Testimonios: Faez y Salha

Pareja palestina conquista clientes en el sur de Brasil con recetas árabes

© ACNUR
El matrimonio de refugiados palestinos Faez Abbas e Salha Nasser en la cocina de su casa en Rio grande do Sul. Ellos hacen parte de un grupo de 108 refugiados palestinos reasentados a Brasil.

SAPUCAIA DO SUL (RS), Brasil, 29 de noviembre (ACNUR) – Faez Abbas nació en Haifa cuando la cuidad todavía hacía parte del antiguo territorio palestino, antes de la creación del Estado de Israel en 1948, pero vivió gran parte de su vida en Iraq, donde lo llevó la diáspora palestina que se produjo en aquellos años. El refugiado palestino reasentado en Brasil desde hace tres años, vino al país con su esposa, Salha Nasser, hija de palestinos que también migraron hacia Iraq a fines de la década de 40.

En Bagdad, Faez y su familia disfrutaban de una vida estable y confortable, gracias a su trabajo como empleado público. En 2003, con la caída del régimen de Saddam y el inicio de la violencia sectaria contra los palestinos en Iraq, él y su esposa fueron forzados a dejar el país y terminaron refugiándose en el campamento de Ruweished, en Jordania. La hija de la pareja permaneció en Iraq y el hijo se fue a Chipre.

Luego de cuatro años viviendo en tiendas improvisadas en pleno desierto, Faez y Salha aceptaron la oferta de reasentamiento del gobierno brasileño y llegaron al país a finales de 2007, con otros 106 palestinos atendidos por el Programa de Reasentamiento Solidario.

Reasentados en Sapucaia do Sul, en la región metropolitana de Porto Alegre (RS), inicialmente sintieron miedo al pensar que pasarían los últimos años de sus vidas en tierra extranjera. Hoy están felices y acostumbrados al país, aún con poco dominio del idioma portugués. “No fuimos nosotros los que escogimos Brasil, fue Brasil que nos eligió”, afirma Faez, que inició en su casa una producción doméstica de dulces y otras comidas árabes.

Mientras vivían en Iraq, Faez y su familia tuvieron la oportunidad de visitar varios países durante las vacaciones. Eso facilitó la integración de la pareja en Brasil. Para Faez “quien está acostumbrado a viajar y a conocer otras culturas no se asusta fácilmente con las diferencias”. Habiendo visitado lugares tan diferentes como Australia, Pakistán, Turquía, Tailandia y Hungría, la pareja dice que, en Brasil, lo que más llamó su atención fue la simpatía de las personas. “Aquí en Brasil están todos sonriendo”, dice Salha.

La idea de comenzar a trabajar con alimentos árabes surgió de una sugerencia de Hayat Saleh, también palestina, asistente de integración local de la Asociación Antônio Vieira (ASAV) – organización no gubernamental responsable del Programa de Reasentamiento Solidario en Río Grande do Sul.

“Vi que Faez era un hombre con talento, que aprende todo muy rápidamente. Como palestina, sabía que no había personas vendiendo dulces y pan típicos en esta región. Entonces le sugerí que comenzase lentamente, haciendo primero el pan árabe y que fuese diversificando la producción con el tiempo”, cuenta la asistente social.

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Faez, que ya había sido propietario de una fábrica de helados y de confección de artículos femeninos en Iraq, reveló su dominio culinario al iniciar la ejecución de recetas árabes y brasileras en Sapucaia do Sul. Se matriculó en un curso de cocina brasilera ofrecido por la Intendencia municipal y, con el apoyo de ASAV, obtuvo un crédito para la compra de maquinaria y, de esta forma, pudo iniciar su emprendimiento familiar.

Comenzar a vender lo que producía no fue fácil. Faez y la asistente de integración local de la ASAV fueron a todas las estaciones de trenes entre Porto Alegre y Sapucaia ofreciendo los productos a cafeterías. Poco a podo, Faez fue conquistando su clientela, y hoy vende también para la comunidad árabe de Sapucaia. Los ingresos de la pareja se complementan con la asistencia financiera del Proyecto de Reasentamiento Solidario, mantenida para todos los refugiados que son considerados vulnerables.

Con la ayuda de ASAV, Faez consiguió un permiso para vender sus productos en una feria semanal de artesanías y alimentación en Sapucaia. Sin embargo, por cuestiones de salud aún no pudo participar del evento. Para Faez y Salha, tener una panadería árabe en Sapucaia sería la realización de un sueño. Pero las limitaciones impuestas a la pareja por la edad avanzada dificultan la expansión de un emprendimiento que exige esfuerzo físico y disposición.

A pesar de todas las dificultades que la familia enfrentó desde que llegó al Brasil, Faez se alegra de poder ocupar su tiempo con alguna actividad, resaltando la importancia del trabajo para su integración en el Brasil. “El trabajo siempre aumenta la autoestima de las personas. Aunque estuviese en mi país, sin trabajo no estaría feliz”.

Como el resto de la familia dispersa por el mundo, la pareja solo conoce los nietos por fotos y dice que para completar su felicidad en el país, les gustaría tener a los parientes reunidos en Brasil. “¡Con mis hijos aquí, Brasil sería un paraíso!”

Janaina Galvão, en Sapucaia do Sul (RS), Brasil