3 . 2 La expulsión de asiáticos meridionales de
Uganda
El decreto promulgado en 1972 por el presidente
de Uganda, Idi Amin, por el que se ordenaba la salida del país
de la población ugandesa de origen asiático meridional,
desencadenó un éxodo masivo. Mientras miles de asiáticos
ugandeses intentaban encontrar países que los aceptaran,
el ACNUR y otras organizaciones desempeñaron un papel importante
en la ayuda a los que fueron expulsados.
Los asiáticos meridionales del África
oriental se habían establecido en la región mucho
tiempo atrás y eran de diversa condición. Había
hindúes, musulmanes, sijs y cristianos procedentes de diversas
zonas del subcontinente indio. Sus orígenes iban desde
los comerciantes de la época precolonial hasta los peones
y artesanos llevados por los británicos para construir
los ferrocarriles, pequeños comerciantes, personas llevadas
para dotar de personal a la administración pública
y limpiadores y vendedores de algodón que después
pasaron a otras áreas de la economía.
Cuando Uganda obtuvo la independencia en 1962,
a los asiáticos que vivían en el país se
les ofreció la opción de convertirse en ciudadanos
ugandeses. Aunque algunos aceptaron, muchos prefirieron conservar
su pasaporte británico y la opción de un asentamiento
futuro en el Reino Unido. A comienzos de la década de 1970
había unos 75.000 asiáticos meridionales en Uganda.
Más o menos la mitad eran titulares de pasaportes británicos,
un tercio eran ciudadanos ugandeses o estaban en espera de que
sus solicitudes de ciudadanía fueran aprobadas, y el resto
eran ciudadanos indios, paquistaníes o kenianos. Durante
el período colonial, los asiáticos habían
sido blanco de estallidos de hostilidad, en gran medida porque
controlaban sectores importantes de la economía. Después
de la independencia, la animadversión cobró impulso
a medida que el nacionalismo africano estimulaba las demandas
de «indigenización», en un intento de reparar
la exclusión de los africanos de las estructuras del poder
económico y político. Este tipo de iniciativas se
vieron por primera vez en la vecina Kenia, y coincidieron con
las restrictivas medidas de admisión introducidas por el
Reino Unido en 1968 en el contexto de la creciente preocupación
por la inmigración procedente de las antiguas colonias.
En Uganda, los intentos llevados a cabo en la
década de 1960 por el régimen del predecesor de
Amin, Milton Obote, para transferir el control del comercio de
los asiáticos a los africanos, agudizaron las tensiones
entre las distintas comunidades. En parte como reacción
a esas iniciativas, la mayoría de los asiáticos
acogieron favorablemente el acceso al poder de Amin a comienzos
de 1971. Sin embargo, a medida que la situación económica
se deterioraba, el descontento entre la población urbana
y en el seno de las fuerzas armadas impulsó a Amin a buscar
un chivo expiatorio de los males económicos del país.
A finales de 1971, Amin convocó una reunión de miembros
destacados de la comunidad asiática y les reprochó
su dominio de sectores de la economía y su falta de integración.
En agosto de 1972, Amin anunció de improviso
que todos los no ciudadanos de origen asiático meridional
debían salir del país en el plazo de tres meses.
Más adelante ordenó la salida de todos los asiáticos,
incluso de los que fueran ciudadanos ugandeses. Posteriormente
retiró este edicto, pero muchas de las personas que habían
solicitado la ciudadanía vieron rechazada su solicitud
y se convirtieron de hecho en apátridas. Se hicieron varias
excepciones, en particular para profesionales, pero el clima de
inseguridad y hostigamiento que reinaba provocó un éxodo
masivo al acercarse la fecha límite.
Más de 50.000 asiáticos salieron
de Uganda entre la orden de expulsión y la fecha límite
de noviembre. Otros habían huido antes. Después
de esa fecha, sólo quedaron en Uganda unas 200 familias
asiáticas. Se constituyó la Junta de Custodia de
las Propiedades de los Asiáticos Partidos para supervisar
la disposición de los bienes de las personas expulsadas.
A menos que hubieran logrado transferir el dinero o los bienes
al extranjero antes de trasladarse a otros países, los
asiáticos que huyeron de Uganda llegaron a sus nuevos países
de acogida con poco para volver a empezar.
El papel del ACNUR y de la comunidad
internacional
A medida que la crisis se desarrollaba, el Reino
Unido accedió de mal grado a no aplicar su cupo anual de
inmigración y permitió la entrada de un total aproximado
de 29.000 asiáticos ugandeses, en su mayoría titulares
de pasaportes británicos. Al mismo tiempo, el gobierno
del Reino Unido pidió a otros países que aceptasen
a asiáticos expulsados. Finalmente, unos 6.000 asiáticos
ugandeses, muchos de ellos titulares de pasaportes británicos,
se asentaron en Canadá, y unos 1.500, incluidos algunos
de nacionalidad indeterminada, se establecieron en los Estados
Unidos.
Para salir de Uganda, los asiáticos necesitaban
un documento de viaje válido, un país de asilo temporal
o permanente y medios para viajar. Para aquellos asiáticos
que carecían aún de alguno de estos elementos imprescindibles
al acercarse el plazo fijado, una misión de la ONU, de
la que formaba parte un representante del ACNUR, voló a
la capital ugandesa, Kampala, y negoció una evacuación
de emergencia. El Comité Internacional de la Cruz Roja
accedió a entregar documentos de viaje a las personas que
los necesitaban, y el Comité Intergubernamental para las
Migraciones Europeas (precursor de la Organización Internacional
para las Migraciones) organizó el transporte a países
de reasentamiento temporales o permanentes.
El ACNUR pidió ayuda a la comunidad internacional
en forma de ofrecimientos de reasentamiento permanente y fondos
para transportar y prestar asistencia a las personas en tránsito.
La respuesta fue positiva y, en menos de dos semanas, unas 3.600
personas fueron trasladadas en avión a alojamientos de
tránsito en Austria, Bélgica, España, Italia
y Malta. Además del Reino Unido, Canadá y los Estados
Unidos, ofrecieron lugares de reasentamiento permanente Australia,
Austria, Bélgica, Dinamarca, Noruega, Nueva Zelanda, los
Países Bajos, Suecia y Suiza. La India y Pakistán
acogieron a unos 10.000 expulsados, aunque muchos no se establecieron
de modo permanente en esos países. Los gobiernos y organizaciones
no gubernamentales proporcionaron alojamiento, alimentos y asistencia
médica a las personas en tránsito, corriendo el
ACNUR con los gastos.
Hasta la década de 1980 no se consiguió
cierta reparación en la propia Uganda. El proceso fue lento
al principio, pero finalmente varios miles de asiáticos
regresaron a corto o a largo plazo para reclamar o vender muchas
de las propiedades confiscadas tras la expulsión.