9 . 1 Los desplazados internos
La preocupación internacional por
la situación de las personas desplazadas dentro de su propio
país adquirió una renovada urgencia en la década
de 1990. Esto se debió en parte a la magnitud del desplazamiento
causado por los nuevos conflictos armados internos que estallaron
durante la década, y en parte a la ampliación del
ámbito de intervención en zonas de conflicto en
curso en el nuevo entorno político surgido tras el fin
de la Guerra Fría.
Cuando se creó el régimen legal
e institucional internacional para proteger a los refugiados,
hace 50 años, no incluyó a los desplazados internos.
De conformidad con las ideas tradicionales acerca de la soberanía,
los desplazados internos se consideraban comprendidos bajo la
jurisdicción interna del Estado afectado. En consecuencia,
la respuesta de la comunidad internacional al problema del desplazamiento
interno no ha seguido una línea regular, y un gran número
de desplazados internos han permanecido sin protección
o asistencia efectivas.
El alcance del desplazamiento interno
Durante muchos años, la cuestión
del desplazamiento interno no ocupó un lugar destacado
en la agenda internacional, aun cuando el Comité Internacional
de la Cruz Roja (CICR) había ayudado tradicionalmente a
los desplazados internos en el contexto de la protección
de las víctimas de conflictos armados. En la década
de 1990, el número de desplazados internos aumentó
de forma espectacular. Aunque no es fácil establecer cifras
exactas, en 1999 se calculaba que había entre 20 y 25 millones
de desplazados internos —personas que se habían visto
obligadas a abandonar sus hogares por los conflictos y las violaciones
de derechos humanos— en al menos 40 países (véase
gráfico 9.1).
Más de la mitad de los desplazados internos
del mundo están en África. Sólo en Sudán,
la prolongada guerra civil ha desarraigado a cuatro millones de
personas, en tanto que conflictos igualmente brutales y a veces
genocidas han desplazado a un gran número de personas dentro
de Angola, Burundi, la República Democrática del
Congo, Ruanda y Sierra Leona. En Asia hay unos cinco millones
de desplazados internos, especialmente en Afganistán, Azerbaiyán,
Indonesia, Iraq, Myanmar y Sri Lanka. En Europa, conflictos como
los de la antigua Yugoslavia, Chipre, Georgia, Rusia y Turquía
han desplazado a otros cinco millones de personas. En América,
unos dos millones de personas sufren el desplazamiento interno,
la mayoría de ellas en Colombia.
En julio de 1992, Francis Deng fue nombrado Representante
del Secretario General de la ONU sobre la Cuestión de los
Desplazados Internos. En opinión de Deng, los desplazados
internos caen fácilmente en un «vacío de responsabilidad»
dentro del Estado. Las autoridades afectadas no los consideran
«su pueblo», necesitado de protección y asistencia,
sino «el enemigo». El acceso a los desplazados en
tales circunstancias es en muchos casos una empresa sumamente
peligrosa. Cada una de las partes teme que la ayuda humanitaria
fortalezca a la otra, por lo que trata de obstaculizar la asistencia
al otro bando. La ayuda puede utilizarse incluso como arma en
la lucha. El acceso se complica aún más debido a
que los desplazados internos no siempre están congregados
en campamentos o asentamientos a los que pueda llegarse fácilmente,
sino que a veces se dispersan para no ser identificados. Muchos
se mezclan con los residentes de los poblados de infraviviendas
urbanas, donde para acceder puede ser necesario instrumentar programas
que se extiendan a toda la comunidad; o pueden estar mezclados
con otras poblaciones afectadas por la guerra. Así pues,
incluso la tarea de calcular su número es más controvertida
que en el caso de los refugiados.
Puesto que en ocasiones no parece posible distinguir
a los desplazados internos de otras personas necesitadas que están
a su alrededor, se plantea con frecuencia la cuestión de
si deberían ser identificados como una categoría
especial o subsumidos bajo el epígrafe general de las personas
vulnerables. Los desplazados internos tienen a menudo necesidades
específicas que son consecuencia de su desplazamiento.
Pueden tener un acceso limitado o nulo a la tierra, carecer de
perspectivas de empleo estable, estar en posesión de una
documentación insuficiente, y pueden seguir siendo vulnerables
a actos de violencia como la reubicación forzada, el reclutamiento
forzado y la agresión sexual. Durante el retorno y la reintegración,
las personas que han sido objeto de desplazamiento interno pueden
tener también unas necesidades de protección diferenciadas.
El desplazamiento interno no sólo afecta
negativamente a las vidas de los individuos y de las familias
afectadas, sino también a comunidades y sociedades enteras.
Tanto las zonas que abandonan como las áreas a las que
los desplazados huyen pueden sufrir cuantiosos daños. Los
sistemas socioeconómicos y las estructuras comunitarias
pueden descomponerse y dificultar la reconstrucción y el
desarrollo durante décadas. El conflicto y el desplazamiento
también superan las fronteras y se trasladan a países
vecinos, alterando la estabilidad regional. Por todo ello, el
Secretario General de la ONU, Kofi Annan, ha subrayado la imperiosa
necesidad de que la comunidad internacional redoble su apoyo a
las iniciativas nacionales para ayudar y proteger a todas las
poblaciones desplazadas.
Los Principios Rectores
En 1998, Francis Deng presentó los Principios
Rectores sobre el Desplazamiento Interno ante la Comisión
de Derechos Humanos de la ONU. Estos principios identifican las
necesidades específicas de los desplazados, así
como las obligaciones de los gobiernos, los grupos insurgentes,
las organizaciones internacionales y las organizaciones no gubernamentales
(ONG) para con estas poblaciones. Basándose en el derecho
internacional sobre derechos humanos, el derecho humanitario y
el derecho análogo sobre refugiados, los Principios Rectores,
en cuya redacción colaboraron el ACNUR y otras organizaciones
humanitarias, reúne en un solo documento las diversas disposiciones
del derecho internacional existente que son de aplicación
a los desplazados internos.
Los Principios Rectores se ocupan de las áreas
poco definidas y de las «lagunas» que se perciben
en el derecho, haciendo explícitas muchas de las disposiciones
que antes sólo eran implícitas. Por ejemplo, hacen
hincapié en que los desplazados internos no pueden ser
devueltos por la fuerza a situaciones de peligro, establecen medidas
de protección especiales para las mujeres y los niños
y estipulan que las personas desplazadas tienen derecho a compensación
o reparación por las propiedades y posesiones perdidas.
Reafirman asimismo el derecho a no ser desplazado, especifican
los motivos y las condiciones en que el desplazamiento es ilícito
y establecen unas garantías mínimas que deben respetarse
cuando tiene lugar el desplazamiento. Aunque no constituyen un
documento legal vinculante propiamente dicho, los Principios Rectores
han obtenido un reconocimiento y un prestigio considerables en
un plazo relativamente breve, y son difundidos y promovidos ampliamente
por la Naciones Unidas, los organismos regionales y las ONG.
La coordinación de la acción
internacional
En la década de 1990, las organizaciones
humanitarias, las organizaciones de derechos humanos y las agencias
de desarrollo han centrado su atención progresivamente
en el problema del desplazamiento interno. Sin embargo, las iniciativas
de la comunidad internacional para tratar de resolver los problemas
del desplazamiento interno se han visto limitadas reiteradamente
por cuestiones relativas a la soberanía nacional y por
problemas de seguridad y falta de acceso. Otras limitaciones han
sido las relacionadas con los problemas de definición y
las dificultades para identificar a las personas desplazadas que
necesitan protección y asistencia.
A pesar de la creciente conciencia sobre el problema
del desplazamiento interno, la respuesta internacional ha seguido
siendo selectiva, irregular y en muchos casos insuficiente. Dentro
de las Naciones Unidas, las iniciativas para remediar esta situación
se han centrado en el fortalecimiento de la cooperación
entre los diversos organismos que tienen que ver con los desplazados,
tal como se expone en el programa de reforma de la ONU presentado
por el Secretario General en 1997.i
En su libro Masses in Flight, Francis
Deng y Roberta Cohen piden una división más eficaz
del trabajo sobre el terreno para afrontar las necesidades de
los desplazados internos, a fin de que la respuesta se concentre
más en sus destinatarios.ii
Los autores afirman que debe prestarse más atención
a proteger la seguridad física y los derechos humanos de
los desplazados internos.
El papel del ACNUR
El ACNUR fue creado en 1950 para proteger y prestar
asistencia a los refugiados que habían cruzado fronteras
internacionales en busca de seguridad. Aunque la relación
de la organización con los desplazados internos se remonta
a la década de 1960, en la década de 1990 aumentaron
de forma espectacular la magnitud y el alcance de sus actividades
en defensa de los desplazados internos. En 1999, el ACNUR proporcionaba
protección y asistencia a unos 5 millones de desplazados
internos, en una serie de operaciones que abarcaban desde Colombia
hasta Kosovo y el Cáucaso.iii
Aunque el Estatuto del ACNUR no hace referencia
alguna a los desplazados internos, reconoce en su artículo
9 que, además del trabajo con los refugiados, el Alto Comisionado
«emprenderá cualquier otra actividad adicional que
pueda prescribir la Asamblea General [...] dentro de los límites
de los recursos puestos a su disposición». Basándose
en este artículo, y a lo largo de varias décadas,
una serie de resoluciones de la Asamblea General de la ONU han
reconocido la especial competencia humanitaria del ACNUR y han
fomentado su participación en situaciones de desplazamiento
interno. En particular, la Resolución 48/116 (1993) de
la Asamblea General de la ONU establece importantes criterios
para orientar la decisión del ACNUR acerca de cuándo
ha de intervenir para proteger y ayudar a los desplazados internos.
Estas resoluciones, junto con el artículo 9 del Estatuto,
constituyen la base legal del interés del ACNUR por los
desplazados internos y de las actuaciones de la organización
en su defensa.
El ACNUR considera que tiene una especial responsabilidad
cuando las relaciones entre los problemas de los refugiados y
el desplazamiento interno son intensas, y cuando los problemas
relativos a la protección de los desplazados internos requieren
la competencia especial de la organización. En algunas
situaciones es difícil trazar una distinción significativa
entre desplazados internos, refugiados, retornados y otras personas
vulnerables afectadas por la guerra en la misma zona. En tales
casos, a menudo es necesario adoptar un enfoque general y global
hacia todas las personas afectadas en la comunidad.
Una consideración importante para el ACNUR,
a la hora de intervenir en casos de desplazamiento interno, es
las repercusiones que esta intervención puede tener sobre
la protección de los refugiados y la institución
del asilo. La intervención del ACNUR puede tener consecuencias
positivas y negativas. Los países de asilo pueden sentir
una mayor inclinación a mantener sus políticas de
asilo si se toman medidas para mitigar el sufrimiento de los desplazados
internos, reducir su compulsión a solicitar asilo y crear
unas condiciones que favorezcan su retorno. Por otra parte, las
actividades del ACNUR en defensa de los desplazados internos pueden
interpretarse erróneamente como una forma de obviar la
necesidad de protección y asilo internacionales. Se han
formulado críticas que afirman que, si pierde nitidez la
distinción entre los refugiados, que disfrutan de derechos
adicionales en virtud del derecho internacional sobre refugiados,
y los desplazados internos, se menoscabará la protección
de los propios refugiados.
| Principales
poblaciones de desplazados internos, 1999 |
Gráfico
9.1 |
| País
|
Millones |
| Sudán |
4,0 |
| Angola |
1,5-2,0 |
| Colombia |
1,8 |
| Myanmar |
0,5-1,0 |
| Turquía |
0,5-1,0 |
| Iraq |
0,9 |
| Bosnia y Herzegovina |
0,8 |
| Burundi |
0,8 |
| Congo, Rep. Dem. de |
0,8 |
| Rusia, Federación de
Afganistán |
0,8
0,5-0,8 |
| Ruanda |
0,6 |
| Yugoslavia, RF |
0,6 |
| Azerbaiyán |
0,6 |
| Sri Lanka |
0,6 |
| India |
0,5 |
| Congo, Rep. de |
0,5 |
| Sierra Leona |
0,5 |
| Fuente:
US Committee for Refugees, World Refugee Survey 2000, Washington
DC, 2000. |