3 . 3 La difícil situación
de los rohingyas
A finales de la década de 1970,
el ACNUR participó en una compleja y controvertida operación
de repatriación en la frontera oriental de Bangladesh.
Los protagonistas fueron los rohingyas, una minoría musulmana
procedente del estado de Arakan, en la mayoritariamente budista
Birmania, que se habían refugiado en Bangladesh.
Birmania tenía un largo historial de conflictos
y migraciones entre sus diversos pueblos. Casi inmediatamente
después de que Birmania obtuviera la independencia del
Reino Unido en 1948, la tensión aumentó entre los
rohingyas y la población local rakhine en Arakan. El gobierno
de Birmania afirmó que los rohingyas eran inmigrantes llegados
del subcontinente indio en fechas relativamente recientes y que,
por tanto, la constitución birmana no los incluía
entre los grupos indígenas con derecho a la nacionalidad.
Esta actitud marginó a los rohingyas y dificultó
sobremanera su acceso a servicios básicos de carácter
social, educativo y sanitario.
En marzo de 1978, las autoridades de inmigración
de Birmania lanzaron la operación Nagamin Sit Sin Yay (Operación
Rey Dragón), cuyo objetivo explícito era examinar
sistemáticamente la situación de los individuos
que vivían en las zonas fronterizas y «emprender
acciones contra los extranjeros» que se habían «filtrado
ilegalmente en el país». El resultado fue elegir
como blanco a los rohingyas, a quienes no se consideraba ciudadanos.
Se llevaron a cabo detenciones y expulsiones generalizadas y en
julio de 1978 un gran número de rohingyas habían
huido a Bangladesh.
Los cálculos acerca de la cifra real variaban.
El gobierno de Bangladesh afirmó que más de 250.000
rohingyas habían solicitado refugio, mientras las autoridades
birmanas situaban la cifra en menos de 150.000. La llegada de
tantos refugiados ejerció una presión considerable
sobre la densamente poblada y empobrecida Bangladesh y generó
tensiones en las relaciones entre los dos países. Estas
presiones y las preocupaciones de otros países musulmanes
por el trato recibido por los rohingyas impulsaron al gobierno
de Bangladesh a solicitar la asistencia de las Naciones Unidas.
Muchos de aquellos refugiados vivían en condiciones lamentables,
y el gobierno insistió en que el país no podía
continuar amparándolos indefinidamente. En consecuencia,
se puso en marcha un amplio programa de ayuda de emergencia de
la ONU, coordinado por el ACNUR, a partir de mayo de 1978. En
total, se crearon 13 campamentos de refugiados. A medida que la
crisis se atenuaba, Birmania y Bangladesh buscaron una solución
permanente al problema de los refugiados. Ninguno de los dos países
era en aquellas fechas (ni lo ha sido después) parte de
la Convención de la ONU sobre el Estatuto de los Refugiados
de 1951.
En julio de 1978 se firmó un acuerdo bilateral
entre los dos países, del que el ACNUR no fue parte, y
que contemplaba la repatriación de los rohingyas. La oposición
al regreso fue grande entre los refugiados, y se tuvo noticia
de graves enfrentamientos entre los refugiados y funcionarios
de Bangladesh que se saldaron con cientos de víctimas mortales.
El deterioro de las condiciones de los campamentos, la detención
de algunos dirigentes rohingyas y la reducción de las raciones
de comida fueron otros factores que impulsaron a los refugiados
a regresar. A finales de 1979 habían regresado a Birmania
más de 180.000.
En un intento de mejorar la situación
de los retornados, el ACNUR dedicó 7 millones de dólares
a proyectos para ayudar a su reintegración. Pero al ser
su presencia limitada, el ACNUR no pudo supervisar de cerca la
situación ni garantizar que los rohingyas que regresaban
recibían un trato correcto por parte de las autoridades.
La discriminación contra ellos continuó. En 1982,
una nueva ley de ciudadanía estableció tres clases
de ciudadanía, pero para los rohingyas siguió siendo
sumamente difícil obtener la ciudadanía.
En 1991-1992, los rohingyas huyeron una vez más
del norte del estado de Rakhine (nuevo nombre de Arakan). Unas
250.000 personas fueron registradas y alojadas en 20 campamentos
de Bangladesh. La repatriación de esos refugiados a Myanmar,
nombre adoptado por Birmania en 1989, fue de nuevo controvertida.
Los retornos de 1992-1993 se llevaron a cabo al amparo de otro
acuerdo bilateral entre Bangladesh y Myanmar, del que el ACNUR
volvió a ser excluido. En 1993, el gobierno de Myanmar
accedió finalmente a permitir la presencia del ACNUR en
el estado de Rakhine. En abril de 1994, una vez consolidada esta
presencia, el ACNUR facilitó la repatriación voluntaria
de los refugiados desde Bangladesh. En aquel momento, las organizaciones
humanitarias criticaron con dureza al ACNUR, poniendo en duda
el carácter auténticamente voluntario de la repatriación
y alegando que la situación no había mejorado lo
suficiente para permitir el retorno seguro de los rohingyas.ii
Al tiempo que reconocía la vulnerabilidad de los rohingyas
en ambos lados de la frontera, la evaluación del ACNUR
fue que en la mayoría de los casos estaban mejor en sus
hogares de Myanmar que en los campamentos de Bangladesh.
Miles de rohingyas huyeron de nuevo a Bangladesh
en 1996 y 1997. Al principio, las fuerzas bangladeshíes
obligaron a repatriarse a cientos de ellos, pero esta actitud
terminó en gran medida tras la intervención del
ACNUR. Desde que estableció su presencia en el norte del
estado de Rakhine, el ACNUR ha llevado a cabo varios proyectos
encaminados a facilitar la reintegración y a mejorar la
infraestructura básica. Ha entablado diálogo con
todos los niveles del gobierno de Myanmar, presionándoles
para que se ocupen de la cuestión de la ciudadanía
de los rohingyas y pongan fin a las prácticas de trabajo
forzado. De los rohingyas que huyeron a Bangladesh a comienzos
de la década de 1990, unos 200.000 habían regresado
en diciembre de 1999, y quedaban unos 22.000 en Bangladesh. Pero
aun cuando muchas de las causas que motivaron las salidas masivas
en años anteriores puedan haberse mitigado, la difícil
situación de los rohingyas en Myanmar sigue siendo un asunto
de preocupación internacional.