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«LA VIDA ES UN AULA, UNA CALLE SIN METRALLETAS Y UN CAMPO SIN MINAS»

Seis años de edad y en un juzgado

Miles de niños no acompañados acaban en centros de detención de Estados Unidos

Por Amy Driscoll

La niña de seis años estaba sentada sola en un juzgado de inmigración. Sin abogado. Sin cuidador ni familia. Una niña abandonada, con los ojos de par en par y recién llegada de Nigeria, sentada en un juzgado atestado en el centro de detención Krome de Miami, donde había sido citada por el gobierno de EE.UU.

La acusación: entrada ilegal en el país.

Se infiltró en Estados Unidos, según los agentes de inmigración, como muchos otros miles de niños que cada año cruzan fronteras o aterrizan en aeropuertos con papeles de inmigración falsos o sin nigún tipo de documentos. Muchos han sido enviados por familiares pobres que quieren una vida mejor para los niños. Algunos —entre otros, muchos niños chinos— son introducidos de contrabando para trabajar en fábricas donde serán explotados. Otros incluso, como los niños mexicanos, cruzan la frontera andando por su propio pie.

Todos caen bajo la jurisdicción del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) de EE.UU., que asume el control total sobre sus vidas mientras intenta deportarlos.

Más de 4.600 menores no acompañados que entraron ilegalmente en el país en 1999 fueron puestos bajo arresto, según el INS, aunque las agencias de refugiados hablan de un número aún más elevado. La cifra ha crecido ininterrumpidamente en los últimos años, estimulada en parte por el aumento en el contrabando organizado de niños.

NIÑA KURDA IRAK , 1997
SEBASTIÃO SALGADO

Una vez detenidos, los menores tienen derecho a hablar con un abogado, si pueden permitirse pagarlo o si pueden localizar a alguno que trabaje sin cobrar. El resultado, según sus defensores, son decenas de niños deportados cada año sin nadie que los represente durante el juicio.

«En algunos casos, son decisiones de vida o muerte para los niños, que se enfrentan a ser devueltos a su país de origen», asegura Wendy Young, de la Comisión Femenina para Mujeres y Niños Refugiados de Nueva York. «Esperar que un niño pase por ese proceso sin un abogado… Bueno, las posibilidades de ganar son pocas o ninguna.»

INFORME NACIONAL

Un reciente estudio realizado a nivel nacional por la Universidad de Georgetown averiguó que los inmigrantes ilegales tienen entre cuatro y seis veces más posibilidades de obtener asilo cuando están representados por un abogado.

Un informe de la Comisión Young que está a punto de ver la luz se pregunta si el INS debe hacer al mismo tiempo de capturador y de consejero para los menores no acompañados.

«Existe un conflicto intrínseco de intereses. El INS es primero y ante todo una agencia que aplica las leyes, no una agencia de asistencia para niños», dice Young. «La misma agencia encargada de cuidar al niño está intentando expulsarlo del país.»

El 21 por ciento de los menores detenidos en todo Estados Unidos son deportados en cuestión de días. E incluso los que salen en libertad a casas de amigos o familiares se enfrentan a un procedimiento que puede acabar en su deportación.

Por el momento, la lucha por permanecer en el país es algo así como David contra Goliat, donde la callada voz de un niño se enfrenta a todo el poder de EE.UU.

El Servicio de Inmigración cree que alrededor de 100 niños al año pasan por los juzgados de inmigración sin ningún tipo de representación legal y la portavoz María García asegura que el servicio hace todo lo que puede por ayudar a los jóvenes. Nada más ser detenidos reciben una hoja informativa con la lista de sus derechos. Los jueces de inmigración comprueban durante el juicio que el niño comprende esos derechos. «Son niños y queremos estar seguros de que están bien informados», dice.

No obstante, el senador norteamericano Bob Graham y el congresista Alcee Hastings están intentando redactar nuevas leyes que den a los menores no acompañados un mayor acceso al sistema legal y a los agentes de asistencia infantil. «Los niños que vienen a este país sin padre o cuidador legal, pueden ser engullidos casi sin darse cuenta por el INS», señala Hastings. «Es algo que no debe seguir ocurriendo. »

Cortesía del «Miami Herald»

 

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