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El
volumen del gasto gubernamental mundial en asistencia humanitaria
ha aumentado a un ritmo constante en los últimos
50 años. Se elevó espectacularmente a comienzos
de la década de 1990, alcanzando un máximo
de 5.700 millones de dólares en 1994. Sin embargo,
como proporción del producto interior bruto (PIB),
la asistencia humanitaria descendió entre 1990 y
1998 del 0,03% al 0,02%, es decir, a 20 centavos por cada
1.000 dólares.iii
La proporción de
la ayuda oficial al desarrollo (AOD) asignada por los gobiernos
a asistencia humanitaria, en oposición al desarrollo
a largo plazo, también creció de forma significativa
a comienzos de la década de 1990. En su punto más
alto, en 1994, representaba el 10% del total de la AOD.
La proporción descendió, sin embargo, en la
segunda mitad de la década, hasta situarse aproximadamente
en el 6% del total de la AOD en 1998.iv
Aunque ha aumentado el
volumen total de la financiación gubernamental para
operaciones humanitarias, ha disminuido la proporción
de ésta que se canaliza a través de organizaciones
internacionales como el ACNUR, a diferencia de la que se
entrega directamente a los gobiernos de los países
receptores, o de la que se canaliza a través de organizaciones
no gubernamentales del país del donante. Los gobiernos
conceden cada vez más prioridad a los acuerdos de
financiación bilaterales, en detrimento de la asistencia
multilateral.
Gastos y fuentes
de financiación del ACNUR
El presupuesto del ACNUR
ha aumentado espectacularmente en sus 50 años de
existencia, a medida que se ampliaba la extensión
y el alcance del trabajo de la organización. Partiendo
de un presupuesto de sólo 300.000 dólares
en 1951, el gasto anual creció hasta unos 100 millones
de dólares a mediados de la década de 1970.
Dos incrementos importantes tuvieron lugar después,
a finales esa misma década y a comienzos del de 1990.
El primer gran incremento
tuvo lugar entre 1978 y 1980, período en el que el
gasto se triplicó con creces, pasando de 145 millones
de dólares a 510 millones. Esta variación
coincidió con la época de las grandes emergencias
de refugiados en Indochina. El segundo incremento igualmente
importante se produjo entre 1990 y 1993, cuando el gasto
se duplicó holgadamente, pasando de 564 millones
de dólares a 1.300 millones. Este aumento se debió
en buena medida a las grandes operaciones de repatriación
de los primeros años de la década y a las
grandes operaciones de ayuda de emergencia en el norte de
Iraq y en la antigua Yugoslavia. El gasto descendió
después hasta 887 millones de dólares en 1998,
y después se elevó a poco más de 1.000
millones en 1999 como consecuencia de la crisis de Kosovo.
Ninguna de estas cifras tiene en cuenta las contribuciones
en artículos como tiendas de campaña y medicinas,
ni la asistencia en el transporte y otros servicios. Si
se contabilizaran estos apartados, las cifras serían
mucho más altas.
El gasto relativo del ACNUR
en las distintas regiones ha reflejado el cambio de foco
geográfico y de ámbito operativo de la organización.
A comienzos de la década de 1960, más de la
mitad del gasto del ACNUR se destinaba a programas para
refugiados europeos que aún quedaban de la Segunda
Guerra Mundial. Menos de 10 años después,
el gasto en Europa representaba sólo el 7% del presupuesto
total. En 1999, el ACNUR tenía programas en más
de 100 países. En la década de 1990, el ACNUR
gastó por término medio entre 40 y 50 dólares
al año en cada «persona de la incumbencia»
del ACNUR —ya fuera refugiado, solicitante de asilo,
retornado, desplazado interno u otros—, si bien había
diferencias significativas en el gasto per cápita
de una región a otra.
La principal fuente de
financiación del ACNUR ha sido siempre las contribuciones
voluntarias, sobre todo de los gobiernos. En la década
de 1990, menos del 3% de los ingresos anuales totales de
la organización, por termino medio, procedieron del
presupuesto regular de la ONU. La mayor parte de la financiación
gubernamental proviene de un reducido número de Estados
industrializados clave. En 1999, por ejemplo, los países
de América del Norte, Europa occidental y Japón
aportaron el 97% del total de contribuciones gubernamentales
al ACNUR.
Los países donantes
tienden gradualmente a destinar los fondos comprometidos
con el ACNUR a países, programas o proyectos concretos,
dependiendo de sus prioridades nacionales. En 1999, sólo
el 20% de las contribuciones no estaban destinadas a fines
específi- |