5.4 Chile durante el régimen del general Pinochet
A diferencia de la mayoría
de los países latinoamericanos, Chile no tenía una
tradición de intervención militar en la vida política
antes de 1973 y se consideraba que era una de las democracias
más estables del continente. Sin embargo, el 11 de septiembre
de 1973, el general Augusto Pinochet lanzó un ataque armado
contra el gobierno elegido democráticamente del presidente
Salvador Allende. El golpe de Estado fue seguido inmediatamente
por la represión de las actividades políticas legítimas
y la detención masiva de decenas de miles de partidarios
del anterior gobierno socialista. Se declaró un «estado
de sitio» en todo el país.
La tortura, las desapariciones y los homicidios
fueron generalizados, especialmente en los primeros meses de gobierno
de la junta militar. Se calcula que más de 4.000 personas
murieron y alrededor de 60.000 fueron detenidas, aunque la mayoría
de ellas por breve tiempo. El Parlamento fue clausurado y se hicieron
purgas de presuntos simpatizantes de la izquierda. Un informe
del ACNUR de aquel entonces relacionaba la situación de
Chile con el período fascista que sufrió Europa
durante la década de 1930.iii
Refugiados que estaban en Chile
Para el ACNUR, el golpe de Estado perpetrado en
Chile, así como el período subsiguiente, plantearon
considerables retos. Chile ya acogía a muchos miles de
refugiados y exiliados políticos que habían buscado
refugio en ese país en los años anteriores. A mediados
de 1972, el gobierno de Allende calculaba su número en
alrededor de 5.000. Muchos habían llegado tras la elección
de Allende en 1970, bien huyendo de gobiernos de derechas, bien
para apoyar lo que consideraban una experiencia socialista única.
Dos días después del golpe, el
Alto Comisionado Sadruddin Aga Khan telegrafió al nuevo
ministro de Relaciones Exteriores, contraalmirante Ismael Huerta
Díaz, pidiendo al gobierno que cumpliera sus obligaciones
contraídas en virtud de la Convención de la ONU
sobre los Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967, que el gobierno
de Allende había ratificado en 1972.iv
Si Chile no hubiera sido parte en estos instrumentos, las negociaciones
del ACNUR con el nuevo gobierno habrían sido, sin duda,
infructuosas. El 20 de septiembre de 1973, se abrió una
oficina del ACNUR en la capital, Santiago.
Ese mismo mes, el gobierno permitió la
creación de un Comité Nacional de Ayuda a los Refugiados
(CONAR). Las iglesias y las organizaciones de voluntarios que
lo integraban crearon 26 centros de recepción de refugiados,
15 en Santiago y 11 en provincias, donde se proporcionaba asistencia
a los «refugiados bajo mandato», tramitando sus documentos
y gestionando su traslado a países de reasentamiento. A
finales de septiembre, se habían inscrito en estos centros
600 refugiados, y el 23 de octubre su número era ya de
1.022.
Varios cientos de refugiados más que carecían
de alojamiento fueron albergados en diferentes momentos en una
vivienda bajo la protección de la embajada suiza, con el
consentimiento del gobierno chileno. La casa suiza dio
asilo a cientos de refugiados incluidos en el mandato del ACNUR
que habían sido excarcelados y contra los que se habían
dictado órdenes de expulsión, que estaban a la espera
de ser resasentados en otros países. La mayoría
eran brasileños, uruguayos y bolivianos.
El CONAR actuó bajo los auspicios del
ACNUR, que le ofreció ayuda para resolver los problemas
de los refugiados. En marzo de 1974, de las 3.574 personas que
se habían inscrito en los registros del CONAR, 2.608 se
habían reasentado en unos 40 países. De ellas, 288
fueron repatriadas a sus países de origen. Además,
alrededor de 1.500 habían huido ilegalmente a Perú
y a Argentina. De los gastos realizados por el CONAR durante este
período, por un importe total de 300.000 dólares
de EE UU, aproximadamente 215.000 dólares fueron aportados
por el ACNUR.
El exilio de los chilenos
Desde el principio, el régimen de Pinochet
utilizó el exilio como parte de su estrategia para redibujar
el mapa político de Chile y eliminar así sus tradiciones
políticas anteriores. Fue tal el número de personas
detenidas que el principal estadio de fútbol de Santiago
se convirtió en un centro de detención multitudinario
provisional.
Las expulsiones se llevaron a cabo en aplicación
del Decreto Ley 81, de noviembre de 1973, que confería
al régimen una autoridad prácticamente incondicional
para expulsar a ciudadanos. A partir de diciembre de 1973, se
permitió que los detenidos en aplicación del estado
de sitio que aún no habían sido condenados pidieran
la libertad a condición de ser expulsados inmediatamente.
En abril de 1975, el Decreto Ley 504 amplió la aplicación
de estas medidas a los presos con condena.
El Comité Intergubernamental para las
Migraciones Europeas, el Comité Internacional de la Cruz
Roja y el ACNUR, junto con las organizaciones no gubernamentales
locales, desempeñaron un importante papel al posibilitar
la salida del país de miles de chilenos. El ACNUR recibió
también un gran apoyo de otras organizaciones de la ONU,
sobre todo de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)
y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación,
la Ciencia y la Cultura (UNESCO). A principios de octubre de 1973,
el ACNUR estableció un procedimiento para determinar si
una persona tenía un temor fundado de persecución
en Chile, con independencia de que éste fuera su país
de origen o su país de residencia permanente. Muchos refugiados
necesitaban el procedimiento de tramitación más
rápido posible porque temían ser detenidos o incluso
perder la vida manos de las autoridades.
Al igual que ocurrió con el éxodo
húngaro ocurrido casi dos décadas antes, los refugiados
se repartieron por todo el mundo, acogidos por alrededor de 110
países, desde Islandia y Chipre hasta Kenia y Cabo Verde.
Inicialmente, muchos chilenos huyeron a otros países de
Latinoamérica, como Perú, Argentina y Brasil. Sin
embargo, las oportunidades de encontrar empleo allí eran
limitadas, y tras el golpe de Estado de 1976 en Argentina, el
vecino más inmediato de Chile se convirtió en un
destino especialmente poco atractivo. Otros países a donde
se dirigieron refugiados chilenos en número destacable
fueron Francia, Suecia, Canadá, México, Australia
y Nueva Zelanda.
El ACNUR también pidió a los países
de Europa oriental que reasentaran a refugiados chilenos. Alrededor
de mil se dirigieron espontáneamente a la República
Democrática de Alemania (Alemania Oriental) y un número
similar fue a Rumania, con la ayuda del ACNUR. Una cifra inferior
de refugiados se desplazó a otros países de Europa
oriental, como Bulgaria y Yugoslavia, el único país
del bloque oriental con el que el ACNUR había mantenido
hasta entonces relaciones significativas. El llamamiento del ACNUR
a estos países fue algo novedoso, en una época en
que la Unión Soviética aún mostraba un abierto
recelo ante la organización.
Asilo diplomático
Muchas embajadas en Santiago recurrieron a la
arraigada práctica latinoamericana de ofrecer protección
diplomática a quienes estaban en sus terrenos. Pocos días
después del golpe, más de 3.500 chilenos habían
pedido asilo en las embajadas en Santiago, principalmente en las
de Argentina, Francia, Italia, México, los Países
Bajos, Panamá, Suecia y Venezuela. En diciembre de 1973,
Harald Edelstam, el embajador sueco, fue expulsado del país
por el papel especialmente activo que había desempeñado
al proporcionar asilo diplomático.
Ejerciendo su función de intermediario,
el ACNUR prestó asistencia a estos solicitantes de asilo.
A mediados de octubre, con la asistencia del ACNUR y el acuerdo
del gobierno, se concedieron salvoconductos a 4.761 solicitantes
de asilo, en su mayoría chilenos. En mayo de 1974, el Ministerio
de Relaciones Exteriores había dado alrededor de 8.000
de estos salvoconductos.v
Refugios temporales
El Decreto Ley 1308 de 3 de octubre de 1973 constituyó
una importante innovación en la práctica internacional
moderna del asilo al crear dentro de Chile lo que conoció
con el nombre de «refugios temporales» para refugiados
extranjeros, garantizados por el propio gobierno chileno. En total
había seis de estos refugios en el área de Santiago.
Al principio, el régimen los respetó, pero un cable
del ACNUR enviado a finales de 1973 señalaba que la situación
de orden público que afectaba a los refugiados parecía
sumamente tensa, sugería la posibilidad de que la junta
quisiera cerrar estos refugios, e insistía en que se establecieran
centros de tránsito fuera de Chile.vi
Irónicamente, gran parte de los propios refugiados pidieron
la misma medida.
En abril de 1974, la oficina del ACNUR en Santiago
calculaba que había aún en todo el país 15.000
personas detenidas por motivos políticos. Las restricciones
sobre las libertades civiles y políticas seguían
vigentes y continuaba sin haber un proceso legal significativo.
Los seis refugios temporales siguieron funcionando en estas condiciones
durante la mayor parte de 1974. Varios ciudadanos chilenos que
estaban en espera de ser reasentados fueron alojados asimismo
en un refugio temporal establecido bajo la protección de
la ONU en virtud del Decreto Ley 1698 de 17 de octubre de 1974,
que especificaba que dicho centro podría admitir a refugiados
extranjeros, así como a familiares de refugiados chilenos
en el exterior que estuvieran pendientes de la reunificación
familiar. La admisión de chilenos en este refugio sólo
se permitía tras recibir una autorización del Ministerio
del Interior. La presencia de nacionales chilenos hizo que el
ACNUR interviniera de forma creciente en casos de reunificación
familiar, ocupándose de reasentar a las familias de los
chilenos que ya habían obtenido asilo en otros países.
La salida gradual de los refugiados hizo disminuir
el número de refugios temporales. Al final de 1975, casi
todos los refugiados extranjeros que no podían permanecer
en Chile habían sido satisfactoriamente reasentados, y
en abril de 1976 se clausuró el último refugio temporal
que quedaba abierto.
Un hito para el ACNUR
La operación realizada por el ACNUR en
Chile a partir de 1973 constituyó un importante hito en
la historia de la organización, pues fue su primera operación
de envergadura en Latinoamérica. Aunque no existen cifras
exactas del número de personas que huyó al exilio
en los años en los que el general Pinochet fue jefe del
Estado, solamente el Comité Intergubernamental para las
Migraciones Europeas permitió la salida de 20.000 personas
en 1980. Otras fuentes calculan que el número total de
quienes huyeron del régimen, ya fuera voluntariamente o
expulsados, no fue inferior a 200.000 personas.vii