9 . 2 Timor Oriental: el precio de la independencia
La larga lucha de Timor Oriental por la independencia
llegó a un punto crítico en 1999, cuando la población
local apoyó por abrumadora mayoría la independencia
en un referéndum organizado y supervisado por las Naciones
Unidas. Inmediatamente después de hacerse público
el resultado de la consulta popular, las fuerzas de seguridad
de Indonesia y las milicias opuestas a la independencia promovieron
una campaña de violencia, saqueos e incendios contra la
población civil. Estos actos provocaron la salida masiva
de personas de Timor Oriental hacia Timor Occidental, y tuvo como
consecuencia un desplazamiento de grandes proporciones dentro
del propio Timor Oriental. Para el ACNUR, llevar protección
y ayuda a los refugiados en Timor Occidental implicó delicadas
interacciones con los grupos de milicias que se oponían
a la independencia, que en gran medida controlaban los campamentos
de refugiados.
El estatuto de Timor Oriental, la mitad oriental
de una isla situada en el este del archipiélago indonesio,
está en litigio desde hace tiempo. Durante 450 años
fue la colonia más lejana y desatendida de Portugal. En
1960, cuando otras colonias accedían a la independencia,
la Asamblea General de la ONU situó a Timor Oriental en
la agenda internacional al incorporar la colonia a su lista de
«territorios no autónomos».
La caída del régimen de Caetano
en Portugal, en abril de 1974, dejó vía libre para
que Timor Oriental accediera a la independencia, gobernado por
el izquierdista FRETILIN (Frente Revolucionária do Timor-Leste
Independente). Sin embargo, en vez de dejar que los acontecimientos
siguieran su curso, el régimen resueltamente anticomunista
del general Suharto en Indonesia apoyó un golpe de Estado
contra el FRETILIN. Al fracasar la intentona, Suharto emprendió
una invasión en toda regla en diciembre de 1975, y en julio
de 1976 se anexionó el territorio como provincia número
27 de Indonesia.
La ocupación indonesia
La ocupación de Timor Oriental por las
fuerzas armadas de Indonesia dio lugar a graves y generalizadas
violaciones de derechos humanos. De una población que antes
de 1975 era de unas 700.000 habitantes, se calcula que más
de 170.000 civiles de Timor Oriental murieron en las primeros
seis años de régimen militar.iv
El Consejo de Seguridad y la Asamblea General de la ONU se negaron
reiteradamente a reconocer la ocupación y pidieron la retirada
de Indonesia, pero todo fue en vano. Para los aliados occidentales
del general Suharto, en particular los Estados Unidos, el régimen
era un baluarte estratégico fundamental en el sudeste de
Asia, y las potencias occidentales vendían al gobierno
de Indonesia moderno armamento para combatir la insurgencia.
Durante años, el estatuto de Timor Oriental
continuó en litigio. ¿Era la provincia número
27 de Indonesia? ¿Seguía siendo un territorio no
autónomo que debía ejercer aún su derecho
a la autoderminación? Entre noviembre de 1982 y mayo de
1998, los sucesivos Secretarios Generales de la ONU mantuvieron
conversaciones regulares con los gobiernos de Indonesia y Portugal
sobre Timor Oriental, pero no se lograron avances efectivos. A
excepción de Australia, ningún país occidental
importante otorgó su reconocimiento de jure a la anexión
consumada por Indonesia en julio de 1976.
Al terminar la Guerra Fría, la posición
de Timor Oriental comenzó a cambiar. Los periodistas extranjeros
pudieron acceder con más asiduidad al territorio y difundieron
llamativas informaciones sobre la brutalidad de la ocupación.
Los fotógrafos occidentales captaron la imagen de las tropas
indonesias matando a tiros a más de 250 integrantes de
un cortejo fúnebre en un cementerio de la capital de Timor
Oriental, Dili, en noviembre de 1991. Las fotografías,
transmitidas a todo el mundo, desmintieron la pretensión
gubernamental de que la población de Timor Oriental había
aceptado la integración en Indonesia. El régimen
recibió un nuevo golpe diplomático con la concesión
del premio Nobel de la Paz de 1996 al obispo católico de
Timor Oriental, Carlos Belo, y a José Ramos Horta, principal
portavoz de la resistencia timorense en el extranjero. Cuando
el general Suharto se vio obligado a dimitir, en mayo de 1998,
en plena crisis económica y en medio del descontento político
generalizado, el control de Indonesia sobre Timor Oriental perdía
firmeza.
El referéndum de 1999 y sus secuelas
El nuevo gobierno del presidente B. J. Habibie
actuó con rapidez para resolver el problema de Timor Oriental.
En mayo de 1999, Indonesia y Portugal acordaron delegar en el
Secretario General de la ONU la responsabilidad de celebrar una
«consulta popular» para determinar si la población
local prefería una autonomía limitada o la independencia
plena. En junio de 1999, el Consejo de Seguridad aprobó
la creación de la Misión de las Naciones Unidas
en Timor Oriental (UNAMET), cuya función era supervisar
el referéndum y la posterior transición hacia la
autonomía o la independencia plena. Sin embargo, el gobierno
de Indonesia insistió en conservar la responsabilidad sobre
la seguridad en el período previo a la votación
y durante el eventual período de transición.
A pesar de la tensa situación y del ambicioso
calendario, la UNAMET logró registrar a 451.792 posibles
votantes de una población de Timor Oriental que superaba
los 800.000 habitantes. El 30 de agosto, más del 98% de
las personas inscritas acudieron a las urnas, y de éstas
el 78,5% rechazaron la propuesta de autonomía y se pronunciaron
a favor de la independencia. En cuanto se hicieron públicos
los resultados, el 4 de septiembre, comenzaron los asesinatos,
las violaciones, el pillaje y los incendios por parte de los grupos
de milicias opuestas a la independencia y de las fuerzas de seguridad.
No es posible saber cuántas personas murieron
en ese período, pero al término de 1999 se habían
denunciado ante la policía civil de la ONU más de
1.000 ejecuciones extrajudiciales. La Relatora Especial de la
Comisión de Derechos Humanos de la ONU informó a
finales de 1999 del descubrimiento de más de 100 cadáveres,
aunque las organizaciones no gubernamentales locales informaron
sobre un número superior de víctimas.v
Las infraestructuras del territorio habían sido destruidas.
Sometido a las presiones diplomáticas de la comunidad internacional,
el gobierno de Indonesia accedió a permitir la intervención
de una fuerza militar multinacional bajo el mando de Australia.
El 20 de septiembre comenzó a desplegarse en Timor Oriental
la Fuerza Internacional en Timor Oriental (INTERFET). En el plazo
de 32 días, la INTERFET había protegido todo el
territorio y el enclave de Oecussi (Ambeno), perteneciente a Timor
Oriental pero situado en Timor Occidental.
El 19 de octubre, la Asamblea Consultiva Popular,
órgano constitucional supremo de Indonesia, reconoció
formalmente la votación favorable a la independencia. En
el plazo de una semana, el Consejo de Seguridad de la ONU estableció
la Administración de Transición de las Naciones
Unidas en Timor Oriental (UNTAET) para velar por la seguridad
y supervisar la transición del territorio a la independencia.
La protección de los desplazados
La violencia en Timor Oriental en el período
previo y en los días que siguieron al referéndum
originó el desplazamiento de unas 500.000 personas. Se
calcula que unas 250.000 se convirtieron en desplazadas internas
en Timor Oriental, mientras unas 290.000 huyeron a Timor Occidental.
La mayoría de los desplazados internos
estuvieron en escondrijos en las montañas o en zonas controladas
por la resistencia entre el 4 de septiembre y el despliegue completo
de la INTERFET a mediados de octubre. Las tropas de la INTERFET
ayudaron a las organizaciones humanitarias a llevar ayuda de emergencia
a las personas que permanecieron en Dili. A medida que la INTERFET
controlaba una extensión mayor de territorio, los suministros
de ayuda de emergencia se distribuyeron en otros núcleos
de población importantes. Parte de la ayuda se lanzó
desde aviones a las zonas inaccesibles. A finales de octubre,
la mayoría de los desplazados internos habían regresado
a sus hogares. El ACNUR asumió el papel principal en la
prestación de asistencia a largo plazo a los retornados.
La mayoría de las personas que huyeron
a Timor Occidental acabaron en campamentos construidos apresuradamente
cerca de la capital de Timor Occidental, Kupang, o de la ciudad
fronteriza de Atambua. Estos refugiados estaban a merced de los
grupos de milicias contrarios a la independencia, que restringieron
el acceso de los organismos internacionales a los campamentos.
Las condiciones en los campamentos eran deficientes. Escaseaban
los alimentos, el agua, los servicios sanitarios y la asistencia
sanitaria. El monzón de noviembre de 1999 agravó
aún más las terribles condiciones de vida y provocó
un aumento de las dolencias y las muertes causadas por enfermedades
transmitidas a través del agua.
El ACNUR organizó la repatriación
de refugiados a Timor Oriental. Sin embargo, los que decidieron
repatriarse corrían peligro debido a la presencia de las
milicias opuestas a la independencia. Los sospechosos de ser partidarios
de la independencia fueron despojados de sus pertenencias personales.
Se cometieron violaciones y asesinatos. Al principio, el personal
del ACNUR tuvo que entrar en los campamentos acompañado
de escoltas militares y policiales plenamente armadas para sacar
de ellos a quienes habían manifestado su deseo de repatriarse.
Finalmente, el acceso a los campamentos mejoró, si bien
los problemas de seguridad continuaron. Muchos familiares de milicianos
no se mostraron dispuestos a retornar; otras personas que deseaban
regresar no pudieron hacerlo debido a la constante intimidación
de los grupos de milicias.
Los primeros vuelos de la repatriación
voluntaria fueron organizados por el ACNUR el 8 de octubre, pero
la mayoría de sus destinatarios estaban demasiado intimidados
por las milicias para aprovecharlos. A partir del 21 de octubre,
barcos alquilados por el ACNUR transportaron a más de 2.000
personas a la semana de vuelta a Timor Oriental, en una operación
que más adelante contó con la asistencia de la Organización
Internacional para las Migraciones (OIM). A finales de 1999, más
de 130.000 personas habían retornado voluntariamente, 85.000
de ellas en virtud de programas de retorno organizado. Pero los
milicianos continuaban presentes en los campamentos y frenaban
los retornos mediante una campaña continua acerca de la
situación y de presuntas atrocidades en Timor Oriental.
Más
de 150.000 personas permanecían en los campamentos
de Timor Occidental a finales de 1999. Se calcula que unas
50.000 de ellas eran ex funcionarios civiles y soldados
o policías de Indonesia reclutados en Timor Oriental
y sus familias. Es probable que muchas de ellas opten por
permanecer en Indonesia. Pero también es probable
que muchos ex miembros de las milicias intenten regresar
a Timor Oriental. Otras personas que quedaban eran refugiados
que podrían haber sido «tomados como rehenes»
y a quienes se les habría impedido regresar. Teniendo
en cuenta las presiones ejercidas sobre los refugiados en
los campamentos, no existía una manera fiable de
evaluar las actitudes de la mayoría de timorenses
orientales que aún permanecen en Timor Occidental.
Algunos de los que regresaron fueron atacados y hostigados
por su presunto apoyo a las milicias opuestas a la independencia.
El ACNUR y otras organizaciones humanitarias continúan
ayudando en las medidas de reintegración en Timor
Oriental, que constituyen una parte esencial del proceso
de reconstrucción de la sociedad de Timor Oriental.
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| Timor
Oriental y región, 1999 |
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