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| E S P E C I A L D E E S P A Ñ A |
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Entrevista a Carlos Boggio, nuevo
Representante del ACNUR en España
«La contribución de España al ACNUR debe ser proporcional
a su papel en la escena internacional»
Por Rafael Coloma
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El nuevo Representante del ACNUR en España, Carlos Boggio,
atesora una enriquecedora combinación de experiencia en el
trabajo con refugiados (casi tres décadas de sus 55 años
de vida) y sensibilidad hacia los problemas de este colectivo, al
que él mismo entró a formar parte en 1975, cuando
obtuvo asilo político en Suecia y Francia. Diplomado en Trabajo
Social, dos años antes se había trasladado a Chile
para ejercer como docente universitario, aunque hubo de abandonar
este país a raíz del golpe de Estado. De vuelta a
Argentina, ingresó en la Comisión Católica
para los Refugiados, atendiendo a los miles de chilenos huidos del
régimen de Pinochet, trabajo que acabó poniendo en
peligro su integridad física y le obligó a cruzar
el Atlántico.
En 1981 se incorporó al ACNUR, donde ha desempeñado
numerosas funciones tanto en la sede central de la organización
en Ginebra como en sus oficinas sobre el terreno. Ha sido, |
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por ejemplo, responsable de los
programas para América Central, México y Cuba del Bureau
Regional para América Latina y el Caribe; responsable de la asistencia
y repatriación de los refugiados nicaragüenses en Honduras;
jefe de misión en Guatemala, culminando durante su mandato el proceso
de reintegración de los refugiados procedentes de México,
y miembro de la Misión de Verificación de los Acuerdos de
Paz en el mismo país. Precisamente, comenta el propio Boggio, «mi
designación como Representante en España puede dar continuidad
a una trayectoria profesional vinculada siempre a América Latina,
debido a la especial sensibilidad española hacia ese continente».
—En general, ¿cómo
ve la actitud de España hacia la problemática de los refugiados?
—España es un país con tradición de asilo.
Su legislación articula claramente el procedimiento para la concesión
del estatuto de refugiado y el papel que corresponde al ACNUR en tal proceso.
Por otro lado, las autoridades se han mostrado generosas y sensibles al
problema de los refugiados, ayudando a financiar los programas de la agencia.
No hay que olvidar que el Alto Comisionado se nutre mayoritariamente de
las aportaciones de los gobiernos y donantes particulares. En este sentido,
desearía que, en los cuatro años de mi mandato, la contribución
de España se intensificara, de manera que escale posiciones entre
los países donantes, pasando del puesto 19 que ocupa actualmente
a uno similar al de otras naciones europeas y proporcional a su papel
en el escenario internacional.
«He
detectado una gran
sensibilidad de la opinión
pública española hacia el
drama de los refugiados
palestinos, la situación en Colombia y el auge de la
inmigración procedente de África». |
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—¿Y,
en lo que se refiere a la sociedad civil, qué
ha percibido hasta ahora?
—Recientemente tuve el honor
de inaugurar la conferencia sobre refugiados de guerra organizada
por la Universidad Autónoma de Barcelona y allí constaté
el enorme interés de la opinión pública por
los problemas de la gente obligada a huir de sus países.
En particular, he detectado una gran sensibilidad hacia el drama
de los refugiados palestinos, aunque el ACNUR sólo brinda
asistencia a aquellos para los que la UNRWA no tiene competencia
(United Nations Relief and Works Agency), y hacia la situación
en Colombia, por la frecuente violación de los derechos humanos
que padece y por la ruptura del diálogo entre el Gobierno
y la guerrilla.
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«Otro tema que está captando
la atención de la sociedad civil española —continúa
Boggio— es el auge de la inmigración, sobre todo de ciudadanos
procedentes del África subsahariana, que llegan en pateras no sólo
a Ceuta y Melilla, sino también a las islas Canarias. Para el ACNUR,
éste es un motivo de gran preocupación, pues, aunque se
trate de flujos migratorios, ajenos al mandato de la organización,
cabe la posibilidad de que entre ellos se encuentren solicitantes de asilo
genuinos. Por ello, hemos de velar para que estas personas no sean devueltas
a sus países de origen o de tránsito sin que se les haya
dado la posibilidad real de pedir asilo y que sus casos hayan sido estudiados
adecuadamente.
—Hablando de migraciones,
¿cree que España corre el riesgo de sufrir brotes de racismo
y xenofobia como los que están surgiendo en otros países
europeos?
—Por desgracia, muchas veces se asocian fenómenos como la
delincuencia o el desempleo con la llegada de inmigrantes y solicitantes
de asilo, olvidando que estos trabajadores acceden a puestos marginales
en el mercado laboral que, normalmente, se niegan a aceptar los nacionales
del país de acogida. En el caso específico de los refugiados,
conviene recordar también que, según las estadísticas,
la mayor carga la soportan los países más pobres
del planeta. África tiene seis millones, Asia ronda los ocho millones...
En comparación, el número de refugiados en los países
desarrollados es mucho menor. De ahí que el ACNUR haga un llamamiento
a las naciones más ricas para que, por un lado, mantengan una política
de tolerancia y puertas abiertas a los solicitantes de asilo, y por otro,
se muestren solidarias en un doble aspecto: contribuyendo a financiar
los proyectos en favor de los refugiados en los países más
pobres y ayudando a que la agencia de la ONU para los Refugiados y otras
organizaciones humanitarias así como las ONG, asistamos a los refugiados
para que rehagan sus vidas en sus países de origen. Un ejemplo
bien claro es el plan de repatriación de refugiados afganos desde
Pakistán e Irán puesto en marcha a primeros de marzo, que
prevé el regreso a sus hogares de algo más de un millón
de personas en 2002. El ACNUR solicitó 271 millones de dólares
a la comunidad internacional, y de momento ha recibido sólo 171
millones. Pues bien, si no se produce una actitud más generosa
de los países donantes, es bastante probable que, para junio de
este año, se agoten los recursos para esta repatriación.
—Otro
proceso que se está desarrollando en Europa es el de la armonización
de las políticas de asilo en el seno de la UE.
—Así es. El ACNUR aporta asistencia
técnica y nuestra oficina en España sigue activamente
este proceso, manteniendo un diálogo continuo con el Gobierno
al respecto. Así, bajo la presidencia española de
la Unión Europea, se ha adoptado la primera directiva que
afecta directamente a los sistemas de asilo y versa sobre las
condiciones de acogida de los solicitantes de asilo. Ha sido un
paso muy significativo hacia la armonización de las políticas
de asilo en Europa que ha supuesto un destacado esfuerzo de consenso,
liderado por la Presidencia española. No obstante, al ACNUR
le queda la preocupación de que esta nueva Directiva todavía
permite márgenes muy flexibles para su aplicación
concreta en cada país. Si bien el objetivo es crear estándares
mínimos para una aplicación común y la misma
forma jurídica de la directiva permite en sí misma
un cierto margen en cuanto a la manera de aplicar la norma en
cada país, al ACNUR le hubiera gustado que determinados
derechos quedaran reflejados de manera más específica,
como por ejemplo el derecho de los solicitantes de asilo a trabajar.
Confiamos en que las discusiones de las próximas directivas,
sobre todo la referente a la definición de refugiado, se
basen en un consenso enmarcado en la Convención de Ginebra
de 1951 y en las prácticas positivas de algunos de los
estados miembros, incluyendo España, cuya legislación
en este ámbito contiene numerosos aspectos positivos. |
«Conviene
recordar
que, según las
estadísticas, la mayor carga, en lo que a refugiados
se refiere, la soportan los países más pobres
del planeta. De ahí que hagamos un llamamiento a las
naciones más ricas para que mantengan una política
de tolerancia y puertas abiertas». |
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—Precisamente, el
que sí parece superado ya es el reciente debate sobre la vigencia
de esta Convención...
—Sí, afortunadamente el proceso de consultas globales que,
por iniciativa del ACNUR, se inició a lo largo del año pasado
en todo el mundo, con la implicación de países, organizaciones
no gubernamentales y académicos, tuvo uno de sus momentos álgidos
en diciembre en Ginebra con una reunión de ministros de todos los
estados firmantes de la Convención. Éstos reconocieron la
vigencia de la Convención mediante una Declaración firmada,
que recogía las conclusiones fundamentales de las diversas reuniones
del Comité Ejecutivo, así como regionales y de expertos,
que tuvieron lugar a lo largo del año 2001, lo que demuestra la
validez plena de este eje vertebral de la protección de los refugiados.
Como resultado del proceso, se adoptará este año la llamada
«Agenda para la Protección», que, reflejando las anteriores
conclusiones y una vez haya sido discutida a mediados de este año
en el marco del Comité Ejecutivo, servirá para orientar
la acción del ACNUR e inspirará los objetivos de los Estados,
las ONG y otros actores en el ámbito de la protección.
—También se ha debatido
mucho en los últimos meses sobre la seguridad del personal humanitario,
una cuestión que usted ha padecido personalmente.
—Lamentablemente, los conflictos de hoy en día son, sobre
todo, conflictos en el interior de los países, no entre estados,
y se caracterizan, entre otras cosas, por la falta de respeto hacia los
emblemas de Naciones Unidas u organizaciones como la Cruz Roja Internacional.
En mi caso, durante el proceso de repatriación de refugiados guatemaltecos,
antes de la firma de los acuerdos de paz en este país, tuvimos
que detener más de una vez los convoyes en los que trasladábamos
a estas personas y pedirles que se pusieran a salvo debajo de los autobuses
al verse atrapados en medio del fuego cruzado entre el ejército
y la guerrilla.
«La
Convención sobre los Refugiados
contiene salvaguardas
y es clarísima en su
rechazo a la concesión
del estatuto de refugiado a cualquier persona implicada en
un acto terrorista. Y si un
solicitante de asilo ya
reconocido como tal
participa en un crimen
de esta naturaleza, la
pérdida de su estatuto
es inmediata». |
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—Da
la impresión de que su experiencia en Guatemala le ha marcado
especialmente.
—Sí; porque fueron seis años participando en
una de las experiencias más gratificantes para un funcionario
del ACNUR: el final de un proceso de refugio, la repatriación.
Los 56 funcionarios propiciamos, en un tiempo relativamente corto,
el regreso de 43.000 refugiados guatemaltecos. A cambio, una vez
firmada la paz, tuvimos que asistir con horror e impotencia a dramáticos
acontecimientos como el asalto de un grupo de soldados a una aldea
del noreste del país, saldado con el asesinato de once personas,
mujeres y niños en su mayoría, y más de 30
heridos. Los autores de la masacre fueron condenados a penas irrisorias
y, tras recurrirse la sentencia, el juicio sigue sin prosperar.
«Otro hecho verdaderamente impactante —recuerda—
fue la presentación de dos informes históricos: la
memoria de la Iglesia Católica sobre los años del
conflicto armado, que denunciaba las atrocidades cometidas, y el
informe de la Comisión de Esclarecimiento Histórico
creada a iniciativa del Secretario General de la ONU. Estuve en
la catedral cuando monseñor Gerardi hizo entrega del primer
informe eclesiástico a los líderes de la población
indígena, pero 48 horas después la emoción
dio paso de nuevo a la frustración,
frustración, cuando el obispo
fue |
asesinado brutalmente. Aunque,
con mucha valentía, la justicia guatemalteca condenó el
año pasado a varias personas implicadas en este crimen, al día
de hoy sus inductores, los que dieron la orden de cometerlo, siguen sin
ser identificados.
—¿Es más
enriquecedor, entonces, el trabajo sobre el terreno que en una sede de
la organización?
—No necesariamente, porque se trata de tareas complementarias. En
la sede no se produce la interacción con el mundo asociativo, con
las ONG y, sobre todo, se carece del auténtico barómetro
de nuestro trabajo, que es la asistencia directa a los refugiados. Sin
embargo, el hecho de haber trabajado antes sobre el terreno aporta una
experiencia y una sensibilidad muy importantes a la hora de gestionar
los recursos, de manera que una respuesta ágil en la sede se traduzca
en una respuesta ágil en el escenario de la crisis, con funcionarios
que, conociendo la realidad sobre el terreno, agilicen la administración
para acortar los plazos de asistencia al máximo, y con la mente
siempre puesta en la necesidad urgente del beneficiario a quien va destinada
la ayuda.
—El proximo 20 de junio
es el Dia Mundial del Refugiado. ¿En que va a consistir la celebracion
este año?
—Como el año anterior, el objetivo es recordar la
magnitud del drama de los refugiados a nivel mundial. Esta vez el tema
central es la situación de las mujeres refugiadas, por su problemática
particular. El 51% de los 22 millones de personas bajo la protección
del ACNUR son mujeres, que, en muchas ocasiones, llevan el peso de la
familia y presentan necesidades específicas de protección,
asistencia, inserción socioeconómica, etc., a las que hay
que dar respuestas adecuadas. En España nos estamos coordinando
con todas las organizaciones que trabajan con refugiados y, entre otras
actividades, organizaremos conjuntamente un acto central en Madrid con
la lectura de un manifiesto común sobre la situación los
refugiados, haciendo mención específica a las mujeres.
Acabada la entrevista, cuando se pregunta
a Carlos Boggio por algún tema que, a su juicio, no haya surgido
en el transcurso de la conversación y deba resaltarse, el Representante
del ACNUR en España recuerda algunas críticas vertidas recientemente
sobre la Convención de 1951 por su posible amparo a responsables
de actos terroristas.
«El ACNUR —explica
Boggio, comparte la preocupación legítima de los estados
por luchar contra el terrorismo y establecer mecanismos para erradicarlo,
pero alerta sobre la importancia de que estas medidas no impidan que las
personas en necesidad de protección internacional tengan acceso
a un lugar seguro y a los procedimientos de asilo. La Convención
sobre los Refugiados contiene salvaguardas y es clarísima en su
rechazo a la concesión del estatuto de refugiado a cualquier persona
implicada en un acto terrorista. Y si un solicitante de asilo ya reconocido
como tal participa en un crimen de esta naturaleza, la pérdida
de su estatuto es inmediata». 
Tres grandes retos para cuatro años
de mandato
Los tres grandes retos que
afronta Carlos Boggio al frente de la Delegación
en España del ACNUR son, a su juicio, los siguientes:
1. Abogar para que la interpretación y aplicación
de la Convención de Ginebra se realice conforme a
los principios internacionales universalmente reconocidos,
y que no queden solicitantes de asilo sin la protección
que merecen, y que ésta protección no se rebaje.
Para ello será fundamental el proceso de armonización
de las políticas de asilo en Europa, que tendrá
una influencia directa sobre la aplicación de la
Convención en todos los estados miembros. Desde España
en concreto, se dialogará con el Gobierno para que
éste contribuya a dicho proceso abogando por el mantenimiento
de los elementos más positivos de la práctica
y legislación de asilo en el futuro sistema europeo.
2. Promover el establecimiento
en España de un programa de reasentamiento, en colaboración
con el ACNUR y con las ONG, acogiendo una cuota anual de
refugiados, «de manera que la misma generosidad que
han demostrado las autoridades en su políitica de
asilo se extienda a la acogida de personas que, habiéndose
refugiado en otro país, no pueden permanecer en este
por motivos de seguridad u otras razones relacionadas con
la protección».
3. Fomentar una contribución mas activa del Gobierno
español y los gobiernos autonómicos en los
programas del ACNUR en todo el mundo, «desarrollando
una sólida tarea de información pública
para dar a conocer a la sociedad la situación de
los refugiados y, en consecuencia, desencadenando una reacción
receptiva de autoridades y particulares para financiar estos
programas».  |
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