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| T E M A D E P O R T A D A |
EL LARGO CAMINO A CASA
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LA DEVOLUCIÓN DE UN FAVOR
Una familia de Kosovo tiene una oportunidad poco
habitual para devolver la amabilidad recibida
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CUANDO LAS FUERZAS SERBIAS
INVADIERON la aldea de Zhegra el 29 de marzo de 1999, asesinaron
a tiros a un vecino de Mitant Zimani. Otras catorce personas murieron
antes de que ella, su marido y sus hijos pudieran escapar a las
colinas cercanas y empezar una marcha de 30 horas desde Kosovo a
la seguridad de la vecina Macedonia.
Al otro lado de la frontera esperaba la familia de Rexhep Murseli
con sus nueve hijos. «Teníamos que ayudar. Somos de
origen albanés y esta gente nos necesitaba», explicaba
recientemente. Tomaron a la familia entera bajo su protección.
Cocinábamos juntos y dormíamos juntos en el suelo»,
añadía la mujer. «Pero no suponía ningún
problema. Realmente no se podía hacer otra cosa.» |
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Miembros
de las familias macedonia y kosovar juntos. ACNUR/R.
CHALASANI/CS·YUG·2001 |
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Casi un millón
de personas huyeron o fueron expulsadas de Kosovo en 1999 y la mayoría
de ellas vivieron con las denominadas «familias anfitrionas»
en la vecina Albania y Macedonia, que abrieron sus hogares de par en par
a los refugiados a cambio de pequeñas subvenciones por parte de
la comunidad internacional.
Las organizaciones humanitarias
como el ACNUR reconocen que la voluntad de ayudar de las familias particulares
fue clave para alojar a tanta gente en un período tan corto de
tiempo.
Los kosovares permanecieron tres
meses con sus anfitriones, pero, cuando los avatares de la guerra dieron
un giro radical, regresaron a su aldea siguiendo
a las tropas de la OTAN y empezaron a reconstruir su casa y sus vidas.
DEVOLVER LA AMABILIDAD
La guerra permite, normalmente,
mostrar una gran generosidad hacia las personas que sufren, pero rara
vez permite devolver esa generosidad de una forma tan espectacular y simétrica
como en el caso de estas familias macedonia y kosovar.
Cuando estallaron los recientes conflictos
en Macedonia, esta vez fue la familia Murseli la que tuvo que abandonar
su casa y huir hacia la relativa seguridad de Kosovo. Algunos de sus miembros
emprendieron la misma ruta montañosa que, dos años antes,
había tomado Mitant Zimani. Otros salieron legalmente.
Las dos familias habían mantenido contactos telefónicos
esporádicos pero no se habían vuelto a ver. Pese a todo,
la familia macedonia se desplazó lentamente hasta la aldea de Zhegra.
«No supimos que venían hasta que llamaron a la puerta y ahí
estaban», dice Mitant Zimani. «Por supuesto, les dimos la
bienvenida.»
La vida no es fácil. Un total de 25 adultos y niños se amontonan
en cuatro pequeñas habitaciones. De nuevo, como en otro tiempo,
se cocina, come y duerme comunalmente. Los niños macedonios ya
se han inscrito en la escuela local, aunque la familia regresará
una vez que se calme la situación al otro lado de la frontera.
Están de acuerdo en que ahora se harán visitas regularmente,
con la esperanza de que sea para pasar las vacaciones y no como resultado
de una nueva escalada de las hostilidades.
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