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ACNUR/ K. Mery
«Sólo transportamos a personas conocidas en las comunidades que no tengan ningún vínculo con ninguno de los grupos armados.
Los suministros van sólo para las tiendas comunitarias de la Diócesis, así sabemos que no se utilizan mal.
Tomó un año que los actores del conflicto reconocieran nuestra imparcialidad, desde entonces no nos detienen siquiera para preguntar qué hacemos.
El reto con este relanzamiento es hacer el Arca sostenible económicamente como proyecto, todo el mundo sabe que se necesita pero hay que mantenerlo. En eso estamos trabajando»
—Pastor Caicedo, miembro del consejo mayor de la ACIA
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En Tanguí, una población a orillas del gran Río Atrato a sólo media hora en lancha de Quibdó, la capital del departamento del Chocó, la llegada de alimentos y medicinas para la tienda comunitaria no es tan rutinaria como debería.
El 13 de octubre pasado, cuando el Arca de Noé llegó con huevos, aceite y gaseosas, fue un día especial. Este pequeño barco de 50 metros de largo propiedad de una organización de la sociedad civil, (la Asociación Campesina Integral del Atrato, ACIA, foro de organización de unas 120 comunidades afrocolombianas) comenzó a convertirse en el año 2000 en la línea de salvamento para decenas de esas comunidades en una amplia zona disputada por los grupos armados en el Chocó.
Cada grupo busca debilitar a sus contrarios mediante el bloqueo económico (de alimentos, medicinas, combustible, etc.) a las comunidades donde podrían surtirse. Pero las principales afectadas han sido las comunidades indígenas y afrocolombianas que viven a orillas del Atrato o de sus tributarios como el río Bojayá o el Opogadó.
La respuesta de la ACIA fue dejar a los grupos armados sin el argumento de la parcialidad de las embarcaciones. El Arca de Noé no puede ser acusado por ninguna de las partes de trabajar para sus contrarios (ver resaltado). Como lo decía un pasajero durante el viaje del 13 de octubre, el Arca «es el único bote al que no le disparan». Entre 2000 y 2003, su labor mantuvo el mínimo de suministros necesarios para miles de personas que de otra manera podrían haber sido obligadas a desplazarse ante la amenaza del hambre.
El Arca estuvo un año fondeada en Quibdó para reparaciones que financió el ACNUR con el apoyo del gobierno británico. En ese período el bloqueo arreció sus efectos, a pesar de que la ACIA buscó mantener el suministro en botes más pequeños. Tan pronto volvió a navegar a mediados de octubre, otras embarcaciones lo siguieron y repoblaron en alguna medida el solitario Atrato.
Hoy el bloqueo se mantiene y miles de personas continúan en riesgo por la presión de los grupos armados. Pero el Arca ha vuelto a hacer la diferencia entre la dificultad y la desesperanza.
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