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| G E N T E Y L U G A R E S |
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Del exilio a la presidencia...
Escapó de los trenes de deportación soviética para
convertirse en líder de su país
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| La
Presidenta de Letonia, en su día una refugiada, con
el Alto Comisionado Ruud Lubbers.
© FOTO BIANCO/P. BERTSCHMANN
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Tres
semanas y tres días después de que mi familia dejara
atrás las costas de Letonia, murió mi hermana pequeña.
La enterramos junto a la carretera, pero nunca pudimos volver a
poner una flor en su tumba», rememora Vaira Vike- Freiberga.
«Y me gustaría pensar que hoy estoy aquí como
superviviente, hablando en nombre de todos aquellos que murieron
junto a la carretera, algunos enterrados por sus familias y otros
no».
Según la opinión
unánime, el discurso de la Presidenta de la pequeña
nación de Letonia fue el momento más conmovedor de
la reciente cumbre de Ginebra, a la que asistieron 156 países
que se comprometieron a potenciar los esfuerzos globales para ayudar
a los millones de refugiados existentes.
Vike-Freiberga, junto con sus padres,
huyó de la Letonia ocupada por los soviéticos en 1944
cuando tenía siete años. La familia deambuló
por Polonia, Alemania y el Marruecos francés antes de, por
un simple giro del destino que puede alterar radicalmente el futuro
de un refugiado, recalar en Canadá.
«Éramos 20 personas
en una habitación con dos pisos de literas» en el campamento,
recuerda. «En esas circunstancias, llegas a conocer a la gente
muy íntimamente. Las amistades se mantienen y nuestros compañeros
refugiados nos escribieron diciendo: «La vida es difícil
en Canadá. Pero si trabajas duro, puedes salir adelante.
¿Así que por qué no venís aquí?» |
Lo hizo. Se convirtió en una importante
catedrática, viajó por el mundo como conferenciante, regresó
a su tierra natal para dirigir el recién creado Instituto Letón
y, al cabo de un año, se convirtió en la Presidenta del
país.
Millones de mujeres han sobrevivido a
«la experiencia refugiada». La gran mayoría acaban
volviendo para continuar una existencia silenciosa, a menudo cruel. La
experiencia de Vike-Freiberga pone de relieve que, con la ayuda adecuada,
un poco de suerte y mucha resistencia, cualquier cosa es posible.
DEPORTACIÓN O HUIDA
«Cuando tienes que abandonar tu
casa, es un momento doloroso», comentó Vike- Freiberga a
los delegados de Ginebra. «Mis padres pudieron elegir entre quedarse
y arriesgarse a las deportaciones de las que ya habían sido testigos…
a ser puestos en vagones de ganado tras ser levantados en mitad de la
noche y enviados a Siberia, o simplemente salir andando de sus casas con
lo que pudieran transportar en cada mano, salir a lo desconocido».
Les aguardaba una angustiosa experiencia.
«Siempre es doloroso cuando no sabes dónde vas a poder acostar
la cabeza, ver las luces brillando en ventanas lejanas, pensar en la gente
que vive una vida normal, que duerme en su propia cama, come en su propia
mesa, vive bajo su propio techo».
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«Y después, cuando llegas al
campo de refugiados… vives fuera del espacio y del tiempo,
no tienes raíces, no tienes pasado, no sabes si tienes futuro.
No tienes derechos, no tienes voz, no puedes participar en nada,
no eres un ciudadano, no tienes papeles, a veces ni siquiera tienes
un nombre. Tienes que pellizcarte para asegurarte de que estás
viva, eres tú, un ser humano, una persona».
Millones de personas siguen sufriendo hoy en día. «Están
ahí fuera en tiendas, junto a las carreteras, muriendo de
hambre, congelándose, esperando, deseando que alguien les
eche una mano —señaló la Presidenta letona—.
Debatiéndose entre «considerarse seres humanos con
dignidad aún menos que las bestias del campo, pisoteadas
en el polvo de este mundo». |
| «Vives
fuera del espacio y del tiempo, no tienes raíces, no
tienes pasado, no sabes si tendrás un futuro». |
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«No sé si podremos hacerlo
en los próximos cinco años o si serán 50 ó
100, pero sí sé que no tenemos elección», dijo.
«Debemos actuar. Debemos hacer algo».
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