“Mi objetivo es la protección, salvaguardarla y fortalecerla” En una entrevista con Refugiados, el Alto Comisionado Ruud Lubbers explica su visión sobre el futuro de la organización
desearles suerte, dejando para
otros las soluciones difíciles. Pasé mucho tiempo en Guinea,
Sierra Leona y Liberia recabando el apoyo de los líderes regionales
a los principios de acceso y paso seguro para decenas de miles de refugiados
abandonados en el sur de Guinea. La situación allí sigue
siendo extremadamente peligrosa y frágil. Pero con el apoyo de
Guinea, el ACNUR y sus socios pudieron restablecer la ayuda a los refugiados
desamparados en una semana.
¿Cuál es su visión del futuro del ACNUR? Quiero ver al ACNUR convertido en una institución verdaderamente multilateral, apoyada activamente y coparticipada por un amplio espectro de la comunidad internacional. Cincuenta años después de la fundación del ACNUR, es obvio que el problema de los refugiados no va a desaparecer. Los gobiernos tienen que ser realistas. Las naciones del mundo necesitan un ACNUR efectivo, una organización que pueda cumplir su mandato de protección, que sea una firme defensora de los refugiados y se asegure de que los gobiernos cumplen sus obligaciones respecto a la Convención de 1951. ¿Tiene el ACNUR todo el apoyo que necesita? Hay un cierto número de países que invierten en el ACNUR, pero no es suficiente. La comunidad internacional nos ha encargado proteger y buscar soluciones para los refugiados del mundo. Pese a ello, muchos miembros de la misma comunidad internacional no quieren hacerse responsables, o sólo en muy pequeña medida, a la hora de apoyar nuestro trabajo. Esto no es admisible. Ahora mismo, recibimos subvenciones voluntarias por parte de una coalición relativamente pequeña de países bien intencionados. El hecho de que ciertos gobiernos decidan caso por caso, sobre una base voluntaria, cuándo y qué van a apoyar, hace al ACNUR demasiado vulnerable. ¿Entonces quiere una política de subvenciones más formal y segura? Sí, pedimos una contribución modesta pero justa. En los dos últimos años, nuestro presupuesto ha estado un 20 por cien infrasubvencionado. Estamos procediendo a identificar nuestras actividades fundamentales. Necesitamos un apoyo seguro para dichas funciones. También necesitamos dotarnos de una capacidad especial para situaciones concretas e imprevistas, emergencias y crisis. Muchos países tienen que empezar a ver esto como algo normal, como una asociación a largo plazo con el ACNUR en la que trabajamos juntos para encontrar soluciones para los refugiados. Después de todo, eso es lo que nos han pedido que hagamos. ¿Va a tomar medidas austeras, como, por ejemplo, recortes de personal? Durante muchos años he practicado
una política de rigurosa austeridad en el mundo empresarial y el
gobierno. En el ACNUR tenemos que hacer lo mismo. Una organización
pequeña también puede ser potente. Tenemos que ver qué
está haciendo la gente. ¿Es necesario? ¿Tenemos que
hacerlo nosotros? Concentrémonos en las responsabilidades fundamentales
que estamos procediendo a identificar. Pero no es algo tan simple como
decir «necesitamos establecer ¿Son exageradas las expectativas puestas en el ACNUR? El ACNUR está considerado como una agencia de acción, una institución con una capacidad operativa que sabe rendir en situaciones difíciles. De modo que cuando la gente ve un problema humanitario, piensa que el ACNUR lo puede hacer todo. También parece pensar que podemos hacerlo gratis. Sólo hace falta llamarnos y decirnos que lo hagamos. En fin, lo que podemos hacer es limitado y alguien tiene que pagarlo. Por lo tanto, tenemos que rebajar las expectativas y al mismo tiempo intentar aumentar las subvenciones y la participación en el ACNUR.
¿Qué ocurre con el sector privado? La asociación con ONGs y empresas es la tendencia del futuro. El ACNUR y los refugiados han recibido ya un gran apoyo económico y material del sector privado para cubrir necesidades concretas en muchas partes del mundo. Ésta es un área que tenemos que desarrollar aún más. Se ha hablado mucho de la «fatiga del donante». ¿Ha cambiado de actitud la comunidad internacional? Durante la guerra fría, había un beneficio político o ideológico en ayudar a los que huían al otro lado. Hoy, ese soporte ideológico ya no existe. Los países desarrollados ven la victoria en la guerra fría como una prueba de la superioridad de la democracia y los mercados libres. Ahora lo que hay es fatiga compasiva. Ya no hay debate ideológico. Parecen decir que han demostrado que su sistema de democracia y mercado libre es el mejor, pero el creciente desequilibrio entre ricos y pobres tiene su reflejo más descarnado en el problema de los refugiados. ¿Es el ACNUR responsable de los desplazados internos? Son responsabilidad de la familia de las Naciones Unidas y de la comunidad internacional. El ACNUR ha participado en más de 30 operaciones en las que estaban implicados desplazados internos desde principios de los 70, pero siempre invitados, necesitamos la aprobación de las Naciones Unidas y del país implicado, y siempre y cuando dispongamos de los recursos necesarios. No seré yo quien diga que el ACNUR se va a hacer cargo de todos los desplazados. No creo en ello en absoluto. Si los desplazados internos están en serio peligro, entonces la comunidad internacional debe trabajar unida para ayudarlos. Actualmente la ONU aborda el problema de forma conjunta, algo de lo que estoy a favor. Algunos críticos aseguran que el mandato de protección del ACNUR se ha visto adulterado por la excesiva atención prestada a la ayuda de emergencia y a las actividades operativas. Como Alto Comisionado, mi responsabilidad es proteger a los refugiados. En eso no va a haber compromisos. Mi objetivo es la protección, salvaguardarla y fortalecerla. Pero la ayuda humanitaria también es una cuestión de protección. En ocasiones, la protección y la ayuda van unidas, a fin de cubrir las necesidades básicas. No podemos volver la espalda a las necesidades inmediatas, de supervivencia, en las emergencias. Dicho esto, el ACNUR ha llevado una pesada carga con tantas crisis en la pasada década y su participación en todas estas emergencias humanitarias ha podido desviar su atención de otras necesidades de protección igualmente importantes. Es fundamental que nuestra tarea institucional básica sea la protección. Por lo tanto, ¿quiere estar menos mediatizado por la crisis? Exactamente. El problema de los refugiados va mucho más allá de las crisis. Queremos mirar más allá de ellas, a las causas, su prevención y apoyo a un buen sistema de gobierno. Necesitamos encontrar soluciones duraderas. Tenemos que construir una red ACNUR que pueda asociarse con otros para ayudar a los países en desarrollo a reforzar sus estructuras legales. Es un esfuerzo político y preventivo a largo plazo extremadamente importante. ¿Ha expresado sus protestas por la falta de apoyo de algunos países, especialmente de los estados miembros de la UE? Los países ricos demuestran su falta de visión a largo plazo si creen que pueden mantener a los solicitantes de asilo fuera de sus fronteras cerrando los canales de inmigración y endureciendo constantemente sus políticas de asilo, mientras que por otro lado se niegan a apoyar el trabajo del ACNUR para encontrar soluciones en las regiones de origen. Ayudar al ACNUR en su trabajo por todo el mundo va en interés de las propias naciones ricas. Al mismo tiempo que protestan por el aumento en el número de solicitantes de asilo e inmigrantes ilegales, las contribuciones de la Unión Europea a la organización han disminuido drásticamente. Hay una cierta falta de lógica, de lógica política, en todo esto. El ACNUR va a hacer todo lo que pueda por trabajar con la Unión Europea. He enviado al señor Prodi un memorándum señalando muchas áreas con intereses comunes donde podemos trabajar juntos, desde el desarrollo institucional en Europa Central y del Este hasta el actual proceso de Consultas Globales, la armonización de la política de asilo de la UE o los problemas que plantean la inmigración y el asilo.
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