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ASILO EN LA "TIERRA DE LA LIBERTAD" |
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Un periplo de 642 días por los tribunales de inmigración norteamericanos Por Lisa Getter* |
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Uno por uno, los diez hombres se alinean contra la barandilla de madera en una sala de justicia federal de Virginia, sus manos derechas levantadas, jurando decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. "Sí, juro", responde cada uno sucesivamente. Esto es Norteamérica en su más pura esencia: una oportunidad para estos hombres, ocho de los cuales han huido ellos mismos de la persecución, de contarle a un juez de inmigración lo que saben sobre Tialhei Zathang, un profesor de matemáticas de Myanmar que ha solicitado asilo político. El Tribunal de Inmigración de EE.UU. es un caso único en la jurisprudencia norteamericana. No hay alguaciles, ni periodistas, ni nadie que registre las sesiones excepto la juez Joan V. Churchill, usando una grabadora que puede encender y apagar a placer. Ni siquiera hay un día entero asignado al caso de Zathang, lo que significa que los testigos tendrán que volver una y otra vez, día tras día en horario de trabajo, algunos sin tener siquiera la oportunidad de testificar. Para Zathang y sus defensores, la espera demostrará ser fatal. Desde que Zathang presente su solicitud de asilo, pasarán 642 días antes de que Churchill emita su veredicto. Durante esos 21 meses, se perderán documentos, se sucederán distintos abogados y se multiplicarán los errores de programación. La decisión, cuando llegue finalmente, parecerá contradecir mucho de lo que se dijo durante el juicio. Puede que el caso de Zathang no sea muy corriente, pero su tortuoso desarrollo refleja problemas más generales en el sistema de los tribunales de inmigración del país. El Congreso define la misión de los tribunales como "la resolución expeditiva, justa y apropiada de las cuestiones que llegan ante los jueces de inmigración ". Pero, en realidad, los juicios suelen sufrir atrasos. Es difícil encontrar traductores competentes. Y la identidad de cada uno de los 219 jueces puede afectar al resultado. Las estadísticas reflejan parte de la historia: sólo 20 jueces han concedido asilo en más del 30% de los casos, mientras que 69 jueces han fallado favorablemente en menos del 10% de los casos de asilo. Para aquellos inmigrantes que han sufrido persecuciones políticas o religiosas en carne propia, el asilo es el paradigma de la imagen de Norteamérica como la tierra de la libertad. Pero relativamente pocos lo consiguen. Un análisis informático de Los Angeles Times sobre las estadísticas del Tribunal de Inmigración durante un período de seis años, desde 1994 a 2000, muestra que los jueces aprobaron solicitudes de asilo en cerca de un 14% de los casos. Ésta es la historia de un caso en una sala de justicia, ante uno de los jueces de inmigración que deciden el destino de decenas de miles de solicitantes de asilo cada año. |
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