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«LA VIDA ES UN AULA, UNA CALLE SIN METRALLETAS Y UN CAMPO SIN MINAS»

La ayuda a los niños traumatizados

Un innovador programa canadiense ofrece buenos resultados en la asistencia a los niños refugiados con trastornos

Por Nanda Na Champassak

“Mi padre ha muerto y mi madre está desaparecida. Sufro demasiado. Mi hermana también. Siempre estoy llorando por mis padres para que Dios me los devuelva.»

Unos 10 millones de niños, incluido el joven de Sierra Leona que escribió estas angustiosas palabras, han sufrido graves traumas psicológicos en la pasada década despues de escapar de guerras y otras formas de violencia y persecución.

NIÑO PALESTINO EN EL CAMPO DE EL-HILWEH LÍBANO, 1998
SEBASTIÃO SALGADO

Muchos languidecen durante años en campos de refugiados o en países muy pobres, alejados de cualquier ayuda experta, pero incluso cuando llegan a un lugar seguro en países tan avanzados como Canadá, algunos siguen mostrando las cicatrices de un trauma profundo.

Su enfermedad supone un desafío especial, no sólo para el niño y su familia cercana, sino también para la comunidad que los recibe, incluidos los médicos, maestros y trabajadores sociales.

La ciudad de Toronto es un auténtico crisol, con niños de más de 50 países inscritos en la población estudiantil de la ciudad, todos con culturas y lenguas distintas, y algunos con un problemático pasado de refugiado.

¿Cómo debe responder el sistema? En primer lugar, los maestros «necesitan herramientas para poder intervenir y ayudar a los niños que padecen traumas», según la Dra. Ester Cole, consultora del Instituto Internacional de los Niños. «Necesitan formación en primeros auxilios psicológicos para poder reconocer los sistemas traumáticos y saber qué hay que hacer y qué no hay que hacer.»

Cole ha ayudado a desarrollar un programa psicosocial comunitario denominado «Puentes tendidos» que sirve de apoyo a la salud mental de los niños. Se ha experimentado con éxito en seis escuelas de Toronto y es un compendio de las ideas «más prácticas» recabadas a raíz de distintas discusiones con niños, padres, educadores, trabajadores comunitarios y profesionales de la salud mental.

Los diseñadores del proyecto descartaron rápidamente las visitas clínicas como método para resolver los problemas del niño. «Parece un poco ridículo esperar que una madre refugiada se monte en un par de autobuses,con la familia a cuestas, has-

ta un lugar que no conoce de la ciudad para contarle sus problemas a un perfecto desconocido a través de un intérprete», señala uno de los médicos.

Lo que se hizo en cambio fue desarrollar un programa comunitario centrado en la escuela y, según David Gladstone, consultor del Instituto, su primer y más importante paso fue simplemente escuchar a los niños con problemas.

DESEOS COMPARTIDOS

El hecho de que expresaran deseos universales —tener amigos, practicar deportes, rendir en clase, hablar inglés y «sentirse seguros»— no supuso una sorpresa. El programa «Puentes tendidos» tuvo luego que abordar estos problemas sin estigmatizar a los niños estresados, además de conseguir crear algo tan intangible como el sentido de pertenencia.

Se creó una serie de actividades escolares cuidadosamente diseñada para ser una extensión de lo que los profesores ya hacen, en vez de ser un programa adicional. Los llamados «equipos de compañeros» fomentan la amistad e intentan salvar las diferencias culturales. Otros programas como «El arte está en mi interior», «Historias de clase» y «Juegos que nos gustan» ayudan a liberar la tensión emocional mediante ejercicios de autoexpresión y promueven la autoestima y la confianza en uno mismo. El «Cambio-intercambio» anima a los niños a discutir y resolver problemas personales como el de los motes o las novatadas.

David Gladstone indica que, para que el método «Puentes tendidos» tenga éxito, la escuela entera debe implicarse, por lo que el Instituto ha creado unas guías y talleres de formación para directores de escuela, maestros, familias y organizaciones comunitarias.

«Puentes tendidos» ha tenido el suficiente éxito como para que otras escuelas de Toronto lo apliquen y para que sus ideas lleguen incluso más lejos.

Miriam Di Giuseppe, antigua directora de escuela y consultora educativa del Instituto, ha ayudado a adaptar el método para ponerlo en práctica en escuelas de Croacia, Bosnia y Herzegovina y Albania.

Después de una conferencia en Bosnia, aseguró que «por primera vez los estudiantes han tenido la oportunidad de expresar libremente sus necesidades y sus preocupaciones a los adultos. Eso ha conseguido abrir los ojos a los educadores, que no están habituados a escuchar las voces de los niños», lo cual refuerza su opinión de que «las escuelas deben ser lugares de sanación donde los niños puedan expresarse libremente».

Actualmente el Instituto está terminando la guía para un programa psicosocial llamado «Puentes cruzados» destinado a niños en campos de refugiados. Contiene muchos de los objetivos fundamentales del programa «Puentes tendidos», pero ha sido adaptado para ofrecer métodos prácticos con lo que poner en marcha los programas psicosociales en los campamentos, incluyendo actividades en las que los niños pueden sentirse a salvo jugando, aprendiendo y sanando.

Más información sobre el Instituto Internacional
de los Niños en la website: www.icichildren.org

 

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