
LOS
BALCANES
|
Editorial ¿Un vaso medio lleno o medio vacío? Es una de esas inquietantes paradojas
que tan bien caracteriza a los Balcanes.
Alrededor de 1,8 millones de personas han vuelto a su país y a sus casas en los últimos años. La expulsión y el regreso de casi toda la población albanesa de Kosovo fue uno de los más vertiginosos vuelcos de fortuna en la historia de los refugiados. Como dato alentador, el número de personas que regresan en Bosnia-Herzegovina a zonas sensibles donde serán minoría se ha acelerado en los dos últimos años. Incluso Serbia, considerada durante tanto tiempo como instigadora de la limpieza étnica, saludaba el regreso de los grupos de minoría albanesa que habían huido durante el conflicto. Los regímenes autoritarios han sido sustituidos por gobiernos democráticos en Croacia y Yugoslavia. La extradición de Slobodan Milosevic a La Haya ha aumentado las esperanzas de detener pronto a otros sospechosos de crímenes de guerra. Pero las noticias desalentadoras no andan lejos. Cerca de 1,3 millones de personas siguen esperando el regreso a casa y puede que ayudarlas resulte más difícil ahora que en el pasado. Unos 230.000 serbios, gitanos y otras minorías que huyeron de Kosovo en un «segundo éxodo» al volver los albaneses, se encuentran cada vez más frustrados con una vida que transcurre en el limbo. Yugoslavia alberga aún a 390.000 refugiados de anteriores conflictos. Cada vez hay menos dólares para la ayuda humanitaria y el desarrollo, aunque la necesidad de reconstruir casas e infraestructuras es perentoria. La corrupción y el odio étnico son comunes en algunas zonas. Un día, en Bosnia, se mata despiadadamente a una niña de 16 años, poniendo en peligro los meses o años que se tarda en tender pacientemente puentes entre etnias. Otro día, y en un tono más prometedor, se lanza un proyecto en Kosovo para reconstruir 50 casas de los retornados serbios. En los Balcanes, el debate continúa abierto: ¿está el vaso medio lleno o medio vacío?
|