ACNUR/ G.Valdivieso

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En San Pablo (Sur de Bolívar), uno de los municipios con mayor población desplazada en el Magdalena Medio colombiano, no era común tener a las autoridades municipales en reuniones convocadas por la población desplazada… hasta hace poco, cuando las ocho asociaciones del municipio crearon la red Enraizar.

La red ya tiene una oficina desde la cual organiza sus actividades y las de cada asociación, y en la que se espera prestar servicios que le generen ingresos.

También tiene una voz más potente. Hace poco, cuando Enraizar organizó un evento deportivo para jóvenes «con sólo ver la carta los comerciantes ya decían que colaboraban», cuenta Yonelia, una de las integrantes, para ilustrar el efecto que ha tenido la organización (226 de los 272 miembros de la Red son mujeres). Enraizar ya presentó sus proyectos al Concejo Municipal y espera reunirse con los tres candidatos a la alcaldía.

Las buenas noticias son posibles gracias a alianzas entre organizaciones que trabajan en San Pablo hace años, y que están encontrando sinergias para multiplicar el efecto de cada apoyo que dan a una población que ha sufrido como pocas el conflicto.

Un proyecto conjunto del ACNUR y el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio creó los espacios para que las asociaciones comenzaran a encontrarse y ha acompañado la formación de la Red. Al mismo tiempo, el ACNUR, la Parroquia y el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) identificaron puntos de coincidencia en proyectos que estaban apoyando. A principios de noviembre, un foro sobre Escuela y Desplazamiento que organizaron ACNUR y la Corporación Legal en San Pablo se benefició no sólo del aporte de Enraizar, sino de una exposición fotográfica sobre vivienda digna para la población desplazada, que fue organizada por las mismas asociaciones con el apoyo del SJR.

La mayoría de las aproximadamente cinco mil personas desplazadas en San Pablo sigue viviendo con un alto nivel de necesidades insatisfechas, sin ingresos estables y en zonas altamente anegables donde su salud corre peligro. Pero asociaciones que antes se sentían solas ahora son escuchadas y las instituciones están propiciando un proceso que devuelve esperanzas a muchos que pensaron, como Dora, una madre desplazada, «que ya todo se había acabado, y hasta aquí habíamos llegado».



© ACNUR, 2004