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Desde julio de este año se han reportado dos ataques contra la población civil en el municipio de San Carlos que han dejado un total de 11 muertos, varios heridos y provocado el desplazamiento de cientos de personas.
En febrero de 2004, el corresponsal para América del Sur de la BBC de Londres, acompañó al ACNUR al oriente antioqueño para observar los esfuerzos que la Registraduría Nacional, con el apoyo del ACNUR, lleva a cabo para proporcionar documentos de identidad a la población afectada por la violencia en una de las zonas más conflictivas de Colombia. A continuación reproducimos algunas de sus impresiones, recogidas en un artículo publicado en la revista News Gathering de la BBC.
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Elliot Gotkine
«Poco a poco nos fuimos adentrando en territorio controlado por los grupos armados, alejándonos de la relativa seguridad de Bogotá. Varias veces nos detuvimos para pedir direcciones.
Empezábamos a resignarnos a pasar la noche en medio de la nada, cuando vimos a un hombre parado al lado de la carretera. «Disculpe, por aquí se va a San Carlos?», preguntó Mauricio, nuestro conductor. «Quince mil pesos», fue la respuesta del campesino que, confundido, trataba de vendernos una guanábana.
Finalmente llegamos hasta un pequeño poblado llamado Cocorná. La calle principal estaba clausurada con barreras metálicas y advertencias de la policía. Estas medidas fueron tomadas luego de que la comisaría de policía hubiera sido atacada varias veces por la guerrilla. Estuvimos buscando el Hotel Casa Campesina, pero no lo encontramos. Terminamos alojándonos en un hotel que cobraba 8000 pesos (3 dólares ) la noche (menos por una habitación sin televisión).
Al día siguiente, camino a San Carlos, pasamos muchas casas abandonadas. Algunas tenían letreros pintados en las paredes, advirtiendo a los curiosos sobre las minas antipersonales sembradas dentro y fuera de ellas.
En El Jordán, funcionarios del ACNUR y la Registraduría estaban entregando documentos de identidad a las personas desplazadas, quienes los necesitan por su seguridad y para tener acceso a los beneficios del Estado. Las personas que esperaban bajo el sol de mediodía no eran el tipo de desplazados que yo esperaba ver.
Tal vez el caso más triste era el de una mujer rolliza de edad media con un enorme vestido lila. Mientras esperaba su turno para recibir los documentos, los cuales necesitaba para trasladarse a otra zona, me contó que su esposo, un político local, había sido amenazado. Mientras me explicaba cómo sus vidas habían sido arruinadas, comenzó a llorar. Hacía meses que no veía a su pareja.
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