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| T E M A D E P O R T A D A |
L A L U C H A P O R L
A I G U A L D A D D E
D E R E C H O S...
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Recientemente, en Guinea, a todos los refugiados adultos hombres y mujeres
por primera vez- se les expidieron documentos de identidad individuales,
lo que daba a las mujeres mucha más flexibilidad en ámbitos
como la distribución de alimentos y la libertad de movimiento.
Esto debería ser una práctica común en cualquier
comunidad de refugiados.
Para afrontar el «desafío de la cuestión
de los sexos» dentro de las propias organizaciones humanitarias,
se reclutó a un mayor número de mujeres, se crearon
puestos especiales, se desarrollaron programas de sensibilización
dirigidos a todo el personal y se racionalizaron algunos presupuestos
a fin de aproximarse a la igualdad.
VOCES:
«Aproximadamente
un tercio de las familias angoleñas están
encabezadas por mujeres que tienen que ocuparse de conseguir
ingresos y, al mismo tiempo, cuidar a sus hijos. Su acceso
a la tierra, la sanidad y otros servicios sociales es limitado.
No tienen capacidades competitivas y un número cada
vez mayor opta por la vida nocturna en las calles». |
La mayoría de los administradores humanitarios, del personal
sobre el terreno y de las mujeres refugiadas reconoce que aún
queda trabajo por hacer. Pero ese parece ser el único punto
de convergencia. Hay acusadas diferencias —a menudo dependiendo
del sexo de que se trate— a la |
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La
educación es, con frecuencia, la clave de un futuro
más brillante. Niñas retornadas asisten a clase
en Myanmar. ACNUR/A.HOLLMANN/CS•MMR•1997
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hora de juzgar la efectividad de lo que se ha conseguido,
el trabajo pendiente y el tipo de decisiones y programas prioritarios
para lograr el elevado objetivo de la auténtica igualdad entre
los refugiados de ambos sexos.
Un punto de vista sugiere que se han
dado grandes pasos, con legislaciones internacionales y nacionales más
efectivas a la hora de proteger a las mujeres contra los crímenes
sexuales y de otro tipo, así como proyectos para mejorar las condiciones
sanitarias, alimentarias y educativas en los campos de refugiados y para
darles una mayor oportunidad tanto de obtener asilo político como
de comenzar una nueva vida con éxito si finalmente regresan a casa.
DE
REPENTE, HABÍA FONDOS PARA PROPORCIONAR UNA MEJOR SANIDAD,
MEJORES SUMINISTROS
DE COMIDA Y AGUA, UNA MAYOR ALFABETIZACIÓN Y CAPACITACIÓN
PROFESIONAL, PROGRAMAS PARA ANALIZAR Y COMBATIR LA VIOLENCIA
SEXUAL… |
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Sin
embargo, mientras que se reconocen los problemas especiales a los
que se enfrenta la mujer, sus defensores advierten que la fuerza
operativa general de una organizacion humanitaria como el ACNUR
podría quedar «distorsionada» si se pone demasiado
énfasis en programas «especiales» para un grupo
en particular. Algunos funcionarios de alto nivel creen también
que es demasiado «protector» y «contraproducente»
centrarse en proyectos para la mujer, porque eso sugiere que las
refugiadas son incapaces de hacer cosas por sí mismas. Parecidos
argumentos han inspirado en los últimos años el debate
en Estados Unidos sobre el beneficio de los programas de afirmación
para los ciudadanos afroamericanos.
Además, de acuerdo con algunos
funcionarios, cada vez más mujeres engrosan las filas de
las organizaciones humanitarias, que han sufrido a su vez cambios
fundamentales en la cuestión de los sexos. |
Serge Malé, un veterano epidemiólogo
del ACNUR, recuerda: «Hace quince años, se veía a
las mujeres refugiadas a través de una lente unidimensional, como
madres. No las veíamos como «mujeres completas», seres
humanos complejos con una enorme variedad de problemas en potencia, no
simplemente el parto. Hemos avanzado en nuestra actitud hacia la mujer
y en problemas tales como la violencia sexual o la mutilación genital.
Ha habido progresos».
| VOCES: «A
las mujeres se las trata como a víctimas indefensas, en vez
de como individuos a los que hay que consultar e informar oportunamente
de todas las decisiones que afectan a sus vidas. Esto se pone de manifiesto
en las decisiones políticas que toman los gobiernos y las agencias
humanitarias como el ACNUR». |
El debate puede ser acalorado. La visión contraria, compartida
por muchas mujeres desarraigadas, admite progresos «parciales
» más que «radicales» en la mejora de la
suerte de las refugiadas, considera algunos programas y reformas
superficiales e incluso contraproducentes y pinta una imagen de
prejuicios constantes y de profundo arraigo en contra del cambio.
«Sigue existiendo un incomprensible
grado de resistencia en la comunidad humanitaria hacia los planteamientos
que pretenden la igualdad de sexos», escribían las
especialistas Deborah Clifton y Fiona Gell en un trabajo titulado
Salvar y Proteger Vidas Potenciando a las Mujeres. Esto
se debe a «la falta de comprensión, aptitudes y compromiso
para desafiar la discriminación, que refleja fundamentalmente
unos prejuicios masculinos innatos» en el mundo humanitario.
Las refugiadas pueden ser víctimas en muchas ocasiones.
Durante la larga huida hacia el exilio pierden el apoyo de su
gobierno, sus casas y a menudo sus maridos. Mujeres que a veces
son analfabetas y otras que apenas están en la adolescen-
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| La
formación puede llevar a conseguir trabajo cuando las
mujeres regresan a sus hogares: trabajo en una panadería
en Chechenia y fábrica textil en Ho Chi Minh City,
Vietnam. ACNUR/T. BØLSTAD/CS•CIS•1996
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cia, pueden convertirse de la
noche a la mañana en la persona que mantiene, protege o alimenta
a una familia entera. Incluso cuando llegan a «un lugar seguro»
suelen caer presas de los depredadores sexuales o de intimidantes agentes
de inmigración.
Pero uno de los planteamientos más
insidiosos y, a largo plazo, más debilitantes a la hora de intentar
ayudar a estas mujeres, según los especialistas en la materia,
es la excesiva importancia concedida a los programas que se centran en
prioridades básicas como la comida y la vivienda.
Aunque tales proyectos son de alabar
y necesarios, tienen un precio, el de concentrar y prolongar el estereotipo
de la mujer «vulnerable» y «desvalida», debilitando
de manera crucial los denominados proyectos de «potenciación»
que podrían dotarlas de mejores aptitudes educativas, económicas
y de liderazgo y, a su vez, consolidar su papel en los campamentos o cuando
regresan a sus hogares, en vez de seguir siendo ciudadanas de segunda
clase.
Jamila, una mujer afgana, se hacía
eco de las frustraciones de las mujeres refugiadas, constantemente apartadas
y olvidadas, cuando dijo en una reciente reunión del Consejo de
Seguridad: «Cuando busquéis líderes, buscadnos a nosotras.
No penséis que por el hecho de llevar un velo las mujeres no tenemos
voz. He oído decir muchas veces que las mujeres afganas no son
políticas; que la paz y la seguridad es cosa de hombres. Estoy
aquí para desafiar esa ilusión. En los últimos 20
años, el liderazgo de los hombres sólo ha traído
guerra y sufrimiento».
| «CUANDO
BUSQUÉIS LÍDERES, MIRADNOS A NOSOTRAS. NO PENSÉIS
QUE PORQUE LAS MUJERES LLEVAMOS VELO, NO TENEMOS VOZ. EL LIDERAZGO
DE LOS HOMBRES SÓLO HA TRAÍDO GUERRA Y SUFRIMIENTO». |
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«En
el apogeo de una emergencia, tal vez con decenas de miles de personas
que necesitan comida y agua inmediatamente sólo para sobrevivir,
el argumento utilizado suele ser: «De acuerdo, hablaremos
de programas especiales, pero salvemos vidas primero»»,
señala Joyce Mends-Cole, coordinadora senior del ACNUR para
mujeres refugiadas. «Puede que eso sea comprensible viniendo
de un agobiado funcionario de logística, pero los programas
para ayudar a la mujer a largo plazo deberían ponerse en
marcha desde el primer día de una crisis. Salvar vidas es
esencial, pero, con una buena planificación, se pueden lograr
ambos objetivos».
VOCES:
«Todas las mujeres (asistentes
a un congreso sobre refugiados en Canadá) estaban
de acuerdo en que los jueces de inmigración son insensibles
a los solicitantes de asilo, especialmente cuando son mujeres.
La mayor parte de los encargados del arbitraje están
desinformados sobre las cuestiones que afectan a la mujer…
y no tienen muchos conocimientos sobre su país de
origen». |
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Complicando aún más los prejuicios antifemeninos existentes,
se encuentra también la espinosa cuestión del sustrato cultural
de los propios refugiados y del personal sobre el terreno que intenta ayudarlos.
El ACNUR, por ejemplo, emplea a personas de todo el mundo cuya forma de
abordar cualquier problema estará «teñida» en
alguna medida por su propia educación, sean cuales sean los criterios
oficiales utilizados.
Con las vidas de los refugiados en pleno
caos, especialmente en los primeros días de una crisis, ¿hasta
qué punto deben intervenir las agencias de ayuda, proporcionando
no sólo comida, agua y un techo para salvar sus vidas, sino introduciendo
programas que podrían alterar el equilibrio cultural de sus sociedades?
Si,
en su país de origen, las niñas y las mujeres nunca
han ido a la escuela o tomado importantes decisiones familiares,
¿se les debe enseñar a leer y escribir y hacer que
formen parte de los consejos de refugiados que debaten cuestiones
tan importantes como la distribución de alimentos y tierras
y el regreso al hogar?
Como organización basada
en los derechos de las Naciones Unidas, la política general
del ACNUR es clara, pero la «batalla de los prejuicios»
continúa cada día.
Un supervisor
sobre el terreno se negó a introducir un programa de escolarización
en un país de Oriente Medio con el argumento de que las
mujeres cultas lo tendrían muy difícil para casarse
y el comentario de que «ciertamente, ni yo mismo me casaría
con una de ellas».
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COMPLICANDO
CUALQUIER PREJUICIO CONSIDERADO ANTIFEMENINO ESTÁ TAMBIÉN
LA ESPINOSA CUESTIÓN DEL SUSTRATO CULTURAL DE LOS
REFUGIADOS Y DEL PERSONAL SOBRE EL TERRENO QUE INTENTA AYUDARLOS. |
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La cuestión de los suministros
sanitarios para las mujeres ha sido un tema delicado, especialmente para
el personal masculino, que suele ser reacio a ello o simplemente torpe.
En una ciudad africana, un trabajador humanitario hizo entrega de este
tipo de material a las niñas en una clase mixta. Las adolescentes
se sintieron mortificadas.
Aunque la cuestión de estos suministros
ha sido una política oficial del ACNUR durante años, su
puesta en práctica sigue siendo desigual. «Por Dios, creía
que este problema se había resuelto hace 15 años»,
exclamó una antigua funcionaria sobre el terreno cuando oyó
que el Alto Comisionado Ruud Lubbers había vuelto a considerar
prioritario este programa.
En Guinea, hogar para cientos de miles
de refugiados, surgieron interrogantes en un campamento sobre la seguridad
y privacidad de los aseos y la necesidad de un simple cerrojo. «Estas
mujeres no son musulmanas», dijo un abrumado funcionario sobre el
terreno. «La privacidad es un lujo en las crisis».
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| Por
primera vez en años, mujeres afganas se levantan
el velo en público. ACNUR/P.
BENATAR/CS•AFG•2002
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Después
de repetidas agresiones sexuales contra mujeres somalíes
en campos de refugiados de Kenia, se mejoró el diseño
y la iluminación de los campamentos y se reforzó la
seguridad para intentar erradicar el problema.
Estos criterios deberían
ser universales, pero como Julie Mertus, miembro del Instituto por
la Paz estadounidense y profesora de la Universidad Americana en
Washington D.C., señalaba recientemente: «Nada cambia
en realidad». En la actual crisis afgana, por ejemplo, «los
lavaderos, las letrinas y los pozos se siguen construyendo según
un sistema en rejilla que ignora las necesidades de las mujeres.
Están mal iluminadas y desprotegidas».
Parafraseando al desbordado funcionario
de Guinea citado más arriba, un experimentado planificador
de campamentos comentaba en Afganistán: «Esto es una
emergencia. Todo el mundo obtendrá lo mismo. No hay tiempo
para diferencias de sexo». |
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