5.1 Campamentos y asentamientos
de refugiados
Los enormes flujos de refugiados de la década
de 1980 se tradujeron en el establecimiento de grandes campamentos
y de otros tipos de asentamientos organizados en los países
de acogida. En África concretamente, la creación
de campamentos comenzó a sustituir la práctica anterior
de permitir que los refugiados se establecieran entre la población
local.
Los campamentos reciben críticas generalizadas
desde hace varios años, en particular por quienes consideran
que el ACNUR es responsable tanto de la política de establecer
tales campamentos como de los problemas que éstos sufren.
Las voces críticas alegan que los campamentos son perjudiciales
e innecesarios y que hay que buscar alternativas, como el asentamiento
espontáneo (por medio del cual los refugiados se integran
en la comunidad de acogida).i
La naturaleza de los campamentos
No existe una definición clara de qué
constituye exactamente un «campamento de refugiados»,
pues este término se utiliza para describir unos asentamientos
humanos que varían considerablemente en tamaño y
carácter. En general, los campamentos de refugiados son
zonas cerradas y limitadas para los refugiados y las personas
que los asisten, donde se proporciona protección y asistencia
hasta que los refugiados pueden retornar sin riesgos a sus países
de origen o ser reubicados en otro lugar. A diferencia de otros
tipos de asentamientos, como los asentamientos agrícolas
o los «pueblos de refugiados» que hubo en Pakistán
en las décadas de 1980 y 1990, los campamentos de refugiados
no suelen ser económicamente independientes.
Normalmente, los campamentos tienen un carácter
temporal, y se construyen en consecuencia. Sin embargo, en muchos
casos, permanecen 10 años o más, lo que crea nuevos
problemas. Muchas veces el suministro de agua y el sistema de
alcantarillado no están preparados para soportar un uso
prolongado, y los terrenos destinados a vivienda se quedan pequeños
a medida que las familias aumentan de tamaño. En numerosos
campamentos, la leña es insuficiente y los refugiados deben
salir a buscarla afuera, provocando la deforestación y
otros problemas medioambientales. Cuando los problemas salen de
los propios campamentos y afectan a las comunidades de acogida
de alrededor, los gobiernos suelen imponer restricciones a los
refugiados, limitando su libertad para circular y trabajar fuera
de los campamentos.
Uno de los problemas más serios asociados
a muchos campamentos es el que provocan las autoridades locales
al no proporcionar plena protección a los refugiados, especialmente
si se tiene en cuenta que los campamentos están ubicados
a menudo en zonas de conflicto o en sus proximidades. A largo
plazo, pueden convertirse en lugares peligrosos llenos de delincuentes,
acosados por el contrabando de armas y de drogas y por la presencia
de bandas organizadas de delincuentes. Los refugiados que residen
en ellos suelen sufrir malos tratos domésticos y actos
de intimidación. A veces los grupos armados toman el control
de los campamentos o los utilizan como bases, como en el caso
de los muyahidín en Pakistán, los «contras»
en Honduras y, más recientemente, los Interahamwe en la
región oriental del Zaire (véase
recuadro 10.1). Cuando los campamentos pierden su carácter
civil y pasan a ser refugio de grupos armados, se convierten en
blanco de los ataques de fuerzas enemigas. Hay campamentos que
han sido objeto de atentados con explosivos y de bombardeos, de
asaltos destinados a tomar rehenes, vehículos y suministros,
y escenario de peligrosas persecuciones a manos de grupos armados.
En estas circunstancias, los gobiernos de acogida los consideran
una creciente amenaza para la seguridad e imponen mayores restricciones
a los refugiados.
¿Es preferible el asentamiento
espontáneo?
Los críticos acusan al ACNUR de favorecer
los campamentos de refugiados frente al asentamiento espontáneo
porque los primeros ofrecen los mejores medios para controlar
a los refugiados y facilitan la repatriación. Estas voces
sostienen que los campamentos son perjudiciales e innecesarios
y que siempre pueden encontrarse alternativas viables. Una de
ellas es el «asentamiento espontáneo asistido»,
mediante el cual se ayuda a los refugiados a establecerse entre
la población local. Alegan en su favor que los refugiados
así asentados gozan de una vida mejor, corren menos peligro,
son más libres y viven en circunstancias más viables
que los que residen en los campamentos o en otros asentamientos
organizados. El supuesto implícito del que se parte es
que, si se les diera a elegir, los refugiados nunca escogerían
establecerse en un campamento.
En un principio, podría parecer obvio
que nadie elegiría vivir en un campamento de refugiados
si tuviera la posibilidad de hacerlo en otro lugar. Sin embargo,
la realidad es a menudo más compleja. La investigación
empírica no ha probado suficientemente las suposiciones
generales de que fuera de los campamentos las condiciones son
mejores para los refugiados. No es cierto, ni mucho menos, que
los refugiados asentados espontáneamente corran en general
menos peligros o vivan mejor que los que residen en los campamentos.
Dependiendo de las circunstancias, los refugiados que viven fuera
de los campamentos pueden verse expuestos a diversos problemas
de seguridad y económicos, que van desde las amenazas por
parte de residentes locales rencorosos, hasta los ataques de grupos
rebeldes y el reclutamiento forzado por parte de estos grupos.
Los refugiados que se establecen por su cuenta pueden correr el
riesgo de ser detenidos por las autoridades del país de
acogida y de ser trasladados por la fuerza a un campamento, como
ocurrió en Karachi y en Peshawar, en Pakistán, a
mediados de la década de 1980.
Desde el punto de vista de los refugiados, un
campamento podría ser una opción menos arriesgada
y más segura materialmente que el asentamiento autónomo.
De hecho, muchas veces los propios refugiados y sus dirigentes
se organizan en asentamientos similares a los campamentos antes
de que el ACNUR u otras organizaciones humanitarias establezcan
un programa de asistencia. Tampoco se debe partir del supuesto
de que los campamentos son siempre sitios lóbregos y deprimentes
llenos de víctimas dependientes y pasivas. Por el contrario,
con gran frecuencia son lugares llenos de una vibrante actividad
social y económica.
La mayoría de los campamentos grandes
se convierten en zonas de actividad económica en la región
de acogida, que cuentan con mercados, restaurantes y otros servicios
dinámicos que gestionan los refugiados y que atraen a la
población local de varios kilómetros a la redonda.ii
Por ejemplo, Khao I Dang, un campamento para refugiados camboyanos
situado en la frontera con Tailandia, fue muy conocido durante
toda la década de 1980 por sus restaurantes y su próspero
servicio de ciclotaxis. En el centro del campamento de refugiados
ruandés de Goma, en la región oriental del Zaire,
hubo un concurrido mercado entre 1994 y 1997. El grado de actividad
económica de este campamento queda ilustrado por el hecho
de que, a finales de 1995, había días en que se
sacrificaban hasta 20 reses en él en la misma jornada.
Aunque las enfermedades como el cólera
pueden propagarse con facilidad en campamentos construidos apresuradamente
y superpoblados, en muchos casos —especialmente después
de la fase inicial de emergencia— los refugiados de los
campamentos tienen acceso a una atención médica,
una educación y otros servicios significativamente mejores
que los que reciben las personas que viven en las zonas circundantes.
Como consecuencia, las organizaciones humanitarias que trabajan
en los campamentos proporcionan cada vez con más frecuencia
servicios de salud, agrícolas y educativos no sólo
a los refugiados, sino también a las comunidades locales
de estas zonas. Esto no quiere decir que los campamentos sean
siempre beneficiosos para la región de acogida. Las ventajas
económicas pueden verse contrarrestadas por otros problemas,
pero hay que considerar éstos en su justa perspectiva.
El debate sobre las ventajas y desventajas de los campamentos
de refugiados debe realizarse en el contexto de una clara comprensión
de cómo funcionan los campamentos y de la naturaleza de
su repercusión sobre la región.
La política oficial del ACNUR es evitar
el establecimiento de campos si se dispone de alternativas viables,
como se expresa claramente en el Manual de Emergencias
del ACNUR, y es una de las primeras normas para los Equipos de
Respuesta a las Emergencias de la organización. En muchas
situaciones, es el gobierno de acogida el que insiste en que se
establezcan campamentos, o los propios refugiados que se reúnen
en grandes grupos, creando asentamientos que, en último
término, cuando entra en escena la asistencia internacional,
adoptan la forma de campamentos.
La preferencia de muchos gobiernos de acogida
por los campamentos frente al asentamiento espontáneo se
basa normalmente en tres factores: en primer lugar, las necesidades
de seguridad que perciben; en segundo lugar, la capacidad para
organizar la repatriación; y en tercer lugar, la capacidad
para atraer la asistencia internacional mediante la creación
de asentamientos visibles de refugiados. En este sentido, es legítimo
y necesario cuestionarse las motivaciones de los responsables
políticos que insisten en el establecimiento de campamentos,
especialmente cuando existen oportunidades para el asentamiento
autónomo. Al mismo tiempo, y no obstante el artículo
26 de la Convención de la ONU sobre los Refugiados de 1951
sobre el derecho de los refugiados a elegir su lugar de residencia
y a la libertad de circulación, algunos juristas han reconocido
que los Estados de acogida tienen a su vez derecho a alojar a
los refugiados en campamentos especiales o en zonas designadas
específicamente para ellos siempre que se respeten unas
normas mínimas de tratamiento. Habida cuenta de las consideraciones
de carácter político, económico y jurídico
sobre las que se sustenta el establecimiento de los campamentos
de refugiados, no resulta probable que los argumentos de tipo
general a favor del asentamiento espontáneo tengan una
repercusión significativa sobre las políticas de
muchos países que acogen a refugiados.
Una distinción poco clara
Aunque el debate sobre los campamentos de refugiados
ha planteado varias cuestiones importantes, en la práctica,
rara vez los campamentos de refugiados y los refugiados que han
optado por el asentamiento espontáneo constituyen dos categorías
claramente diferenciadas. Aparte de excepciones como los campos
de detención de Hong Kong en la década de 1980 y
principios de la de 1990, la mayoría de los campamentos
establecidos no confinan a los refugiados dentro de sus perímetros.
Por el contrario, en muchas situaciones, los refugiados pueden
circular libremente dentro y fuera de los campamentos, aprovechar
las oportunidades para ganar un salario, comerciar o labrar la
tierra en el país de acogida, o visitar su país
natal, como muchos hacen antes de la repatriación. Una
vez desplazados de sus hogares, los refugiados evalúan
sus perspectivas y dividen sus opciones entre los campamentos
y la comunidad circundante. A veces, parte de la misma familia
vive en campamentos, y otra parte aprovecha las oportunidades
que existen fuera de ellos. Esto significa que a menudo no es
manifiesta la delimitación entre las comunidades que viven
en campamentos y las que residen en las zonas circundantes.
En muchos aspectos, ni los defensores ni
los detractores de los campamentos han comprendido el fondo del
debate. Ni los campamentos de refugiados son inherentemente lugares
peligrosos o desestabilizadores, ni el asentamiento espontáneo
es siempre la mejor opción para los refugiados. El auténtico
reto para los Estados de acogida, las organizaciones humanitarias
y los responsables políticos es garantizar que los refugiados
puedan gozar de unas condiciones de vida exentas de riesgos, seguras
y dignas, residan en un campamento o fuera de él. Los campamentos
pueden servir perfectamente a sus fines cuando se impide que sean
militarizados, se mantiene el imperio de la ley, se proporcionan
servicios de salud, educación y otros servicios esenciales
adecuados, y cuando los refugiados tienen oportunidades para ser
autosuficientes. Es a estos fines a los que han de dirigirse los
esfuerzos humanitarios.