
MUJERES:
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Editorial ¿Porqué esa diferencia? Su odisea fue un conmovedor relato de supervivencia. Miles de jóvenes, algunos incluso de siete u ocho años, forzados a dejar sus hogares por una virulenta guerra civil, errando durante años, a veces literalmente sin ropa, y sobreviviendo a base de raíces y hojas. La mayoría perdió a sus padres.
El elemento ausente en esta historia
es que muchos de los jóvenes que sobrevivieron eran niñas.
En el exilio, los niños se las arreglaron para mantener su identidad.
Tal vez por eso fue más fácil identificarse con ellos y
ayudarlos.
En muchos casos, las niñas entraron a formar parte de familias adoptivas, donde pasaron a ser sirvientes domésticas que cocinaban, limpiaban, cortaban leña y, en ocasiones, servían de prometidas para matrimonios «concertados» que aportaban una dote a sus padres adoptivos. Su identidad personal pasaba inadvertida en la rutina diaria del campamento... y fueron olvidadas. La historia de los niños y niñas perdidos de Sudán pone claramente de manifiesto los problemas de mujeres y hombres refugiados, a menudo distintos, que aborda este número de la revista. Sin duda es cierto que, en las dos últimas décadas, se han hecho progresos a la hora de resolver los problemas de las mujeres, incluyendo la adopción de leyes internacionales, legislaciones nacionales, programas innovadores y una mayor conciencia tanto por parte de los trabajadores humanitarios como de los propios refugiados. Resulta igualmente evidente la necesidad de hacer más: un compromiso renovado por parte de las agencias humanitarias, reexaminar programas y quizá remodelarlos, intentar nuevos métodos. Uno de los problemas fundamentales es, paradójicamente, la extendida actitud de ver a las mujeres simplemente como «desventuradas» refugiadas y centrarse en su «vulnerabilidad» en vez de desarrollar su potencial. Como las niñas sudanesas, Vaira
Vike-Freiberga huyó de un país en guerra y realizó
un penoso viaje a pie por distintos países durante varios años.
Gracias a su fuerza, sus recursos y un poco de suerte, su vida cambió
radicalmente. Hoy es la Presidenta de Letonia y, según narra en
este ejemplar de REFUGIADOS, está decidida a seguir luchando por
los desplazados: «No sé si lo lograremos en los próximos
cinco años o si serán 50 ó 100, pero lo que sí
sé es que no tenemos alternativa. Debemos actuar».
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