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MARCANDO LA DIFERENCIA...

Voluntarios de las Naciones Unidas en primera línea


Por Richard Nyberg

Adam Rajab Odongo nunca olvidará la mirada de angustia de aquel refugiado de dos años cuando inspeccionaba un hospital del Gobierno tanzano. La pierna derecha del niño había quedado destrozada por la misma bala que mató a su madre cuando cargaba con él a la espalda. Otros civiles que huían del caos de la República Democrática del Congo ayudaron al pequeño a escapar al país vecino, pero llevaba ya tres días en el hospital sin recibir ningún tipo de tratamiento.

«Fue un momento muy triste y difícil, ya que no supe mantener la compostura», recuerda Odongo, que es ugandés. «Rompí a llorar delante de todos aquellos refugiados. Tomé al niño en mis brazos, entre llantos y sollozos, seguido por los refugiados. Entramos en la consulta del médico y preguntamos qué estaba ocurriendo.» El médico operó ese mismo día, amputando la pierna del niño pero salvando su vida. La intervención de Odongo consiguió una mejora en el control de las admisiones y traslados en los hospitales tanzanos.

Odongo es miembro del programa de Voluntarios de las Naciones Unidas (UNV), creado en 1970 como sección de voluntariado del sistema de la ONU. Cada año envía a unos 4.500 expertos a 150 países, donde participan en una gran variedad de actividades, desde ayudar a organizar unas elecciones, enviar ayuda de emergencia o promover los derechos humanos y la igualdad entre sexos, hasta mejorar las instalaciones de salud y proteger el medio ambiente.

Unos 1.500 voluntarios han colaborado específicamente con el ACNUR en la última década, en trabajos entre los que se incluye la recepción y repatriación de refugiados, la gestión de campamentos y el transporte.

El UNV desempeñó un papel crucial en el diseño de los programas de «preparación y respuesta de emergencia» de la agencia, según señala Marilyn Virrey-Raguin, quien ayudó a coordinar el envío de los voluntarios a lo largo de la turbulenta década de los 90. El funcionario superior de Emergencia, Jo Hegenauer, que ha trabajado con un grupo de voluntarios en Kosovo, está de acuerdo: «Según mi experiencia, su labor suele caracterizarse por su enorme entusiasmo y un trabajo muy duro», dice. «A menudo se les encargan tareas nuevas y complejas que tienen un resultado positivo para la gente a la que ayudamos.»

REFORZAR LOS VÍNCULOS

El voluntario Srdja Marotic trabajando en Tanzania.
©UNV

Ambas organizaciones han reforzado aún más sus vínculos en junio del 2000, con un acuerdo para elaborar una lista de personal voluntario en reserva para misiones de emergencia y repatriación.

En las misiones sobre el terreno, el trabajo continúa a un ritmo incesante. Adam Rajab Odongo se encontró al niño congoleño de dos años cuando ejercía como trabajador sobre el terreno en el distrito de Kigoma, en Tanzania, que alberga el campo de refugiados de Lugufo, hogar temporal de unos 60.000 refugiados congoleños. Ha pasado tres años en la región, asistiendo a oleadas de refugiados recién llegados y ayudando al menos a unos cuantos a regresar a sus hogares.

Uno de sus compañeros en el UNV, Srdja Marotic, ayuda a levantar campamentos y a supervisar unos 350 vehículos ligeros y tres aviones que las agencias humanitarias usan para asistir a unos 350.000 refugiados de la región. A veces «te levantas a las 3 de la mañana… y, si tienes suerte, puedes haber terminado a las 10 de la noche», dice.

En la frontera de la República Democrática del Congo, Giovanni Lepri tuvo su propio «encuentro» con otro niño de dos años en la ciudad de Matanda. Modesto apenas respiraba y estaba al borde de la inanición cuando lo vio Lepri, que es  italiano. «Teníamos  galletas  de alto

contenido energético y agua e intentamos alimentar al niño», comenta. «Decidimos trasladarlo a Goma (la gran ciudad más cercana) lo antes posible.» El niño sobrevivió y, actualmente, vive con una familia en Ruanda. Para Lepri, que ya ha ayudado a repatriar a 32.000 refugiados ruandeses, cuidar de los desplazados de Burundi y poner en marcha dos proyectos de reparación de carreteras, todo aquello no fue más que un día de trabajo.

Al otro lado del mundo, en Baucau, Timor Oriental, la francesa Anne Richier ayuda a albergar a los refugiados, les prepara para regresar a sus hogares y trabaja en los denominados «proyectos de impacto rápido», destinados a mejorar las condiciones tanto de los refugiados como de los habitantes del lugar. A su juicio, «el UNV es fundamental en el trabajo del ACNUR, porque somos los que estamos a diario sobre el terreno».

El Alto Comisionado está de acuerdo. Para rendir tributo a «sus» voluntarios, les otorgó recientemente una medalla especial Nansen, que rinde homenaje a su compromiso con los refugiados (ver página 30). Por su parte, la Asamblea General de la ONU ha designado el 2001 como el Año Internacional de los Voluntarios a fin de poner de relieve su trabajo y animar a más personas a ofrecerse voluntariamente en ayuda de los necesitados del mundo.

(Los voluntarios pueden contribuir con sus servicios en cualquier lugar del mundo a través de: http://app.netaid.org/OV)


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