
El Muro tras el que los Refugiados se encuentran a salvo
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Editorial La Convención sobre los Refugiados a sus 50 años.
Cuando los delegados de 26 naciones tan diversas como Estados Unidos, Israel e Irak se reunieron en la elegante ciudad de Ginebra en 1951, había cuestiones pendientes que resolver. La Segunda Guerra Mundial había acabado hacía tiempo, pero cientos de miles de refugiados vagaban aún sin destino por el continente europeo o se alojaban en campamentos improvisados. La comunidad internacional había creado, en muchas ocasiones a lo largo del siglo, organizaciones de refugiados y aprobado convenciones sobre ellos, pero la protección y la ayuda legal seguía siendo rudimentaria. Tras más de tres semanas de duros forcejeos legales, el 28 de julio los delegados adoptaron la que ha llegado a conocerse como la Carta Magna del derecho internacional sobre refugiados, la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados. El instrumento resultante fue un compromiso legal "concebido a partir de un egoísmo ilustrado", según un experto. Los gobiernos se negaron a "firmar un cheque en blanco", limitando el alcance de la Convención a los refugiados en Europa y a los acontecimientos ocurridos antes del 1 de enero de 1951. Se esperaba resolver rápidamente la "crisis de los refugiados". El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, el guardián de la Convención, creado poco antes, recibió un mandato de tres años, creyéndose entonces que se "quedaría sin trabajo" una vez resuelto el problema. Cincuenta años más tarde, el tratado sigue siendo una de las piedras angulares de la protección. Ha habido logros trascendentales y cambios a lo largo del camino. Se han creado convenciones regionales a su imagen y
semejanza. Algunas disposiciones, como la definición del término
"refugiado" y el principio de la no devolución forzosa
de una persona a un territorio donde pueda padecer persecución,
se han convertido en parte fundamental del derecho internacional. Con
el apoyo de la Convención, el ACNUR ha ayudado a unos 50 millones La crisis global hizo que algunas partes del documento original se quedasen cortas y el Protocolo de 1967 para la Convención eliminó las restricciones cronológicas y geográficas. Cuestiones que los delegados originales, todos ellos hombres, ni siquiera habían considerado, como la persecución por motivos de género, se convirtieron en problemas de primer orden. El mundo del refugiado también se fue enredando cada vez más, con millones de refugiados, migrantes económicos y otros colectivos en movimiento. Todo ello, según algunos críticos, ha convertido la Convención en algo anticuado e irrelevante. En el 50 aniversario de su adopción, hay en
marcha un fuerte debate. El Primer Ministro británico, Tony Blair,
asegura que, aunque "los valores del tratado son imperecederos",
es momento de "retroceder y considerar su aplicación en
el mundo actual". Muchos juristas dicen que la Convención
ha demostrado una extraordinaria longevidad y flexibilidad en la resolución
de los Sea cual fuere el resultado de estas discusiones, es
seguro que millones de personas desplazadas continuarán confiando
en la Convención para su protección. |
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