3 . 1 La comunidad de refugiados tibetanos en la India
Es frecuente pasar por alto la situación
de los refugiados tibetanos que viven en la India desde finales
de la década de 1950. Esto se debe en gran medida a que
han sobrevivido con una asistencia internacional relativamente
escasa. Los refugiados comenzaron a llegar a la India en gran
número en marzo de 1959, tras la represión de un
levantamiento por parte de China y la huida del dalai lama, el
líder espiritual y político del pueblo tibetano.
La mayoría de las decenas de miles de tibetanos que han
huido de la dominación de China desde esas fechas han escapado
a pie en un peligroso viaje de semanas de duración, cruzando
el Himalaya. Aunque el lado chino de la frontera se cerró
a cal y canto en 1996, los tibetanos han continuado huyendo. La
mayoría llegan a través de Nepal, en cuya capital,
Katmandú, existe un centro de recepción. Más
de 40 años después del comienzo del éxodo
tibetano, la comunidad de refugiados en la India está integrada
actualmente por unas 100.000 personas.
Cuando los refugiados comenzaron a llegar a la India, fueron alojados
en campamentos de tránsito en Missamari (Assam) y Buxa
(Bengala Occidental). Un «comité central de socorro»
de carácter no oficial supervisaba sus asuntos. Este organismo
recibía alguna ayuda del extranjero, pero en esta fase
no intervinieron las organizaciones internacionales, como tampoco
el ACNUR. La guerra fronteriza entre la India y China en 1962
señaló un punto de inflexión. Fue entonces
cuando se reconoció que los tibetanos no regresarían
pronto a su tierra natal.
Fue también en esta época cuando
las autoridades indias solicitaron por primera vez ayuda internacional
para los refugiados. El ACNUR comenzó a prestar asistencia
a los tibetanos de la India a partir de 1964, aun cuando no estableció
formalmente su presencia en la capital india, Nueva Delhi, hasta
1969. Sin embargo, la ayuda internacional oficial siguió
siendo limitada. Desde la década de 1960, la mayor parte
de la asistencia internacional para los refugiados tibetanos se
ha canalizado a través de la Oficina del Tíbet del
dalai lama. Tanto los gobiernos como las organizaciones internacionales
se han resistido a prestar ayuda a los tibetanos, conscientes
de que para las autoridades chinas esa acción sería
una injerencia en sus asuntos internos.
Desde 1962, los programas de asistencia a los
refugiados han incluido la creación de asentamientos agrícolas
y programas de formación profesional. Los gobiernos de
los estados de la India han asignado a cada familia refugiada
un promedio de 1,2 hectáreas y las han ayudado en la construcción
de sus viviendas. También han prestado ayuda a las comunidades
de tibetanos para construir abastecimientos de agua, servicios
cívicos, centros artesanales y escuelas. Actualmente hay
en la India unas 85 escuelas tibetanas que prestan servicio a
unos 25.000 alumnos.
Las autoridades indias han proporcionado también
tarjetas de racionamiento, documentos de identidad, permisos de
residencia y documentos de viaje a los refugiados tibetanos registrados,
que a efectos oficiales han llegado a la India en peregrinación.
Aunque se los considera extranjeros en virtud de la Ley de Extranjeros
de 1946, se les han concedido los derechos básicos de la
mayoría de los ciudadanos, pero no se les permite presentarse
como candidatos ni votar en las elecciones indias. Aquellos que
emigraron a la India antes de marzo de 1959 y que tienen su residencia
habitual en la India desde esa fecha son tenidos en cuenta para
la ciudadanía india a título individual. Si se casan
con ciudadanos indios, pueden solicitar la ciudadanía india.
El gobierno de la India ha promovido deliberadamente
una política que permite a la comunidad tibetana mantener
su identidad y sus valores culturales distintivos, junto con un
sistema político y administrativo propio. Desde el principio
se identificaron y establecieron asentamientos independientes
en zonas geográficamente adecuadas para dotarles de autonomía
económica, social y religiosa. En Dharamsala (Himachal
Pradesh) se han constituido un gobierno tibetano en el exilio
independiente.
En un lapso de tiempo relativamente breve, los
refugiados tibetanos se asentaron en comunidades de estados indios
como Himachal Pradesh, Sikkim, Uttar Pradesh, Orissa, Arunachal
Pradesh, Karnakata, Madhya Pradesh, Bengala Occidental y Maharashtra.
En ciertas zonas, como Darjeeling, Sikkim y Arunachal Pradesh,
donde las prácticas culturales no eran distintas de las
del Tíbet, los tibetanos se adaptaron rápidamente.
En otros lugares, como Himachal Pradesh y Karnakata, hubo ocasionalmente
resistencia local a la visible presencia y al éxito económico
de los tibetanos.
Muchos tibetanos experimentaron al principio
problemas al pasar de lo que era una sociedad profundamente tradicional
y casi cerrada a la culturalmente diversa de la India democrática.
En general, sin embargo, han logrado mantener sus prácticas
culturales y religiosas. Un autor ha escrito que la capacidad
de los refugiados tibetanos «para construir y financiar
en tierras extranjeras numerosos monasterios de un nivel arquitectónico
extraordinariamente elevado y su éxito en el desarrollo
de comunidades monásticas viables semejantes a las del
Tíbet es uno de los milagros del siglo XX».i
A pesar de estos logros indudables, la mayoría
de los refugiados tibetanos en la India siguen deseando regresar
al Tíbet. Aunque las condiciones de vida de muchos de estos
refugiados son relativamente satisfactorias, la naturaleza no
resuelta del problema de los refugiados se ilustra en el hecho
de que cada año refugiados tibetanos, no sólo de
la India, sino también de Nepal y Bután, continúan
solicitando asilo en países occidentales. Más de
cuatro décadas después de la huida inicial de este
grupo de refugiados, parecen estar aún muy lejos unas soluciones
permanentes para ellos.