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TESTIMONIO DE UN HAITIANO REFUGIADO EN ESPAÑA
«Aquí la situación empeora cada vez más,
quédate en España o busca otro país»

François es un refugiado haitiano en España. En esta crónica relata las circunstancias que le obligaron a abandonar su país, dejando atrás a su mujer y sus hijos pequeños, así como sus esfuerzos para adaptarse a su nueva vida.

Por Roberto Vigliani

«Aquí la situación empeora cada vez más. Quédate en España. Si no puedes, busca otro país. Volver a Haití es demasiado peligroso». Fue el dramático diálogo telefónico entre una pareja haitiana en julio del año pasado, un mensaje de alerta de una joven mujer que cambió la vida de su marido François a los 35 años.

François se encontraba en Madrid, a donde había llegado en enero. En su país trabajaba como profesor de castellano, lo que le había ayudado a conseguir una beca de seis meses para un curso de Lengua y Literatura Española. Recibió la llamada mientras preparaba su equipaje para volver a Haití. Escalofríos, pánico. Ya no podía regresar ni ver a sus familiares y, sobre todo, no sabía qué hacer.

Cuando salió de Haití, la situación era ya muy tensa; en los últimos años, su compromiso político le había causado muchos problemas. Él mismo lo admite mientras cuenta su historia: «Mi única culpa es haber sido elegido como diputado del partido de la oposición en 1995». Fueron elecciones legislativas y municipales, las primeras después del regreso del Presidente Jean-Bertrand Aristide de su exilio en Estados Unidos, tras el golpe de estado en 1991. «Pero la votación fue manipulada —recuerda François—. Juntas electorales, organizaciones internacionales y hasta quien acabó siendo nombrado Primer Ministro denunciaron las irregularidades». Sin embargo, en las elecciones presidenciales de diciembre del mismo año, fue elegido René Preval, perteneciente al mismo partido que su antecesor y, por lo visto, decidido a llevar a cabo su misma política.

La oposición, según el sistema constitucional «bicéfalo» de Haití, tenía derecho a nombrar al Primer Ministro y trató de emprender una separación de los cargos ateniéndose a un modelo democrático. Preval reaccionó y las consecuencias fueron desastrosas: dimisión del Primer Ministro Rosny Smarth en 1997, clausura del Parlamento en 1999, persecuciones y exilio para los opositores.

OBLIGADO A IRSE

«Estaba prácticamente obligado a irme —confiesa François—. No me quedaba más remedio y solicité la beca para España». La situación actual de su país, tras la vuelta a la Presidencia de Aristide en mayo de 2000, parece aún más dura: «Han matado a diputados de mi partido y sé que las persecuciones no han cesado». Estando así las cosas, François descarta, desde luego, volver a Haití. Hubiera preferido quedarse en Madrid, pero los Centros de Acogida de la capital estaban todos llenos; escogió uno en Sevilla, con la esperanza de que el sol de Andalucía le recordara al de su país. La experiencia resultó complicada: «Al principio, la idea de irme a vivir a un Centro me daba miedo. Y, en efecto, no fue fácil».

No obstante, François se enfrentó a su nueva realidad, se puso en contacto con varias ONGs y, finalmente, hace un año, empezó su proceso de solicitud de asilo. «En esos meses conté con el apoyo del ACNUR, la CEAR (Comisión Española de Ayuda a los Refugiados) y mi abogada, que me facilitó las entrevistas decisivas para que mi caso fuera aceptado y pudiera empezar mi proceso».

Las primeras entrevistas tuvieron lugar el 15 de octubre del año pasado. Ahora, once meses después, François acaba de recibir la resolución del Ministerio del Interior que le reconoce el estatuto de refugiado. El período de espera ha sido interminable, con la conciencia de que su familia vivía bajo numerosos riesgos y presiones, en una situación de vacío constitucional y ausencia de derecho: «A veces ha sido muy desanimante. Además, mi condición legal era parcial: hasta que no fuese oficialmente un refugiado, no podía tener un permiso de trabajo, no podía reunirme con mi familia y no podía ejercer mis derechos de padre».

PARÉNTESIS EN LA VIDA

En el centro de acogida de Sevilla, solía pasar sus días colaborando con la CEAR como voluntario: «Me he ocupado de algunas traducciones, pero no quiero hablar de mi estancia en el Centro. Espero que sea sólo un paréntesis en mi vida; prefiero mirar al futuro».

De momento se dedica, pues, a una única tarea: traer a su esposa y a sus hijos a España: «Ahora viven todos con mi suegra. Pero ella está enferma y en Haití hay demasiados peligros para una mujer joven como mi esposa y con dos niños que cuidar. Mi hijo tiene un año y ni siquiera le conozco. Mi hija tiene dos y siempre pregunta dónde está su padre».

Roberto Vigliani es Voluntario
de la Delegación del ACNUR en España


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