8 . 1 La apatridia y la ciudadanía en litigio
Como consecuencia de la desintegración de la Unión
Soviética, Yugoslavia y Checoslovaquia, millones de personas
tuvieron que confirmar un nuevo estatuto de ciudadanía.
Un ciudadano de la antigua Checoslovaquia, ¿era ahora checo
o eslovaco? Una persona nacida en Belgrado, criada en Sarajevo,
casada con otra de Zagreb y residente en Liubliana, ¿era
ciudadana yugoslava, bosnia, croata o eslovena? Los nuevos Estados
surgidos de estas desintegraciones establecieron sus propios criterios
de ciudadanía. En algunos casos, las personas que no cumplían
esos criterios se convirtieron en «apátridas»;
en otros, no lograron adquirir la ciudadanía en el país
donde vivían.
Estas cuestiones no afectan en modo alguno a
Europa exclusivamente, ni la desintegración de los Estados
es la causa única de la apatridia. A veces puede ser el
resultado de deficiencias en la legislación y en los procedimientos
que regulan el matrimonio y el registro de nacimientos. En otros
casos, políticas discriminatorias dirigidas contra las
minorías u otros grupos o individuos conducen a la apatridia.
En algunos casos, los gobiernos han aprobado leyes de ciudadanía
que han surtido el efecto de marginar a sectores enteros de la
sociedad. Los individuos afectados por los problemas de la apatridia
o de la ciudadanía no definida carecen a menudo de una
personalidad jurídica clara y, por tanto, tienen dificultades
para contraer matrimonio, enviar a sus hijos a la escuela, trabajar,
viajar o poseer bienes. El resultado es que la apatridia constituye
a menudo una causa de desplazamientos de población.
No es posible confeccionar una lista de las personas
apátridas del mundo porque, las más de las veces,
lo que está en litigio es la ciudadanía o la nacionalidad
no definida. Todos los países se ven afectados en mayor
o menor grado porque en todos existen leyes para determinar quién
es un ciudadano y quién no lo es, y los enfoques no siempre
están armonizados entre unos Estados y otros.
Los cambios políticos que tuvieron lugar
en Europa en la década de 1990 pusieron de manifiesto los
problemas que se pueden suscitar cuando se plantean conflictos
relacionados con el estatuto de nacionalidad. Cuando los Estados
bálticos recuperaron la independencia, sus leyes de nacionalidad
excluyeron a cientos de miles de personas de etnia rusa que vivían
allí desde hacía décadas. Cuando muchos tártaros
de Crimea regresaron a Ucrania, tras haber sido deportadas sus
familias por Stalin en la década de 1940, algunos llegaron
después de la fecha límite fijada para acceder automáticamente
a la ciudadanía ucraniana, lo que creó dificultades
para encontrar trabajo y vivienda. El violento desmembramiento
de Yugoslavia desplazó a más de 4 millones de personas,
y muchos archivos necesarios para documentar la ciudadanía
fueron destruidos, lo que causó numerosos problemas. Cuando
Checoslovaquia se dividió en dos repúblicas, se
atribuyó la ciudadanía eslovaca a muchas personas
que vivían en la parte checa, convirtiéndolas en
extranjeras en su lugar de residencia habitual.
En Asia, los biharíes (musulmanes no bengalíes
que se trasladaron a finales de la década de 1940 desde
la India a lo que entonces era Pakistán Oriental) se consideraban
a sí mismos ciudadanos paquistaníes y se negaron
a adoptar la nacionalidad bangladeshí cuando Bangladesh
obtuvo la independencia en 1971. Desde esa época, el gobierno
de Pakistán se ha mostrado reacio a «repatriarlos»,
y más de 200.000 permanecen en campamentos de Bangladesh.
En Myanmar, las restrictivas leyes de nacionalidad continúan
impidiendo que muchos residentes, como los rohingyas, sean considerados
ciudadanos del país. En Bután, las leyes de ciudadanía
aprobadas en la década de 1980 excluyeron efectivamente
de la nacionalidad butanesa a muchas personas de etnia nepalí.
Unas 100.000 personas de etnia nepalí llegadas de Bután
siguen viviendo en campamentos de Nepal.
En África, unas 75.000 personas fueron
expulsadas de Mauritania en 1989-1990 como consecuencia de enfrentamientos
interétnicos. Aunque la mayoría de ellas han regresado
después, unas 30.000 permanecen en Senegal, al ser cuestionadas
sus peticiones de ciudadanía por las autoridades mauritanas.
En Zaire, como consecuencia de las disposiciones legales aprobadas
en 1981, miles de banyarwandas perdieron de jure su ciudadanía.
En Etiopía, como consecuencia de la guerra con Eritrea
que comenzó en 1998, las autoridades expulsaron a 68.000
personas a Eritrea por ser nacionales de un Estado enemigo. Aunque
ambos países expidieron documentos a estas personas, en
diciembre de 1999 ninguno de los dos estaba dispuesto a aceptar
la plena responsabilidad sobre ellas como ciudadanos.
En el Cercano Oriente, más de 120.000
kurdos que llevaban toda su vida viviendo en el nordeste de Siria
no han podido adquirir la ciudadanía. En Kuwait, hasta
250.000 bidunes viven desde hace tiempo como una minoría
sin nacionalidad efectiva. Muchos se vieron obligados a salir
de Kuwait durante la crisis de 1991 en la región y ahora
viven en Iraq y en otros países del golfo Pérsico.
Por último, aunque los palestinos puedan no ser considerados
apátridas puesto que técnicamente existe un Estado
palestino desde la aprobación de la Resolución 181
(1947) de la Asamblea General de la ONU, unos 3 millones no han
podido regresar a sus hogares y su personalidad jurídica
ha sido cuestionada constantemente por el gobierno de Israel.
Existe una relación entre la apatridia
y los flujos potenciales de refugiados, aunque es evidente que
no todos los apátridas son refugiados. El ACNUR promueve
la adhesión y la aplicación de la Convención
sobre el Estatuto de los Apátridas, de 1954, y la Convención
para Reducir los Casos de Apatridia, de 1961. Estos instrumentos
ofrecen un marco legal para evitar y reducir los casos de apatridia
y para resolver conflictos entre Estados.
En 1995, el Comité Ejecutivo del
ACNUR y, posteriormente, la Asamblea General de la ONU, pidieron
al ACNUR que aplique su competencia al problema de la apatridia.
Desde entonces, la organización se ha involucrado cada
vez más en promover la prevención y la reducción
de la apatridia mediante la difusión de información,
la formación de funcionarios gubernamentales y el fomento
de la cooperación entre otras organizaciones que trabajan
en cuestiones relacionadas. El ACNUR ha alentado a los Estados
a crear estructuras nacionales para que los apátridas puedan
aspirar a tener representación y, cuando ha sido oportuno,
ha colaborado con los Estados para establecer procedimientos que
permitan a las personas apátridas adquirir la ciudadanía.
Algunos Estados han hecho progresos importantes en los últimos
años en el tratamiento de los problemas derivados de la
apatridia y la ciudadanía en litigio. Hasta ahora, sin
embargo, los problemas se han abordado caso por caso. Continúan
produciéndose ejemplos de pérdida involuntaria de
la nacionalidad, así como de discriminación que
lleva a pérdida de la nacionalidad y expulsión,
que a menudo son una causa fundamental de los flujos de refugiados.
El desafío consiste en establecer un marco internacional
armonizado para reconocer y responder sistemáticamente
a los problemas de la apatridia.