La Convención: el punto de vista británico

Ahora es cuando hace falta un debate

La inhumanidad del hombre con el hombre. Una frase trivial, citada a menudo, pero que resume la razón de existir de la Convención sobre los Refugiados de 1951. 50 años después -50 años de tortura, persecución, violencia y abuso de los derechos humanos- la Convención es tan importante como nunca a la hora de proteger a quienes no tienen otra fuente de seguridad.

Una verdad repetida hasta la saciedad es que, en los 50 años transcurridos desde su adopción, el mundo ha cambiado. En un sentido muy real, el mundo es más pequeño de lo que era en 1951. La información viaja entre continentes en segundos y las tecnologías que lo hacen posible son cada vez más accesibles. Todos podemos beneficiarnos de la mezcla ecléctica de culturas que ha resultado de la globalización.

Pero justo cuando nos hemos hecho más conscientes de las formas de vida en otros países, también los habitantes de las naciones en desarrollo se han dado cuenta de las ventajas de vivir en los países desarrollados.

El complejo juego de cambios tecnológicos, institucionales, empresariales, sociales y culturales que se resumen con el término "globalización" ha creado un mundo donde la perspectiva de viajar muchos cientos de kilómetros en busca de una nueva vida no parece un sueño imposible, sino una realidad al alcance de la mano.

Por lo tanto, puedo comprender por qué tantas personas quieren dejar su país e instalarse en el Reino Unido y otros países desarrollados con la esperanza de conseguir una vida mejor para sí mismos y sus familias.

Pero no son refugiados. Nuestros procedimientos de asilo se crearon con el fin de administrar la protección internacional otorgada a los refugiados bajo la Convención de 1951. Aquéllos que no son verdaderos refugiados no crean más que perjuicios cuando intentan burlar los controles legales de inmigración. Tanto en interés de los auténticos refugiados como de las demás personas, el Reino Unido y otros países toman medidas estrictas para mantener la integridad de nuestro sistema de asilo.

PASAR A LA ACCIÓN

Con este planteamiento en mente, hemos emprendido acciones para mejorar la administración de nuestro sistema interno de asilo. Esto incluye la aceleración de la decisión inicial y del proceso de apelación y la reducción de los casos pendientes al nivel más bajo en una década. Aún queda mucho por hacer en el frente doméstico, pero hemos dado un buen primer paso en el proceso de poner nuestra propia casa en orden.

Además de analizar los sistemas internos, tenemos que hacer lo propio, en general, con el sistema internacional de protección.

Debemos reconsiderar la forma en que intentamos proteger a quienes de verdad lo necesitan. Aunque los países desarrollados como el Reino Unido están dedicando recursos a hacer frente a las solicitudes de asilo, muchas de las cuales son infundadas, no prestamos suficiente atención a la gran cantidad de refugiados que en sus regiones de origen viven en condiciones duras y, a veces, en peligro. Y una vez reconocido el hecho, debemos hacer algo al respecto.


Tenemos por delante un largo camino antes de conseguir un régimen de protección que sea justo y efectivo…

La mayoría de los auténticos refugiados no quieren más que la oportunidad de regresar a salvo y dignamente a sus hogares. No desean confiar sus vidas ni la de sus familias a traficantes y otros criminales, pero, a veces, equivocadamente, creen que ésa es la única forma de alcanzar su meta.

He hecho algunas propuestas basadas en la importancia de apoyar a los refugiados en sus regiones de origen, mientras se ayuda a la minoría que no puede permanecer a salvo en dichas regiones a acceder al régimen de protección internacional. También doy la bienvenida a la propuesta de la Comisión Europea de llevar a cabo un estudio sobre la viabilidad de un programa de reasentamiento en la UE. Todas estas propuestas han recibido por toda Europa más apoyo del que esperaba.

Tenemos por delante un largo camino antes de conseguir un régimen de protección que sea auténticamente justo y efectivo y que no se vea alterado por traficantes criminales. Sólo podemos recorrer este camino mediante un debate abierto y franco sobre estas cuestiones. El debate necesita aportaciones de todas las partes interesadas: países generadores de refugiados, países que albergan refugiados, países de primer asilo, el ACNUR y otras organizaciones interesadas.

El año de su 50 aniversario es el momento justo para mantener ese debate. Me reconforta que el ACNUR se haya dado cuenta y haya actuado en consecuencia, promoviendo el ejercicio de consultas globales. El Reino Unido está deseoso de contribuir plenamente a estas consultas como parte del camino hacia un régimen moderno de protección internacional.

Jack Straw era, hasta hace poco y como Secretario del Interior británico, el encargado de las cuestiones de inmigración y asilo. Actualmente es Secretario de Asuntos Exteriores.

<< Artículo Anterior Índice de la Revista Artículo Siguiente >>
 
Inicio Acnur