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| T E M A D E P O R T A D A |
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EL LARGO CAMINO A CASA «La región de los Balcanes es un desconcertante mosaico de ilusiones y desesperación... Mientras cientos de miles de personas reconstruyen sus vidas, otras tantas se asoman al abismo.» |
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«Es muy difícil mirar al espejo y enfrentarse a los demonios», decía recientemente una trabajadora humanitaria en Belgrado. «Vivimos tiempos de sobriedad y confusión.» Intentaba mirar así con cierta perspectiva los rápidos y a menudo contradictorios cambios en los acontecimientos que han azotado a Yugoslavia. La extradición a La Haya de Slobodan Milosevic para juzgarlo por crímenes de guerra; la creación de un gobierno democrático; la reapertura al mundo exterior tras años de aislamiento; las esperanzas de un futuro mejor para cientos de miles de refugiados y personas desplazadas eran el tipo de buenas noticias que habrían sido impensables apenas unos meses antes. Pero ese mismo día, la población de la capital afrontaba con horror el primer descubrimiento de una gran cantidad de cadáveres en el cercano río Danubio, las «últimas » víctimas de la crisis de 1999 en Kosovo. Hasta ahora se han recuperado más de 1.000 cuerpos en el río y los lagos circundantes, lejos de los campos de batalla, desatando la indignación, las iras, la oposición o la simple incredulidad entre los yugoslavos.
Del mismo modo, la decisión de antiguos enemigos serbios y musulmanes, en una pequeña aldea con vistas a la una vez infame ciudad bosnia de Gorazde, de vivir juntos de nuevo y compartir «hasta el último trozo de chocolate que recibimos» renueva las esperanzas de que el experimento acabe funcionando. LAS BUENAS NOTICIAS Cerca de 1,8 millones de civiles han vuelto a la región de los Balcanes desde que las guerras empezaron a ceder en intensidad. Los retornos han oscilado desde la repatriación espontánea en masa de cientos de miles de ciudadanos de origen albanés a Kosovo en cuestión de semanas, bajo la atenta supervisión de los tanques de la OTAN, a las numerosas iniciativas personales por parte de gente decidida a empezar de nuevo su vida incluso entre vecinos sospechosos de cometer atrocidades de guerra.
En los Balcanes centrales, casi la totalidad de los 880.000 kosovares que huyeron o fueron expulsados de esa provincia en la primavera de 1999 regresaron en cuestión de meses, en uno de los más rápidos y dramáticos vuelcos de fortuna de la historia de los refugiados. Hoy, las carreteras de Kosovo están abarrotadas de tráfico, el horizonte de Pristina, la capital, está surcada por un verdadero bosque de antenas parabólicas de televisión, el paisaje está vivo con los martillazos y el estrépito de la reconstrucción y una de las mayores bases norteamericanas en el extranjero, con el inverosímil nombre de Bondsteel, simboliza el compromiso del mundo con la seguridad en la región.
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