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Un
refugiado es toda persona que huye de su país a causa de un temor
fundado de persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad,
opinión política o pertenencia a un grupo social particular
y que no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección
de su país. También es considerado como refugiado aquel que
deja su país porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas
por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos
internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias
que hayan perturbado gravemente el orden público.

ACNUR/
X. Orellana |
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Salomé
Egüez ACNUR, Quito
Los
desafíos de la llegada
“Lo
bonito de la tierra de uno es cuando se puede pensar en tener un futuro
ahí, pero mi Colombia ya no me podía ofrecer nuevos días.
Lo último que uno piensa es dejar su país. Se tiene la idea
de que no se va a poder querer algo que no sea de uno, pero ahí
se entiende que lo más propio del ser humano es la vida”
(refugiada colombiana en Ecuador).
En
el año 2000 el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Refugiados (ACNUR) abrió su primera oficina en Ecuador para asistir
al creciente número de colombianos que, debido a la compleja realidad
de su país, debieron cruzar la frontera para preservar sus vidas.
El compromiso con sus obligaciones internacionales por parte del Estado
y la sociedad ecuatoriana ha facilitado la aplicación de instrumentos
para proteger a los refugiados. Mediante un esfuerzo compartido, el Ministerio
de Relaciones Exteriores del Ecuador y el ACNUR trabajaron para responder
a las más de 20 mil solicitudes de refugio recibidas a partir del
2000. Además, durante el 2003, el ACNUR apoyó al Gobierno
Ecuatoriano con personal, capacitación y con la creación
de un sistema de registro para las aplicaciones de refugio. De manera
paralela, en ese mismo año, un nuevo sistema de identificaciones
empezó a operar.
De
sobrevivir a vivir
“Fue
muy duro salir, pero más lo sería volver. Para qué
regresar a un lugar a saludar personas que ya no existen. Ahora estoy
en un país que no es el mío, pero sí puede ser el
de mis hijos y trabajaré por ello”
La
obtención legal de la condición de refugiado es el primer
paso que un solicitante deberá enfrentar. La siguiente faceta abarca,
de manera más directa, la intención de reconstruir sueños
y expectativas. El proceso de adaptación en esa “nueva tierra”
se ve reflejado en los esfuerzos por alcanzar la integración local.
En esta etapa, el refugiado deberá asumirse como parte de la comunidad
sin perder su identidad cultural. He ahí la riqueza que, tanto
las localidades que acogen y los que se integran, pueden obtener en este
intercambio.
En
este contexto, como una manera de respaldar a las comunidades que acogen
refugiados, el ACNUR ha diseñado pequeños proyectos destinados
a promover la autosuficiencia de los refugiados y facilitar su inserción.
A partir del 2003, los denominados Proyectos de Impacto Rápido
(PIRs) se han venido ejecutando en la frontera norte ecuatoriana. Gracias
al trabajo conjunto de ACNUR y varias instituciones gubernamentales, organismos
humanitarios y la misma población, 23 proyectos fueron ejecutados
con un total de 22.376 personas beneficiadas (17,006 ecuatorianos y 5,370
colombianos). Estos proyectos se caracterizan por no requerir inversiones
cuantiosas y por su flexibilidad para ser ejecutados en poco tiempo (3
a 6 meses). El propósito de este plan responde a necesidades identificadas
en las comunidades fronterizas que acogen a los refugiados y buscan beneficiar
a ambas poblaciones en los sectores de educación, salud, infraestructura
y generación de ingresos. Para el 2004, un número de 27
proyectos han sido identificados y aprobados.
Cabe
reconocer que Ecuador y su tradición de respeto a las garantías
humanas básicas, se constituye como un ejemplo en la región.
Por este motivo, ACNUR se ve alentado a seguir trabajando para colaborar
en la instauración de mejores condiciones de vida para la población
refugiada y para los ecuatorianos.
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