían entrado en el territorio entre 1945 y 1952. Esta
cifra alcanzaba las 385.000 personas si se incluía a los
«refugiados sur place » (personas que habían
llegado inicialmente por otros motivos, pero que no deseaban volver
por razones políticas). La cifra aumentaba aún más
si se tenía en cuenta a todos los miembros de las familias
refugiadas, como los cónyuges y los hijos nacidos en Hong
Kong. Incluyendo todas estas categorías, casi el 30 por
ciento de la población total que tenía Hong Kong
en las fechas en que la misión realizó su estudio
podían clasificarse como «refugiados», lo que
parecía confirmar la suposición habitual en aquel
entonces en Europa y América del Norte de que casi todas
las personas que salían de un país comunista eran
refugiados.
Este panorama relativamente sencillo se complicó
debido a dos factores principales. En primer lugar, los británicos
no reconocían la existencia de una situación de
refugiados como tal en Hong Kong. La inmensa mayoría de
los recién llegados, con independencia de sus motivos para
entrar en la colonia, se habían integrado y podían
circular en ella con total libertad. Menos de una tercera parte
de los cabezas de familia llegados recientemente se inscribía
en el registro de una organización de ayuda a los refugiados.
Los británicos consideraban que aunque había problemas
de hacinamiento y cierta escasez de servicios básicos,
la población china no sufría discriminaciones. La
única excepción entre los recién llegados
que se integraban en la comunidad en general era el asentamiento
de Rennie's Mill, habitado sobre todo por simpatizantes del Kuomintang
procedentes del norte de China, que se mantenían separados
de la mayoría cantonesa de Hong Kong.
El segundo factor era la curiosa condición
jurídica de los recién llegados en Hong Kong. Aunque
cientos de miles de personas salieron de China por motivos políticos,
teóricamente no había nada que les impidiera regresar
sin riesgos a China, en el sentido de que podían ir a Taiwán,
donde tenía su sede el gobierno de la República
de China (reconocido por la ONU hasta 1971). Por tanto, estrictamente,
cabía alegar que los recién llegados a Hong Kong
no eran refugiados, pues tenían la protección de
su Estado de origen y podían regresar a él. En la
práctica, sin embargo, pese a que la misión de estudio
había mostrado que mucho más de la mitad de los
recién llegados a Hong Kong había expresado el deseo
de reasentarse en Taiwán, el número de recién
llegados procedentes de la China continental que aceptó
el gobierno taiwanés fue relativamente pequeño,
quizá debido a su temor a que dichas personas pudieran
intentar subvertir al gobierno nacionalista. Al final, entre 1949
y 1954, el régimen nacionalista de Taiwán admitió
a más de 150.000 refugiados procedentes de Hong Kong y
Macao.
Mientras tanto, el Reino
Unido reconoció al gobierno de la República Popular
de China de Pekín y negoció directamente con él
para intentar controlar el movimiento de personas que llegaban
a Hong Kong desde la China continental. Así pues, la actitud
del gobierno colonial y la curiosa situación de las personas
de Hong Kong que pertenecían a las dos Chinas al mismo
tiempo impidieron una intervención más enérgica
del ACNUR. Sin embargo, en 1957, la Asamblea General de la ONU
pidió al ACNUR que utilizara sus «buenos oficios»
para pedir contribuciones destinadas a ayudar a los refugiados
chinos de Hong Kong, lo que constituyó un primer paso hacia
la implicación del ACNUR en la ayuda a refugiados de fuera
de Europa.iii
Los fondos recaudados por el ACNUR durante el Año Internacional
de los Refugiados, en 1959-1960, fueron encauzados en particular
a proyectos de construcción de viviendas que realizaban
las organizaciones de voluntarios en Hong Kong.