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| T E M A D E P O R T A D A |
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LA LUCHA POR LA IGUALDAD DE DERECHOS...
¿Consiguen las mujeres un trato más equitativo? Ha habido
progresos, pero aún queda mucho por hacer
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Fue una nueva avalancha trágica de refugiados, como
tantas otras que han dejado su señal en el continente africano
en las últimas décadas: decenas de miles de aterrorizados
angoleños huyendo de la guerra en su país, arrastrándose
por paisajes maltrechos y salvajes en busca de un lugar seguro.
La vecina Zaire, una tierra de una riqueza potencialmente fabulosa
pero sometida también al despótico gobierno del finado
presidente Mobutu Sese |
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Incluso
cuando los refugiados se ponen «a salvo» en un
campamento, la vida puede seguir siendo infernal. ©
S. SALGADO/TAN•1994
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Seko, respondió
amablemente pese a todo, como hacen muchas naciones africanas,
ante los refugiados recién llegados.
Se distribuyeron alimentos y se destinaron
tierras a los angoleños. Los criterios de ayuda en los 80 eran
simples: las parcelas se asignaban a todo «hombre sano y cabeza
de familia».
La funcionaria sobre el terreno Christine
Mougne estaba horrorizada. «¿No hay refugiadas aquí?»,
recuerda haber preguntado a sus colegas. «A nadie se le había
pasado por la cabeza que un 30 por ciento de los refugiados eran mujeres».
«Tuvimos que sacudir una cuantas cabezas », dice Mougne. «Llevó
tiempo, pero finalmente las mujeres también recibieron ayuda».
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La
huida es, a menudo, una experiencia terrible. Mujeres kosovares
llegan a un lugar seguro en 1999. ACNUR/R.LEMOYNE/CS•MKD•1999
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Otra
crisis, otra década, pero la mentalidad seguía sin
cambiar. Mientras un auténtico ejército de kurdos
huía de la destrucción en Irak a consecuencia de la
Guerra del Golfo en 1991, el funcionario de emergencia del ACNUR
John Telford recuerda que, tras un periodo de caos total, se puso
en marcha un ordenado sistema de distribución de comida para
los civiles desplazados.
Desgraciadamente, los encargados
de los alimentos que se eligieron eran todos hombres y poca ayuda
llegó a las mujeres.
«Si el grupo (de mujeres)
hubiera destacado de alguna forma —visual o físicamente,
por su origen étnico, o por diferencias religiosas, o por
lo que fuera-, nos habríamos asegurado de que recibieran
alimentos», aseguró en una entrevista poco después
de la operación. «Pero como eran mujeres, ni siquiera
se nos ocurrió. Ni siquiera se me ocurrió a mí,
tengo que admitir para mi vergüenza».
La historia no era muy distinta
para las mujeres que se incorporaban a trabajar en el sector humanitario.
El personal masculino superaba con mucho al femenino, que
a menudo era «invisible» en los niveles más altos
de las organizaciones de |
ayuda. Una colega
femenina le dijo a una nueva trabajadora interesada en las cuestiones
sexistas: «Tienes que aceptar que, al entrar en el mundo de los
servicios sociales (para mujeres), te convertirás en una paria
dentro del ACNUR».
En cualquier éxodo de civiles,
las mujeres y los niños suelen suponer cerca del 75 por ciento
de la población de refugiados. Pero, pese a lo indicativo de esta
estadística, las actitudes dominantes no deberían, quizá,
suponer un shock especial. Después de todo, la Convención
de Ginebra de 1951 —la Carta Magna del derecho internacional sobre
los refugiados— fue elaborada por un panel compuesto sólo
por hombres y definió al refugiado como alguien con un temor bien
fundado de persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad,
pertenencia a un determinado grupo social u opinión política.
Los padres fundadores no omitieron deliberadamente la persecución
por motivos de género: ni siquiera fue considerada.
VOCES:
«A las mujeres se nos deja
fuera de todo. No participamos en la planificación
o el diseño de los programas destinados a nosotras.
Somos ciudadanas de segunda clase en lo que respecta a la
distribución de alimentos, agua y vivienda. Seguimos
siendo los refugiados invisibles del mundo».
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En décadas posteriores, la
lucha por dar a la mujer un trato más equitativo, tanto en
el mundo en general como en el ámbito humanitario, progresó
a intervalos en muchas partes del planeta.
La situación para las mujeres
refugiadas empezó a cambiar a finales de los 80 y se aceleró
en la última década del siglo XX,
pero muchas cuestiones
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| LOS
PADRES FUNDADORES DE LA CONVENCIÓN DE GINEBRA NO OMITIERON
DELIBERADAMENTE LA PERSECUCIÓN POR MOTIVOS DE GÉNERO:
NI SIQUIERA LA CONSIDERARON. |
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siguen teniendo relevancia hoy
en día: ¿hasta qué punto ha habido avances reales?
¿Con qué rapidez se consiguen los progresos? ¿Es
suficiente? ¿Qué falta por hacer?
Efectivamente, ha habido avances y logros
en muchas áreas. La organización de la ONU para los refugiados
y otras agencias han adoptado numerosas declaraciones políticas
y directrices contra el sexismo.
En una fecha tan temprana como 1985,
el Comité Ejecutivo del ACNUR aprobó su primera Conclusión
sobre Mujeres Refugiadas y Protección Internacional y, tres años
más tarde, organizó sus primeras y exhaustivas Consultas
sobre Mujeres Refugiadas. En 1991 llegaron las Directrices sobre Protección
de Mujeres Refugiadas. Ahora, la agencia revisa y actualiza regularmente
las cuestiones clave.
En 1984, el Parlamento Europeo aprobó lo que entonces era una resolución
revolucionaria, pidiendo a todos los estados miembros que considerasen
a las mujeres en conflicto con tabúes religiosos o sociales como
un «grupo social especial», con el propósito de decidir
si cumplían los requisitos para el estatuto de refugiado.
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| En
el pasado, la vital distribución de alimentos solía
estar bajo el control de los hombres, mientras, a veces,
las refugiadas sufrían. ACNUR/A.
GESULFO/CS•RWA•1997
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Canadá,
Estados Unidos, Australia, el Reino Unido y otros países
siguieron el ejemplo con sus propias directrices.
El Estatuto de la Corte Penal Internacional
se adoptó en 1998, otorgando poder para juzgar un amplio
espectro de crímenes; violación, esclavitud sexual,
prostitución forzosa y embarazo forzoso entre otros. El año
pasado, el Tribunal de Crímenes de Guerra de la ONU para
la antigua Yugoslavia emitió su primera condena por violación
como crimen de lesa humanidad contra tres oficiales serbobosnios.
A principios del nuevo milenio,
una resolución de la ONU confiaba a los gobiernos la protección
de las mujeres contra los abusos de la guerra y su inclusión
en las posteriores conversaciones de paz. Una declaración
complementaria del Consejo de Seguridad reafirmaba su decidido apoyo
a incluir a las mujeres en las «negociaciones y en la puesta
en práctica de los acuerdos de paz, las constituciones y
estrategias de reasentamiento y reconstrucción».
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VOCES: «Cuando
un rebelde entró en nuestra casa (en Sierra Leona), pidió
a mi madre que cediera a uno de sus hijos, pues, si no, toda la
familia sería asesinada. Mi madre me cedió a mí.
Los rebeldes me llevaron con ellos y, de camino al campamento, me
violaron siete de ellos. Me retuvieron durante un año. Después
de escapar, me preguntaba: «¿Quién me ayudará
ahora?» |
Esta actividad de alto nivel generó
cientos de proyectos sobre el terreno especialmente destinados a mujeres.
De repente había fondos, provenientes sobre todo de las ricas naciones
occidentales y organizaciones privadas como la Fundación Ted Turner.
Este nuevo dinero ayudó a proporcionar una mejor sanidad, mejores
suministros de comida y agua, una mayor alfabetización y capacitación
profesional, programas para analizar y combatir la violencia sexual y
la maldición de la mutilación genital. Otros proyectos ayudaron
a las mujeres a empezar pequeños negocios y a implicarse activamente
en los comités de los campos de refugiados o en otros grupos políticos,
sociales y económicos al regresar a su país.
En América Central se desarrolló
un programa especialmente efectivo para ayudar a los cerca de
45.000 guatemaltecos que habían huido de la guerra civil
en los 80 y buscado refugio en México. Cuando las mujeres
exigieron ser oídas en las negociaciones para retornar
a su país, el ACNUR subvencionó proyectos para desarrollar
los derechos de la mujer, combatir su analfabetismo y mejorar
los servicios sociales y su capacidad de liderazgo.
Las mujeres se vieron directamente
implicadas en las negociaciones de repatriación y, entre
las concesiones que consiguieron, se encontraba el reconocimiento,
por primera vez, del principio de propiedad igualitaria tanto
en la propiedad privada como comunal. Aunque llevó una
década de trabajo, se encuentra ahora sacralizado en la
jurisprudencia guatemalteca, beneficiando a toda la población.
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La recogida de leña entrañaba
un peligro especial para las refugiadas somalíes en
los campamentos de Kenia. ACNUR/E.EYSTER/CS•KEN•1998 |
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Una ley parecida fue promulgada
en la nación centroafricana de Ruanda a raíz del genocidio
ocurrido en 1994, pero ésta llegó demasiado tarde para ayudar
a muchas de las mujeres que sobrevivieron a dichas atrocidades, en las
que murió al menos un millón de personas. Los parientes
masculinos de las víctimas ya habían reclamado las tierras
acogiéndose a leyes más antiguas.
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