7 . 4 Los solicitantes de asilo haitianos
Desde la década de 1970, el trato que los sucesivos gobiernos
de los Estados Unidos han dispensado a los inmigrantes que llegaban
por mar ha restringido gravemente el acceso de los haitianos a
los procedimientos de asilo. Las estadísticas del gobierno
estadounidense indican que, entre 1981 y 1991, más de 22.000
haitianos fueron interceptados en el mar y que sólo a 28
de ellos se les permitió la entrada en los Estados Unidos
para cursar peticiones de asilo.
El ACNUR, otras organizaciones humanitarias y
grupos de defensa de la causa de los refugiados han afirmado reiteradamente
que la interceptación y devolución de los solicitantes
de asilo haitianos por parte de los Estados Unidos —sin
que se apliquen los procedimientos apropiados para identificar
a aquéllos que tienen temores fundados de persecución—
podría llevar a la devolución forzada a un lugar
inseguro, lo que está prohibido en virtud del artículo
33 de la Convención de la ONU sobre los Refugiados de 1951.
En los primeros años de la década de 1990, grupos
de defensa de los Estados Unidos impugnaron ante los tribunales
federales la política de interceptación del gobierno,
y la cuestión fue apelada hasta la más alta instancia
judicial de los Estados Unidos, el Tribunal Supremo. En 1993,
el Tribunal Supremo dictaminó que la obligación
contraída por los Estados Unidos en virtud del artículo
33 no era de aplicación fuera del territorio estadounidense,
donde los haitianos eran interceptados.v
En cambio, el ACNUR mantiene que el principio de no devolución
es de aplicación en cualquier lugar donde el Estado pueda
actuar.vi
En 1997, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,
de la Organización de los Estados Americanos, no coincidió
con la posición del Tribunal Supremo de los Estados Unidos,
pues declaró que las garantías previstas en el artículo
33 también son de aplicación fuera de las fronteras
nacionales.vii
Algunos grupos de defensa han afirmado que, debido
a su papel destacado en los asuntos internacionales, las acciones
del gobierno estadounidense para con los haitianos han contribuido
a menoscabar el principio de asilo en otros lugares de todo el
planeta. Sostienen que si el país más rico del mundo
puede impedir la entrada de los solicitantes de asilo, los países
pobres, mal equipados para manejar las grandes afluencias de refugiados,
deberían poder hacerlo también. En la década
de 1980, mientras los Estados Unidos apoyaban los esfuerzos del
ACNUR para impedir que los países del sudeste de Asia repatriaran
por la fuerza a los refugiados del mar vietnamitas, al menos uno
de los gobiernos implicados respondió que lo que hacía
no era diferente de lo que los Estados Unidos estaban haciendo
con los haitianos.
Doble rasero
En las décadas de 1960 y 1970 hubo una
gran diferencia entre el trato que las autoridades estadounidenses
dispensaban a los solicitantes de asilo procedentes de Cuba y
el que daban a los que llegaban de Haití. Algunas voces
críticas afirmaron que el gobierno de los Estados Unidos
trataba a los cubanos como refugiados porque huían de un
gobierno comunista, mientras que a los haitianos los consideraba
migrantes económicos, pese a la evidencia manifiesta de
persecución generalizada en Haití. A menudo se señala,
en particular por parte de dirigentes políticos afronorteamericanos,
que las personas que llegaron de Cuba eran en su mayoría
blancas, en tanto que las que venían de Haití eran
sobre todo negras.
Durante 30 años, Haití fue gobernado
por dos severos dictadores: primero, por François Duvalier
(llamado «Papa Doc»), de 1957 a 1971, y después
por su hijo Jean-Claude Duvalier («Baby Doc»), de
1971 a 1986. El primer presidente del país elegido democráticamente,
el ex sacerdote Jean-Bertrand Aristide, tomó posesión
de su cargo en febrero de 1991, pero fue depuesto siete meses
más tarde por un golpe de Estado militar. En julio de 1993,
los dirigentes militares, ante las sanciones y las presiones internacionales,
accedieron a renunciar pero no lo hicieron. Permanecieron en el
poder hasta finales de 1994, cuando la intervención de
los restableció el gobierno de Aristide.
Los haitianos que huían de la represión
política, las violaciones generalizadas de derechos humanos
y el deterioro de la situación económica habían
comenzado a llegar a Florida por mar a comienzos de la década
de 1970. Muchos solicitaron asilo, aunque la mayoría de
las solicitudes fueron denegadas. Otros fueron absorbidos en la
creciente comunidad haitiana de Miami.
En 1978, el gobierno de los Estados Unidos comenzó
a aplicar el «Programa de Haití», cuyo objetivo
era disuadir a los solicitantes de asilo y a los inmigrantes haitianos
de entrar en los Estados Unidos. Los críticos consideraron
que se trataba de un programa para denegar a los haitianos unas
vistas justas y acelerar su deportación. De hecho, los
tribunales estadounidenses pusieron fin al programa en 1979 y
ordenaron nuevas vistas para los solicitantes de asilo haitianos
rechazados que aún permanecían en los Estados Unidos.
Las llegadas de barcos haitianos aumentaron en
1979 y se aceleraron de forma espectacular en 1980, el mismo año
en que más de 125.000 cubanos llegaron a los Estados Unidos
durante el «puente marítimo de Mariel». Inmediatamente
después, muchos haitianos se beneficiaron de las presiones
ejercidas sobre el gobierno de los Estados Unidos para que tratara
equitativamente a haitianos y cubanos. A los haitianos que llegaron
se les concedió un estatuto especial de «candidatos»
que les permitía quedarse en el país mientras se
resolvía su estatuto, pero que, a diferencia de los cubanos,
les impedía solicitar la residencia permanente.
El programa de interceptación
A finales de 1981, la nueva administración
del presidente Ronald Reagan aprobó una serie de medidas
que prepararon el terreno para la interceptación de haitianos
en alta mar. El gobierno de los Estados Unidos acordó con
las autoridades haitianas de Puerto Príncipe la devolución
de los haitianos que salieran de su país ilegalmente. El
presidente Reagan ordenó a la Guardia Costera estadounidense
la interceptación de las embarcaciones que pudieran transportar
a extranjeros indocumentados a los Estados Unidos. Si los guardacostas
determinaban que los pasajeros intentaban entrar en los Estados
Unidos sin documentación procedentes de un país
con el que los Estados Unidos tuvieran un acuerdo de devolución
de los inmigrantes ilegales, la Guardia Costera debía devolverlos
a ese país. Haití era el único país
con el que los Estados Unidos tenían ese tipo de acuerdo
en aquellas fechas.
La administración de Reagan cursó
a la Guardia Costera instrucciones de no devolver a las personas
que pudieran ser refugiados. Pero los procedimientos que instituyó
para identificar a los posibles refugiados a bordo de las embarcaciones
de la Guardia Costera eran tales que resultaba sumamente difícil
que cualquier persona reuniera las condiciones requeridas para
entrar en los Estados Unidos a solicitar asilo.
Los Estados Unidos interrumpieron temporalmente
el programa de interceptación después del golpe
de Estado de septiembre de 1991 que derrocó al presidente
Aristide. Su aplicación se reanudó un mes después,
pero en esta ocasión, en vez de devolver a los haitianos
interceptados a Haití, se los trasladaba a la base naval
estadounidense de Guantánamo (Cuba) para ser «seleccionados».
Según algunas organizaciones no gubernamentales de los
Estados Unidos y al menos un juez federal de ese país,
los haitianos vivían en la base de Guantánamo en
condiciones semejantes a las de una prisión.viii
Según las estadísticas del gobierno estadounidense,
unos 10.500 de los 34.000 haitianos interceptados después
del golpe de Estado de 1991 resultaron tener un temor creíble
de persecución y se les permitió entrar en los Estados
Unidos para solicitar asilo. Aunque sólo se le concedió
asilo efectivamente a una minoría, a la larga la mayoría
pudo quedarse legalmente en los Estados Unidos.
En mayo de 1992, el presidente George Bush ordenó
de nuevo que todos los haitianos interceptados fueran devueltos
a Haití, en esta ocasión sin pasar siquiera la somera
selección de refugiados que antes se aplicaba. Aun cuando
Bill Clinton criticó la política de Bush, tildándola
de «cruel», mientras era aspirante al cargo, una vez
elegido presidente continuó con ella. Pero esta política
no disuadió a los haitianos de huir, y en 1992 la Guardia
Costera interceptó a 31.400 haitianos. Aunque este número
descendió a 2.400 el año siguiente, se disparó
de nuevo hasta llegar a 25.000 en 1994, antes de caer a un promedio
de 1.150 en los cinco años siguientes.
En junio de 1994, el presidente Clinton instituyó
un nuevo y efímero procedimiento para los haitianos interceptados.
Los Estados Unidos llevaron a cabo procedimientos completos para
la determinación de la condición de refugiado a
bordo del navío Comfort, anclado frente a la costa de Jamaica.
Las personas a las que se concedía el estatuto de refugiado
eran reasentadas en los Estados Unidos; las rechazadas eran devueltas
a Haití. Se concedió el estatuto de refugiados a
un número sin precedentes de los haitianos atendidos en
el Comfort. El número de haitianos recogidos y en espera
de entrevistas para determinar su condición de refugiados
creció con tal rapidez —la Guardia Costera recogió
a 3.247 en un día de julio— que los Estados Unidos
dieron por terminada la tramitación a bordo. A continuación
trasladaron a Guantánamo a los que aún quedaban
en el Comfort y a todos los haitianos interceptados después.
Las autoridades estadounidenses dijeron a los haitianos que podían
permanecer allí en tanto en cuanto no fuera seguro para
ellos regresar a Haití, pero agregaron que a ninguno se
le permitiría la entrada en los Estados Unidos. En consecuencia,
la Guardia Costera llevó a más de 21.000 haitianos
a Guantánamo. Aunque al término de la operación
la mayoría la mayoría fueron repatriados, a algunos
se les permitió entrar en los Estados Unidos.
En septiembre de 1994, una fuerza multinacional
con presencia mayoritaria estadounidense llegó a Haití
y la junta militar haitiana renunció finalmente. El presidente
Aristide regresó a Haití, seguido casi de inmediato
por la mayoría de los haitianos que estaban en Guantánamo,
que se repatriaron voluntariamente. En diciembre, el gobierno
de los Estados Unidos comunicó a los 4.500 haitianos que
aún permanecían en Guantánamo que era seguro
regresar a Haití. Varios miles regresaron voluntariamente,
pero los 4.000 que se negaron fueron devueltos en contra de su
voluntad.
En octubre de 1998, el Congreso de los Estados
Unidos aprobó la Ley de Imparcialidad en la Inmigración
de Refugiados Haitianos, que permitió a los haitianos que
hubieran llegado a los Estados Unidos antes del 31 de diciembre
de 1995, y que hubieran solicitado asilo antes de esa fecha, solicitar
la residencia permanente. Sin embargo, la política de interceptación
en el mar continúa en vigor, impidiendo a la mayoría
de las personas que abandonan Haití llegar siquiera a las
costas estadounidenses.