NIÑOS
“Si somos el futuro
y estamos muriendo,
es que no hay futuro.”

Número 110• 2001
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Editorial

Hasta aquí muy bien..., ¿pero qué pasa ahora?

En algo más de una década, desde la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989, literalmente los millones de niños y niñas desposeídos en todo el mundo, incluido un enorme número de jóvenes refugiados, han tenido la oportunidad de crecer y prosperar.

Un número incontable de menores en situación de riesgo se han salvado por la aplicación de simples preparados médicos o nuevos remedios. Sus hermanos mayores, y un número cada vez mayor de hermanas, han sido escolarizados. Los niños desplazados de sus hogares por la guerra y por otro tipo de persecuciones han recibido comida y techo y más tarde una oportunidad para empezar su vida de nuevo.

La capacidad de adaptarse es clave en la supervivencia de los niños amenazados. Jóvenes desplazados en Angola utilizan el fuselaje destruido de un avión en el Museo de la Revolución de Luena como parque de juegos.
© S. SALGADO

La propia Convención atrajo a un mayor número de signatarios gubernamentales que cualquier otro estatuto sobre derechos humanos de la historia. Ayudó a promover una cantidad impresionante de instrumentos y directrices legales, diseñados todos para proteger y ayudar a los niños, jóvenes y adolescentes necesitados, tanto en su localidad natal como en un campo de refugiados repleto de gente.

Pero cuando se convoque en septiembre una sesión especial de la Asamblea General de la ONU para repasar los 10 años de trabajo en este campo, los delegados se concentrarán con el lado oscuro de la historia.Se calcula que unos dos millones de niños han resultado muertos, a menudo intencionadamente, durante el mismo período. Muchos millones más continúan
sufriendo de enfermedad o desnutrición y han sido heridos, mutilados o han quedado huérfanos. El sida se ha convertido en una plaga mortal para la población joven sin derechos civiles de todo el mundo. Hay por lo menos 25 millones de menores desplazados de sus hogares dentro de su propio país o viviendo en calidad de refugiados en los países cercanos.

El ACNUR ayuda aproximadamente a la mitad de ellos. A menudo la comunidad internacional le pide que haga más y actualmente está revisando todos sus programas infantiles y su involucración con algunas poblaciones de desplazados internos que caen fuera de su mandato original.

La desagradable realidad es, sin embargo, que se está pidiendo a esta agencia, y a otras, que haga más con menos: sólo se está cubriendo el 80 por ciento de sus necesidades presupuestarias.

De modo que, pese a los significativos progresos de la pasada década, la próxima conferencia hará frente a una cruda realidad y a difíciles decisiones para los siguientes diez años.

  • Este número incluye un reportaje fotográfico, con retratos de niños refugiados de todo el mundo, de Sebastiao Salgado. Cada niño ha pasado por momentos traumáticos. Pero por encima de las penas y el sufrimiento, la cara de cada uno de estos jóvenes emite silenciosos destellos de fuerza y esperanza.
  • En la entrevista de las páginas centrales, el nuevo Alto Comisionado del ACNUR, Ruud Lubbers, explica su visión sobre el futuro de la organización, una agencia mas pobre, quizás, pero, al concentrarse en sus funciones «básicas» también más efectiva.