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EL LARGO CAMINO A CASA

«La región de los Balcanes es un desconcertante mosaico de ilusiones y desesperación... Mientras cientos de miles de personas reconstruyen sus vidas, otras tantas se asoman al abismo.»


Por Ray Wilkinson

«Es muy difícil mirar al espejo y enfrentarse a los demonios», decía recientemente una trabajadora humanitaria en Belgrado. «Vivimos tiempos de sobriedad y confusión.» Intentaba mirar así con cierta perspectiva los rápidos y a menudo contradictorios cambios en los acontecimientos que han azotado a Yugoslavia.

La extradición a La Haya de Slobodan Milosevic para juzgarlo por crímenes de guerra; la creación de un gobierno democrático; la reapertura al mundo exterior tras años de aislamiento; las esperanzas de un futuro mejor para cientos de miles de refugiados y personas desplazadas eran el tipo de buenas noticias que habrían sido impensables apenas unos meses antes.

Pero ese mismo día, la población de la capital afrontaba con horror el primer descubrimiento de una gran cantidad de cadáveres en el cercano río Danubio, las «últimas » víctimas de la crisis de 1999 en Kosovo. Hasta ahora se han recuperado más de 1.000 cuerpos en el río y los lagos circundantes, lejos de los campos de batalla, desatando la indignación, las iras, la oposición o la simple incredulidad entre los yugoslavos.

Alrededor de 1,8 millones de personas han vuelto a la República Srpska de Bosnia desde que acabaron las guerras de los años 90, incluidos estos retornados de la minoría musulmana, atareados en la reconstrucción de sus casas.
ACNUR/R. CHALASANI/CS·BIH·2001
«Lo que ves depende de quién mira ese espejo y cómo interpreta la imagen que le devuelve», decía la funcionaria humanitaria sacudiendo la cabeza.

Lo cual es cierto no sólo para Yugoslavia. La región de los Balcanes es un desconcertante mosaico de ilusiones y desesperación, de progreso y nuevas crisis.

Las grandes potencias mundiales y la maquinaria militar de la OTAN pueden haber establecido la paz en Bosnia-Herzegovina y Kosovo, pero estamos ante un punto muerto inseguro y poco sólido. El éxito —o fracaso— a largo plazo podría venir determinado en última instancia por una larga serie de pequeñas acciones personales mientras continúan los esfuerzos para repatriar e integrar totalmente a millones de personas desplazadas por más de una década de conflictos.

Incidentes como el reciente asesinato a sangre fría de una niña musulmana de 16 años en una zona serbia de Bosnia pueden socavar los puentes tendidos pacientemente durante años entre comunidades.


Del mismo modo, la decisión de antiguos enemigos serbios y musulmanes, en una pequeña aldea con vistas a la una vez infame ciudad bosnia de Gorazde, de vivir juntos de nuevo y compartir «hasta el último trozo de chocolate que recibimos» renueva las esperanzas de que el experimento acabe funcionando.

LAS BUENAS NOTICIAS

Cerca de 1,8 millones de civiles han vuelto a la región de los Balcanes desde que las guerras empezaron a ceder en intensidad. Los retornos han oscilado desde la repatriación espontánea en masa de cientos de miles de ciudadanos de origen albanés a Kosovo en cuestión de semanas, bajo la atenta supervisión de los tanques de la OTAN, a las numerosas iniciativas personales por parte de gente decidida a empezar de nuevo su vida incluso entre vecinos sospechosos de cometer atrocidades de guerra.

Los regímenes autoritarios de Yugoslavia y Croacia han sido sustituidos por gobiernos democráticos. Entre sus primeras acciones figura la promesa de resolver la actual crisis de refugiados. Entre 110.000 y 120.000 civiles han regresado ya a sus hogares en Croacia, y Zagreb insiste en que los demás refugiados que huyeron durante los años 90 estarán plenamente reintegrados para finales de 2002.

Belgrado ha relajado sus leyes, facilitando a muchos de sus 390.000 refugiados solicitar la ciudadanía y la residencia permanente. Animado por estos acontecimientos, el Alto Comisionado del ACNUR, Ruud Lubbers, ha declarado que, por primera vez en una década, existe una posibilidad real de resolver satisfactoriamente el problema de los refugiados. La comunidad internacional ha dado muestras de su satisfacción por la flexibilidad de Belgrado aprobando un paquete de ayudas de casi 1.300 millones de dólares para recuperar una economía devastada por años de guerra y aislamiento.

La extradición a La Haya para hacer frente a los crímenes de guerra del antiguo líder yugoslavo, Slobodan Milosevic, ha abierto el camino para detener a los miles de posibles criminales de guerra todavía buscados, sin lo cual «no es posible un auténtico avance (en la reconciliación)», según Wolfgang Petritsch, Alto Representante de la comunidad internacional en Bosnia.

La región de los balcanes es un desconcertante mosaico de ilusiones y desesperación de progreso y nuevas crisis donde posiblemente las grandiosas estrategias globales dependen en última instancia de miles de gestos individuales.

En los Balcanes centrales, casi la totalidad de los 880.000 kosovares que huyeron o fueron expulsados de esa provincia en la primavera de 1999 regresaron en cuestión de meses, en uno de los más rápidos y dramáticos vuelcos de fortuna de la historia de los refugiados. Hoy, las carreteras de Kosovo están abarrotadas de tráfico, el horizonte de Pristina, la capital, está surcada por un verdadero bosque de antenas parabólicas de televisión, el paisaje está vivo con los martillazos y el estrépito de la reconstrucción y una de las mayores bases norteamericanas en el extranjero, con el inverosímil nombre de Bondsteel, simboliza el compromiso del mundo con la seguridad en la región.

 

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