ACNUR/ G. Fayoux
 

La crisis humanitaria en la región colombiana del Chocó se profundizó a principios del 2004. En los últimos días de marzo, más de 1200 indígenas Emberas se vieron obligados a dejar sus hogares ancestrales a lo largo de los ríos Opogadó y Napipí debido a combates entre las FARC y grupos paramilitares.

Este desplazamiento, dos años después de la tragedia que dejó 119 personas muertas en Bojayá cuando se protegían de los enfrentamientos al interior de la iglesia del pueblo, puso a esta zona de nuevo en el epicentro de una creciente crisis humanitaria. En el Chocó, además de los desplazados, numerosas comunidades indígenas y afro colombianas permanecen virtualmente sitiadas por las partes en conflicto.

Las poblaciones desplazadas recibieron rápidamente ayuda humanitaria de emergencia, tanto de la Red de Solidaridad Social como de agencias del Sistema de Naciones Unidas. El ACNUR participó en misiones para verificar la situación humanitaria y, unas semanas más tarde, para evaluar las condiciones de retorno.

Pero más allá de la ayuda, el conflicto armado continúa acercándose a los últimos santuarios de pueblos indígenas que ya han sufrido por siglos las consecuencias de las guerras de otros. Mientras los grupos armados no dejen a la población civil fuera de su conflicto, nuevos desplazamientos y más derramamiento de sangre seguirán sucediendo.


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