MARCANDO LA DIFERENCIA... Adam Rajab Odongo nunca olvidará la mirada de angustia de aquel refugiado de dos años cuando inspeccionaba un hospital del Gobierno tanzano. La pierna derecha del niño había quedado destrozada por la misma bala que mató a su madre cuando cargaba con él a la espalda. Otros civiles que huían del caos de la República Democrática del Congo ayudaron al pequeño a escapar al país vecino, pero llevaba ya tres días en el hospital sin recibir ningún tipo de tratamiento. «Fue un momento muy triste y difícil, ya que no supe mantener la compostura», recuerda Odongo, que es ugandés. «Rompí a llorar delante de todos aquellos refugiados. Tomé al niño en mis brazos, entre llantos y sollozos, seguido por los refugiados. Entramos en la consulta del médico y preguntamos qué estaba ocurriendo.» El médico operó ese mismo día, amputando la pierna del niño pero salvando su vida. La intervención de Odongo consiguió una mejora en el control de las admisiones y traslados en los hospitales tanzanos. Odongo es miembro del programa de Voluntarios de las Naciones Unidas (UNV), creado en 1970 como sección de voluntariado del sistema de la ONU. Cada año envía a unos 4.500 expertos a 150 países, donde participan en una gran variedad de actividades, desde ayudar a organizar unas elecciones, enviar ayuda de emergencia o promover los derechos humanos y la igualdad entre sexos, hasta mejorar las instalaciones de salud y proteger el medio ambiente. Unos 1.500 voluntarios han colaborado específicamente con el ACNUR en la última década, en trabajos entre los que se incluye la recepción y repatriación de refugiados, la gestión de campamentos y el transporte. El UNV desempeñó un papel crucial en el diseño de los programas de «preparación y respuesta de emergencia» de la agencia, según señala Marilyn Virrey-Raguin, quien ayudó a coordinar el envío de los voluntarios a lo largo de la turbulenta década de los 90. El funcionario superior de Emergencia, Jo Hegenauer, que ha trabajado con un grupo de voluntarios en Kosovo, está de acuerdo: «Según mi experiencia, su labor suele caracterizarse por su enorme entusiasmo y un trabajo muy duro», dice. «A menudo se les encargan tareas nuevas y complejas que tienen un resultado positivo para la gente a la que ayudamos.» REFORZAR LOS VÍNCULOS
contenido energético y
agua e intentamos alimentar al niño», comenta. «Decidimos
trasladarlo a Goma (la gran ciudad más cercana) lo antes posible.»
El niño sobrevivió y, actualmente, vive con una familia
en Ruanda. Para Lepri, que ya ha ayudado a repatriar a 32.000 refugiados
ruandeses, cuidar de los desplazados de Burundi y poner en marcha dos
proyectos de reparación de carreteras, todo aquello no fue más
que un día de trabajo.
Al otro lado del mundo, en Baucau, Timor Oriental, la francesa Anne Richier ayuda a albergar a los refugiados, les prepara para regresar a sus hogares y trabaja en los denominados «proyectos de impacto rápido», destinados a mejorar las condiciones tanto de los refugiados como de los habitantes del lugar. A su juicio, «el UNV es fundamental en el trabajo del ACNUR, porque somos los que estamos a diario sobre el terreno». El Alto Comisionado está de acuerdo. Para rendir tributo a «sus» voluntarios, les otorgó recientemente una medalla especial Nansen, que rinde homenaje a su compromiso con los refugiados (ver página 30). Por su parte, la Asamblea General de la ONU ha designado el 2001 como el Año Internacional de los Voluntarios a fin de poner de relieve su trabajo y animar a más personas a ofrecerse voluntariamente en ayuda de los necesitados del mundo. (Los voluntarios pueden contribuir con sus servicios en cualquier lugar del mundo a través de: http://app.netaid.org/OV)
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